¡Quiero que mi libro enganche! 6 claves para conseguirlo

¡Quiero que mi libro enganche! Cuántas veces habré oído esta frase. Incontables y es que es una preocupación sana, necesaria. La primera regla de oro de una novela es que el lector quiera vivir en ella.

Dicho en otras palabras que sea adictiva. Así que aquí te dejo algunas claves que lo consiguen.Piensa en un libro que hayas devorado, seguro que tiene, al menos, alguno de estos ingredientes de los que te voy a hablar ahora. Saber cómo enganchar al lector es una parte importante del éxito de una novela. Y no vamos a ponernos mojigatos con aquello de que no importa, olvídate de eso, por favor.

Por supuesto que tienes que escribir con las tripas, que tienes que escribir para sacar lo que llevas dentro, pero eso no significa que cuando alguien lo lea, le den ganas de tirarse por la ventana para introducir algo de movimiento a su vida.

Así que, lee estas claves que te hacen falta. Aunque solo sea para chequear que tu libro las cumple.

Cómo transmitir emociones al escribir: claves para conseguirlo

Vamos a ver cómo lo conseguimos. Es cierto que existen más de seis claves para que eso ocurra: un buen inicio es importante, así como conseguir que el lector se enamore de los personajes y un largo etcétera, pero hoy me voy a centrar en estos seis puntos que, a veces, se pasan por alto y son fundamentales para que el lector siga leyendo.

Transmitir emociones no significa poner largas disertaciones sobre el sentido de la vida o endulzar las escenas para que el lector se muera de diabetes. Hacer que tus lectores se emocionen es medir, equilibrar y elegir en cada momento de qué manera puedes contar tu historia para que quien la lea reciba las instrucciones precisas para vivirla en su mente tal y como tú la tienes en la tuya.

Así que sin más preámbulos,  deja de repetir ¡quiero que mi libro enganche! y vamos allá.

como transmitir emociones al escribir

Mira que es pesado, todo por no reconocer que no siento nada cuando leo su libro

La trama avanza con datos nuevos

Ritmo. Vas a pensar que eso ya lo sabías, pero voy a ver si consigo ir un pasito por delante de ti.

Cada escena debe contener, al menos, un dato nuevo. En todas, debe pasar algo interesante.

Una acción o un pensamiento que ayude al lector a querer saber más. No tienen por qué ser persecuciones, puede ser una acción cotidiana del personaje central o incluso de los personajes secundarios.

Y eso sí, no añadas misterios o secretos sin que estén justificadísimos en la trama. Es imposible que algo que te acabas de sacar de la manga cree ritmo. El misterio lo crea lo intuido y, en muchas ocasiones, aquello que ya sabe el lector.

Los personajes tienen conflictos, problemas u objetivos en función de su situación, su psique, lo que hacen y lo que les rodea (otros personajes, escenarios y diversas variables más). No lo metas en líos solo para añadir ritmo.

Lo que suceda tiene que ser coherente y verosímil, siempre, con la historia que estás contando y con el personaje en sí.

Lo bueno, si breve…

Sí, sé que debo ser la persona más pesada del universo, sobre todo con la economía comunicativa. Que se lo pregunten a mis autores. No lo puedo remediar, cada uno tiene una cruz. En mi caso, que si se puede contar con una palabra, no emplees dos.  Así que es fundamental pensar bien cómo se cuentan las escenas.  Y ante la duda, todo escueto: capítulos, frases, hechos, páginas…

Elige bien las palabras para escribir, cada una de ellas lleva adosada una buena muestra de connotaciones que junto al imaginario colectivo pueden hacer que tu prosa sea rápida y, al mismo tiempo, profunda.

Lo importante es que el lector interiorice lo que le cuentas de la manera más rápida y exacta posible,

Quién sabe qué

Elige la técnica que mejor se acople a la historia. Es decir, puedes jugar a que el lector sepa lo mismo que los personajes o que sepa más que ellos. Incluso, rizando el rizo, que ellos sepan más que el lector.

Esta última es peligrosa, ya que tendrás que poner en movimiento otras técnicas para conseguir mantenerlo interesado en lo que estás contando.

Un ejemplo que no es de una novela, pero sirve igual. Recientemente, me senté delante de la televisión a ver una película: Sin identidad. Me resultó imposible mantener la atención sobre lo que estaba pasando. No me enteraba de nada, pero ni un poquito.

La película se convirtió en una locura de persecuciones sin sentido aparente, que no dudo que lo tuvieran, pero no le veía los cimientos. En la primera media hora larga, la película despertó tantas preguntas en mi cabeza que me saturó, directamente.

como no aburrir al lector

—Llevo una hora corriendo y no sé para qué; estoy contento y no sé por qué, sigue leyendo a ver si nos enteramos los dos, anda

El orden de los datos sí altera el producto

Estudia cómo desgranas la información a lo largo de los capítulos.

Es peligroso guardar tantos secretos, sobre todo, si lo que ocultan es el motor de la novela. A veces, se tiene mucho miedo a revelar datos, pero si la novela está bien armada, la dinámica que se establece entre lo que saben unos y otros, puede convertirla en una verdadera delicia.

Y ocultar determinada información puede hacer que la novela pierda todo el sentido, caiga en la inverosimilitud o agote al lector.

Eso sí, es evidente, que tienes priorizar los datos y saber cómo desgranarlos a lo largo de la novela para mantener la atención del lector. Si este proceso no te sale instintivo, haz una lista de todo aquello importante que deben saber los personajes y el lector. Desde el color de ojos hasta el misterio más misterioso del libro.

Correlaciona a los personajes principales y al lector con todos estos datos. Qué tiene que saber quién, cuándo, dónde, de qué manera.

Qué secretos se van a guardar: quién los sabe, por qué (cuidado que esta es la más importante de las preguntas). Si en una noticia de pirámide invertida, el porqué es lo último que se explica (de hecho, muchas veces ni se explica); en una novela cobra mucha más importancia.

Al menos, el autor debe saber el porqué de todo lo que sucede y de todos los personajes. Es fundamental para que tu cabeza funcione bien y no queden flecos sueltos.

Selecciona qué datos deben mantenerse en secreto, quién los debe o no conocer y justifica muy bien todos los que guardes hasta el final.

Cuándo narras y cuándo dialogas

Una buena combinación entre narración y diálogo.

Saber cómo trabajar, este arte es clave para que el lector siga leyendo sin descanso. Conocer los momentos en los que se necesita más tensión narrativa o un poco de aire es fundamental para que el lector lea sin darse cuenta.

Lee en voz alta. Si lo intentas y te cuesta, debes cambiar tu forma de narrar. Esta es una alarma muy efectiva.

Narrar te aporta libertad de movimientos y da tensión a una escena que con un diálogo se dilataría demasiado, tanto que corre el peligro de perder ese latigazo que debe debe recibir el lector.

Los diálogos atenúan la tensión, dan un respiro a la lectura, ayudan a mostrar a los personajes o a crear escenas vividas  y también más plácidas. Es muy complicado crear escenas de tensión con un diálogo.

Conocer estas claves y pensar qué necesita en cada momento tu novela es fundamental para enganchar al lector.

como hacer pensar al lector

—Tengo ya un dolor de cabeza tremendo, como me encuentre una escena más incompleta, la vamos a liar

Respetar las escenas

Seguro que todos recordáis esas series que cortaban las escenas para crear tensión. Era molesto y poco efectivo. Pues bien, muchas veces encuentro este mal truco en los libros.

Imagino que quien lo hace piensa que así conseguirá que el lector le siga a otro capítulo, pero lo que hace es cansarlo.  Es un recurso engañoso. Si no hay una buena justificación para hacerlo suele ser una mala solución.

No digamos si la novela tiene varias tramas principales o diferentes hilos conductores, entonces esta forma de proceder puede conducir a la perdición absoluta del lector.

Puede pasar que no sepa de qué le estás hablando en el siguiente capítulo porque está demostrado que interiorizamos mejor una información totalmente acabada y redonda, que sus detalles. Aunque solo sea porque el lector sabe dónde colocar las piezas.

Si la escena anterior continúa en el siguiente capítulo se pueden perder demasiados datos y dejar de tener sentido hasta la escena misma.

Por otro lado, cortar escenas es subestimar al lector. Piensas que eres más listo que él y que con ese truco, vas a conseguir que siga leyendo. En fin.

En realidad, lo que le estás diciendo (y lo entiende a la primera a estas alturas) es que no tienes la suficiente capacidad para conseguir limpiamente que siga leyendo. Si la novela está bien, puede que te lo pase por alto, pero como hayas cometido ya unos cuantos errores, tal vez hable mal de ti con sus amigos y no vuelva a comprar un libro que lleve tu nombre. Piénsalo.

Cuanto termines un capítulo, corto a ser posible, déjale con buen sabor de boca. Esa debe ser tu mayor preocupación en este punto, aunque estés matando a alguien.

Conclusión

Si has llegado hasta aquí y sigues sin saber si tu novela tiene la tensión necesaria para que el lector la lea con avidez, consulta con un profesional que te ayude. Para eso estamos, siempre podemos echarte una mano.

Pierde el miedo a pedir presupuesto y, sobre todo, valora la calidad de la persona que testará tu texto.

Ahora ya sabes cómo escribir para enganchar al lector. Espero que este post te haya servido de ayuda. Cuéntamelo en un comentario y compártelo. ¡Hasta la próxima!

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