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Bases para historias de terror. Tipología

Bases para escribir historias de terror. En este artículo voy a explicar cómo escribir terror, o al menos, cuáles son las principales maneras de enfocarlo. ¡Vamos allá, sin miedo!

¿Cómo escribir una historia de terror?

El terror tiene muchas formas. A mí pueden darme miedo las arañas, y otra persona tenerlas como mascota, por eso, lo primero que intentaré es definir el terror. El terror es diferente para cada psique, para cada individuo, pero si tuviera que hacer una definición universal del terror, diría que es lo desconocido, lo inaprensible, lo incomprensible. Y, por supuesto, todo aquello que está grabado en nuestro subconsciente en forma de trauma, y todo aquello que identificamos como un peligro.

La novela gótica

La historia del terror en la literatura contemporánea empieza con El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole. Esta fue la primera novela gótica, en la que aparte del castillo que da nombre al libro, tenemos un linaje maldito, elementos sobrenaturales y un ambiente siniestro. Tras la novela de Walpole, llegarían otras tantas como Vathek, Los misterios de Udolfo, El monje o Melmoth el errabundo, y en todas ellas tendríamos esos mismos elementos románticos, así como catacumbas, ruinas, bosques, jardines… y demás lugares tenebrosos en los que se escondía un fantasma (que siempre solía ser un noble disfrazado).

El cuento de fantasmas

Con el declive de la novela gótica llegó la ghost story inglesa (y el cuento de fantasmas europeo), entre cuyos autores podemos destacar a Elizabeth Gaskell, Sheridan Le Fanu y M. R. James. Aunque los fantasmas siempre han estado presentes en la literatura inglesa (¿alguien recuerda al fantasma de Hamlet?), ahora hay una especie de afición u obsesión por ellos, quizás debido, entre otros factores, al auge del espiritismo.

Terror gótico

El elemento terrorífico de la ghost story tiene su origen en la novela gótica. Si en aquella la apariencia fantasmagórica no era más que un burdo truco, aquí el fantasma es real, y la amenaza adquiere un cariz sobrenatural. Aunque el elemento terrorífico sigue siendo un ser humano, ahora se trata de un ser humano que ha trascendido; su mundo nos resulta extraño e incomprensible, pero a él no le resulta del todo extraño el mundo de los vivos. Este fantasma representa el terror inmaterial; otra realidad irrumpiendo en nuestra realidad, lo insólito manifestándose en lo cotidiano. Un elemento, en definitiva, que no debería estar ahí, y eso es lo que causa el miedo.

Terror materialista

La evolución del terror gótico tenemos que buscarla al otro lado del charco, más concretamente en Nueva Inglaterra, porque será allí donde Edgar Allan Poe desarrolle su carrera. Poe coge el testigo de la ghost story pero la hace evolucionar, aportándole una serie de elementos que configurarán el terror materialista. Poe, teórico de la composición literaria, convierte los inocentes relatos de fantasmas del Londres victoriano y la campiña inglesa en obras malsanas de atmósfera asfixiante y personajes perturbados. Aquí el fantasma, el vampiro o cualquier ser etéreo se truncan en terrores físicos y seguros, y por ello mucho más peligrosos.

Horror cósmico

La evolución lógica del terror materialista sucede nuevamente en Nueva Inglaterra, el mayor acervo del terror literario. Y viene de manos de alguien que ni siquiera se consideraba escritor: Howard Phillips Lovecraft, ese extraño caballero anacrónico que gustaba pasear con nocturnidad por las calles de Providence. En el horror cósmico el elemento terrorífico viene del espacio exterior, y este no es ni bueno ni malo, sino caótico e indiferente al destino del ser humano, insignificante en la inmensidad del universo. Este tipo de terror también está asociado al nihilismo y al terror filosófico de autores posteriores como Thomas Ligotti.

Cómo enfocar el terror

Y, ahora sí, vamos al meollo del asunto. Después de esta introducción, ¿cómo escribir una historia de terror? Bueno, ahora que conocemos los diferentes tipos de terror, lo primero que tenemos que hacer es identificar el elemento terrorífico de nuestra historia. ¿Es un terror tangible, intangible, cósmico, filosófico? Dependiendo de su consistencia y de la manera en que lo queramos presentar, tendremos que adecuar la atmósfera a su aparición, planteándonos si queremos mostrarlo abiertamente o solo sugerirlo, y dotándolo de identidad para que tenga sus propias motivaciones, porque el terror siempre quiere algo.

El monstruo en el terror

Si nuestro monstruo aparece a las primeras de cambio, tendremos que ser narradores expertos y saber mantener la tensión y el interés del lector, ejemplos de esto serían Frankenstein y Drácula. Si queremos que nuestro monstruo no aparezca hasta bien entrada la historia, tendremos que crear la atmósfera adecuada y hacerlo plausible a través de sus actos, las consecuencias de estos, o aquello que inspira entre los otros personajes de la narración.

Pero el terror no siempre tiene forma de monstruo, ya que puede tratarse de una enfermedad, un desastre natural, una sugestión o incluso una persona «normal». El límite, como siempre, está en la imaginación, y lo más importante será jugar con el lector para ser capaces de transmitirle esa inquietud que es la esencia del terror.

Otros terrores

Por supuesto el terror no tiene que ceñirse necesariamente a estos modelos. Hay autores que se han hecho un hueco en la historia del terror por su particular manera de tratarlo. William Hope Hodgson, con su terror materialista en alta mar; Arthur Machen, que sustituye a los fantasmas por elementales y seres mitológicos, o Charlotte Perkins, que en El papel de pared amarillo (1892) utilizó una experiencia personal y el trastorno mental que le provocó para crear uno de los mejores relatos de terror jamás escrito. Aquí, el elemento terrorífico era el machismo.

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