Cómo crear un buen personaje

Cómo crear un buen personaje. 15 secretos para conseguirlo

Quince claves para crear un buen personaje. Enamorarse del personaje de un libro es la mejor forma de engancharse a él. Casi sin darte cuenta, te importa lo que le pasa, lo que piensa, qué hace, con quién se relaciona… Un efecto mágico que puedes llegar a dominar, a medias, eso sí. Vamos a ello.

Quince claves para crear un buen personaje

Si piensas que el título  o su portada son determinantes para un libro, hoy me dedico a otro de los elementos fundamentales. Sin ellos una novela está muerta. Conseguir aunar en un solo post qué tiene que tener un buen personaje es una utopía de las gordas, me hago cargo. Así que este artículo va a estar basado en mi experiencia como editora. Es la única manera de poder acertar con un tema tan amplio como este.

Cómo crear un buen personaje: conocerlo bien

Vamos a por la primera de las quince claves para crear un buen personaje: conocerlo.  Ya sé que suena a obvio, pero no lo es. Cuando entrevisto a un escritor reconocido, véase Almudena Grandes, Rosa Montero, Julia Navarro,  Juan José Millás, Santiago Posteguillo, Joël Dicker o Karl Ove Knausgård, por poner algunos ejemplos, siempre pregunto (off the record o no) cómo crea a sus personajes más redondos. ¿Sabes que me respondieron uno a uno? Conociéndolos como si vivieran con ellos.

Ana María Matute contaba que se sentaba a comer con sus personajes antes y cuando estaba escribiendo un libro, a veces, también después. Ahí está la prueba de esta obviedad tan certera e importante.

No se trata de hacer fichas o esquemas. Ni de planificar qué va a hacer tu personaje durante toda la novela, que también. Se trata de saber cómo funciona tu cerebro y qué hace cuando crea.

Si conoces a tus personajes mejor que a tus mejores amigos, siempre sabrás cómo tiene que reaccionar y tu cerebro nunca te traicionará haciéndoles hacer, decir, sentir o pensar cosas que jamás harían, dirían, sentirían o pensarían. O peor, nunca los defenestrarás y harás que vayan por la trama como pollo sin cabeza, haberlos haylos.

La primera regla de oro de un buen personaje es que sea verosímil. Una mala contestación, un gesto inapropiado o un pensamiento fuera de lugar y tu personaje estará muerto. El lector lo habrá enterrado para siempre y a ti con él. Hay pocas cosas menos perdonables que un personaje desdibujado o impostado.

Los buenos personajes se transforman

El segundo punto clave es que los personajes, y no me refiero solo a los protagonistas, deben ser en su mayoría redondos y evolucionar a lo largo de la novela. No porque lo diga yo, sino porque si no es así es que no les ha pasado nada o son unos psicópatas que nada les afecta. Las personas evolucionamos, cambiamos, aprendemos y nos transformamos. La vida es la variable más potente para que eso suceda.

A veces, en un mismo día podemos mutar hacia otro estado mental u otra forma de pensar. A tus personajes también les pasa. A muchos niveles. Principalmente, el que viene dado por la trama y, luego,  la construcción que has hecho de él, que lo transforma poco a poco a los ojos del lector. Los datos que le vas aportando acerca del personaje también lo transforman a en la mente del lector.

La construcción de un buen personaje

Al hilo de lo anterior, hay que tener en cuenta un dato muy importante: la construcción de un buen personaje no está obligadamente unida a las descripciones. Es evidente que hay que contar cómo es, pero para ello tienes muchas técnicas a mano que no pasan por hacerle un repaso físico y mental nada más comenzar la novela. Esto es un vade retro como la copa de un pino.

El lector no conoce al personaje, si le lanzas un párrafo enorme para describirlo, lo mejor que te puede pasar es que se lo salte; lo peor, que cierre el libro. No le interesa en absoluto nada de ese personaje porque aún no lo conoce y, por supuesto, no lo quiere. En estos casos, la descripción cae como un gran pedrusco en la cabeza del lector y arrasa con todo lo demás, también con tu novela.

Al hilo, es necesario que sepas que es mucho más efectivo que el primer contacto del lector con tu personaje sea a través de una acción que de una descripción.

Cuidado con los pensamientos

Es más, un pensamiento es mucho más efectivo que una descripción. Aunque ojo con los pensamientos. Si nada más entrar en escena tu personaje se lanza a perorar sobre temas variados, sin que el lector aún lo conozca de nada, el efecto será un sopor terrible para él. No lo conoce, no le interesa lo que piensa, aún.

Sin embargo, es muy efectivo, por ejemplo, hacer ver qué piensa otro personaje sobre el protagonista. El lector debe sentirse parte activa de la historia, déjale que descubra él mismo al personaje. Ese es un gran truco para que lo ame o lo odie, según las necesidades de la trama.

Las descripciones, a pesar de los pesares

A pesar de lo dicho arriba, evidentemente, las descripciones son importantes para la construcción de un personaje, qué duda cabe. En este caso, es primordial que valores y priorices los datos que vas a contar del personaje y vayas trufando lo que pasa con sus descripciones que no siempre tiene que hacerlas el narrador, también otros personajes, también el o la protagonista.

Lo importante es que hay datos definitivos para que el lector visione en su cabeza cada uno de los personajes y esos datos tienen que aparecer al inicio del libro para que luego el lector no comience a hacerse preguntas incómodas.

Y es que las descripciones las carga el diablo. Si tu personaje tiene los ojos azules y lo vas a contar en algún momento que sea antes de que el lector se lo imagine de otra manera o romperás su evocación y el encanto de tu novela.

Hay una moda que contradice esto último, lo he visto en algunos libros, lanzan un rasgo definitorio más allá de mitad del libro. Se puede hacer, pero hay que tener cuidado con ello, debe ser muy interesante el libro, debes tener una seguridad aplastante en lo que estás haciendo. Mi consejo es que si no es estrictamente necesario, no lo hagas.

Un buen personaje es único

Este punto es muy importante. Huye de los estereotipos para no volver nunca jamás. Ya sé que es difícil, a veces, imposible. Da miedo que nadie se identifique con tu personaje, pero no queda más remedio.

¿Quieres un gran personaje? Tiene que ser único. En sus gestos, en su forma de hablar, en su forma de moverse por las escenas, en sus reacciones, en sus querencias, en todo. Y aquí volvemos al principio (para ser redondos también): se consigue conociendo perfectamente al personaje. Desde que nace hasta que se muere, todo, absolutamente todo. Aunque la trama de la novela solo cuente cinco años de su vida, un día, dos segundos (esto es pasarse, lo sé), tu obligación es conocerlo.

Quítate de la cabeza esos juegos absurdos que utilizan muchos para hacer personajes que lo único que consiguen es defenestrarlos. Tipo, vamos a hacer personajes con el juego de los colores, o con el de los sentimientos, venga hombre, ¿esto qué es?, una novela o el Trivial. Si es que hay gente que se piensa que escribir es usar fórmulas mágicas, cuando lo único que tienes que hacer es contar la verdad, tu verdad, solo eso.

Nunca se hacen los interesantes, son interesantes

Y es que la única forma de que tu personaje sea interesante es que sea él mismo. Aunque sea un secundario o solo pase por allí. Dirás que eso no tiene sentido, pero sí.

Todo el mundo es interesante en un momento determinado y los personajes, si están vivos, también.

Eso sí, no pueden decir o hacer cosas solo para hacerse los interesantes  y que luego detrás de esas reacciones no haya una buena justificación. Todo lo que hacen se tienen que explicar a lo largo de la trama de alguna manera. No hay nada peor que ver a un personaje hacerse el duro o el enigmático sin ningún sentido.

Esto es como en la vida real. Si conoces a alguien que no para de decir frases hechas, soltar cosas misteriosas o dar cortes de mangas que nunca se explican, lo más fácil es que pienses que está loco, es tonto o tiene una realidad paralela a la tuya que no entiendes. Pues eso mismo ocurre con un personaje que se hace el interesante.

Los personajes comen y van al baño

Suena un poco soez, pero es verdad. Nada mejor que enseñar la vida cotidiana del personaje para que el lector pueda entenderlo con nitidez.

No es necesario plagar la novela de cagadas, nunca mejor dicho, debes elegir en qué momentos de su vida cotidiana conviene sacarlo cada vez.

Cuándo le conviene estar comiendo con sus amigos y contar qué comen; en qué momento es bueno verlo dormir o desesperarse porque no duerme o si es necesario que vomite o vaya al inodoro a hacer lo que tenga que hacer. Está claro que la escatología no es un plato de buen gusto, pero dependiendo del tono de la novela y de qué se trame en su desarrollo, tal vez, sea conveniente que también haga sus necesidades.

Aviso a navegantes: me he tirado unos cinco minutos pensando si me adentraba en aguas tan procelosas. Al final he llegado a conclusión de que tengo que hacerlo. Hay que ser claros si pretendemos enseñar cómo se hace una novela, tienes que decir todo lo que hay que hacer, al menos, todo lo que sepas que hay que hacer y esto es importante. Si lo dejo, te vas a fijar más en lo que cuento, de manera que lo dejo, lo siento.

Un ejemplo práctico

Un ejemplo: un chico, ya talludito, que no quiere salir de casa, no porque tenga una enfermedad, sino porque no quiere, simplemente. Sus padres están desesperados, conoce a una chica a través de internet, pero es ella la que tiene que ir a verlo a su habitación.

La cita es un desastre. Huele verdaderamente mal en esa habitación. A partir de ese día, la madre se encomienda a cualquier virgen y airea todas las mañanas entre los insultos de su hijo que le gusta su olor.

Cada día llega una chica nueva que sale despavorida, porque el personaje se tira un pedo, pasa de hablar con esa chica que no le gusta o se deshace en atenciones con la que sí… Hasta que conoce online a una que es como él y surge el amor.

Aun así, no quieren salir de su habitación, cada uno de la suya. Todos los días tienen batallas campales en internet para que salga el otro. Hasta que el sexo virtual deja de tener sentido.

Además, la madre del chico y la hermana de la mujer, deciden confabularse para conseguir que salgan y se conozcan. Eso sí, sufren en silencio por si deciden quedarse los dos en una casa. Fin.

El conflicto y los personajes

Esto anterior podría ser el germen de una novela. En ella subyacen muchos de los vicios de la sociedad actual, el lector puede sentirse identificado y además se profundiza en ese síndrome que, sobre todo, se da en Japón que se llama Hikikomori. Con un toque de humor y adaptado a nuestro país, para que no sea un síndrome de verdad, puede funcionar como comedia y también como crónica de la vida cotidiana llevada al extremo. No hay grandes objetivos, no hay grandes aventuras, solo realidad y mucho salseo. No es necesario más. Con que tus personajes funcionen medianamente bien tienes una buena novela.

Y es que no tiene por qué ser un personaje torturado por su pasado, presente o futuro. No te compliques creando una guerra de las galaxias para que tu personaje sufra a base de bien.

¿Qué estás escribiendo? ¿Una novela o una telenovela? Elige. Lo importante no es el conflicto, aunque lo es. Lo esencial es que esté vivo. Como tal, le pasan cosas malas, buenas y regulares. Se cae, estornuda, toma decisiones, sufre las suyas y las ajenas, tiene objetivos o no los tiene y no pasa nada. Constrúyelo bien en tu cabeza y funcionará a la perfección en tu novela.

A veces, mienten y se equivocan

Los personajes son como tus amigos o como tú, Mentís de vez en cuando y os equivocáis por supuesto. Un personaje completo también. Eso sí, todo debe ir en consonancia con su personalidad.

Si es un personaje bueno, aunque tenga aristas, puede mentir un poquito. De forma piadosa, por ejemplo, pero nunca una mentira gorda o que pueda hacer daño a otros personajes conscientemente. A no ser que haya una razón muy poderosa para hacerlo y que esté bien justificado en la trama.

Hay que medir bien en este sentido. Como me dice Almudena Grandes en esta entrevista. Sus personajes dudan, tienen miedo y se equivocan, pero siempre hay que buscar el equilibrio con la situación, la personalidad y lo que estés contando.

Y si mienten que lo hagan bien

Hay que tener cuidado en cómo le presentas el panorama al lector. Para que quede bien, se tiene que enterar de que el personaje se está equivocando o está mintiendo. A veces, por querer hacerlo a toda costa se lía la de Dios es Cristo, nadie se entera de nada y la trama de la novela se resiente. Y es que hay que hacerlo sutilmente y con tiento, para que el lector lo interiorice de una manera orgánica y le de ese toque especial.

Utiliza a otros personajes, lo que dicen o lo que hacen para dejar claro que tu personaje sabe más de lo que dice o miente directamente. Siempre enseñándole al lector lo que está pasando, de una manera sutil, claro. Ni se te ocurra dejarlo en evidencia, el lector te tachará de infantil y será peor el remedio que la enfermedad.

Otro ejemplo:

—Necesitamos salir de esta ciudad y respirar un poco de aire fresco ¿No crees? —le dijo Luis abrazándola.

—Sí, claro —Lucía intentó corresponderle, pero no le salía.

—Qué te pasa, te noto rara— se separó un poco para mirarla a la cara.

—Nada, no te preocupes, estoy cansada—y apretó el abrazo. No soportaba mirarlo a los ojos.

Aquí estamos diciéndole al lector que el personaje femenino está mintiendo sin decirlo en ningún momento, pero el lector lo entiende perfectamente porque es orgánico y natural. Una reacción clara de no saber por dónde salir.

Piensa bien las escenas antes de escribirlas

Otro punto importante es pensar bien en una escena antes de escribirla. Visionala en tu mente, quédate con los detalles más importantes, cómo se mueven los personajes por el espacio, sus gestos, qué hacen, cómo se comunican entre ellos… Todo.

Piénsalo para luego poder escribirlo de tal forma que el lector pueda evocarlo de la manera más efectiva en su cabeza. Así verá con más detalle a tus personajes y podrá identificarse más con ellos. Ya que todos los gestos,  lo que dicen debe ser orgánico, real. En coherencia con la trama y la personalidad de cada uno.

Haz magia

Construir personajes es una de las ciencias más complicadas de la literatura, a veces, solo la magia los puede salvar, a veces ni con un cargamento de varitas mágicas se consigue.

Cuando juzgo dos capítulos de una obra y un autor desconocidos, uno de los detalles que me dice que puedo seguir trabajando ahí es si los personajes están vivos.

Si la trama es un desastre, pero los personajes están bien definidos en esos dos capítulos, tenemos algo que hacer. En caso contrario, desisto.

Espero que este post te sirva para crear un gran personaje. Cuéntame en qué medida que te ha ayudado y si tienes algún truco para conseguir perfilar personajes.

¡Hasta la semana que viene!

12 comentarios
  1. Carlota
    Carlota Dice:

    Agradecida por esta fabulosa aportación. Nos has dado las tres reglas de oro…
    Se escucha ruido afanoso de pico sobre piedra… Ya han comenzado con la estatua. Homenajean a una lectora compulsiva de rizos oscuros. Ahí lo dejo.

    Responder
    • Yolanda Barambio
      Yolanda Barambio Dice:

      Hola, Gisela, pues revisa que es muy importante, las grandes novelas se escriben después de haberse escrito. Así que templa esos nervios y mucha suerte. La paciencia es un ingrediente más para escribir bien. Mucho ánimo 🙂

      Responder
  2. Juan
    Juan Dice:

    Escribir desde el móvil es un asco pero leer se lleva mejor. Gracias por compartir tus experiencias, espero poder trabajar contigo alguna vez (apunto estuve, fuiste muy amable y tus comentarios muy valiosos).

    Responder
  3. Robert Serrano
    Robert Serrano Dice:

    Yolanda maravilloso post. Me encantaría en algún momento que des una ojeada lo que relato.
    Atte: Robert Serrano Cusco Perú.

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *