Diferencias entre editar y corregir un libro

Diferencias entre editar y corregir un libro

Diferencias entre editar y corregir un libro. Debido a la desinformación que existe en el sector editorial respecto a los conceptos y los términos que los representan (significante y significado) es habitual que alguien me pida una edición cuando de lo que está hablando es de una corrección ortográfica y de estilo. La diferencia es abismal.

Editar no es corregir un libro

Cuando has terminado de escribir un libro y lo has corregido hasta la saciedad, llega la hora de que otros se ocupen de él. Como siempre digo, hay una maraña de conceptos que a partir de aquí hace que todo parezca lo mismo. De hecho, según la RAE, corregir engloba a todas las revisiones que voy a definir a partir de ahora. Tócate…

Pasos para publicar un libro

Así que para empezar, voy a intentar separar, por su orden lógico, los pasos a dar para que un libro esté en perfectas condiciones para publicarse o tener alguna oportunidad en una editorial. Son los siguientes:

  1. Escritura
  2. Corrección del autor: hasta que le sangren los ojos
  3. Edición: mejorar el texto desde los cimientos (el proceso suele durar unos meses)
  4. Lector cero: comprobar que todo esté en su sitio y funciona
  5. Corrección de estilo: el orden sí altera el producto
  6. Corrección ortográfica: las palabras, la puntuación y los acentos son los que deben
  7. Maquetación y diseño de portada: vamos a ponerlo guapo
  8. Corrección ortográfica y revisión total de la maqueta: mil ojos no son suficientes

Corrección de estilo

Después del lector cero (del que me ocupo más abajo, junto a la edición) tenemos la corrección de estilo. Muy diferente a la ortográfica, aunque muchas veces se piden juntas, pero no son lo mismo.

Una corrección de estilo tiene su base fundamental en que el texto en cuestión tenga una buena selección de palabras en un orden adecuado para que la mente del lector disfrute de la lectura y fluya sobre ese libro (en la fluidez entran muchos otros factores, pero este es muy importante).

Una vez que la estructura es la correcta, los personajes son redondos y la historia está bien contada (edición y lector cero), llega el corrector de estilo y comienza a hacer que aquello se parezca a una casa de verdad. Crea el clima de hogar, quitando muebles y poniendo otros o cambiándolos de sitio.

Corrección ortotipográfica

Después llega la hora de la corrección ortotipográfica (sí, también se llama así, aunque tiene matices con respecto a la ortográfica, fijáte qué cosas). Este proceso consigue que el texto esté impoluto de errores ortográficos, las grafías están en su sitio, los signos de puntuación cumplen la ley a rajatabla, no rompen filas donde les da la gana y los acentos son fieles y nunca se van con otros o desaparecen, entre otras muchas funciones.

Vamos que por ahí ha pasado alguien para ordenar la casa hasta que todo esté en su sitio. Ha sacado el jarrón que estaba por equivocación en la nevera, ha metido los calcetines en el cajón y ha tirado la basura.

Es un trabajo muy duro, muy exigente, muy de ser tan perfeccionista que los errores te griten siempre desde donde estén para verlos todos (ojo con esto, verlos todos es titánico).

Diferentes tiempos

Son tan diferentes ambas correcciones que ni siquiera se pueden hacer a la vez. Así que si tu texto las necesita ambas (créeme, las necesitas) debes tener paciencia, pedirlas con tiempo y asegurarte que nadie corre más de lo que debe.

La persona encargada de hacerlo va a tener que leer muchas veces tu libro para ser lo más efectiva posible. Cada una de esas lecturas será para buscar algo diferente, sin olvidar las veces que luego leerá para certificar que hasta la caída de las cortinas es ideal o no hay ni rastro de pelusa debajo de la cama.

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—¿En serio vamos a tener que vivir con eso ahí tirado hasta la segunda edición?

Y después de todo eso, a veces, llegan las visitas y se encuentran ropa interior, en los peores casos usada, en mitad del comedor. ¿Cómo es posible que no la haya visto nadie hasta ahora? imagino que por la misma razón que los calcetines entran emparejados a la lavadora y salen viudos. Te deja tan alucinada que piensas que no has podido dejarla tú ahí, que alguien, después de que tú mirarás hasta en el último rincón, ha llegado y se la ha quitado ahí en medio y no ha tenido la decencia de tirarla a la ropa sucia.

Con la guadaña encima de tu cabeza, vas a la última copia que enviaste y oh, Dios mío, ahí está aquello sucio y maloliente en medio del salón. Y la guadaña se esfuma para no darte el gusto de desaparecer bajo capas y capas de tierra.

En fin, muchas de mis compañeras, y admiradas correctoras (la mayoría son mujeres), han escrito profusamente sobre el tema y de manera muy clara. Así que no me voy a extender más.

Edición y mejora del texto

El caso es que antes de estas correcciones hay otros pasos que no se centran tanto en el orden y la limpieza, sino en que la distribución de la casa sea la correcta para que puedas vivir en ella de maravilla, sea grande o pequeña.

Diferencias entre editar y corregir un libro
—Oiga, no lo entiendo, teníamos la casa impoluta
—Señora, ¿quién puso las cañerías?
—Pues yo que soy como MacGyver

Ese profesional se dedica, con los metros útiles que tienes, a buscar la forma de que aquello sea un palacio renacentista o del estilo que quieras. Y sobre todo a que, independientemente del género o moda, a todo el mundo le guste vivir allí. Que se sientan cómodos desde el principio. Que la ergonomía de los muebles sea perfecta. Que duerman como lirones en esas camas. Que las ventanas sean herméticas y todo funcione como en un hotel de cinco estrellas. ¿Verdad que para que esto sea así, antes de limpiar y ordenar, tienes que hacer más cosas?

En una corrección ortográfica, ortotipográfica o de estilo, no se cambia la estructura del libro. Se mejora el lenguaje que ya es un mundo, desde luego. Es una forma de potenciar al máximo cada palabra para que exprese de la manera más exacta  y correcta lo que se está contando. Con esta corrección no se cambia ni el tono ni el estilo ni ninguna parte de ese contenido.

Cuando editas, y depende del texto, se cambia el arco de la evolución de un personaje, se mueven, transforman o cambian tramas, el inicio del libro, el final o la estructura y se buscan los errores de fondo. Además, se potencia todo aquello que se le ha pasado al autor y que puede hacer brillar el libro.

De manera que en una edición todo es susceptible de cambiarse, siempre justificándolo muy bien y cuando la persona que lo ha escrito esté de acuerdo, por supuesto. Y esta es una premisa infranqueable para todos los profesionales que intervenimos en las diversas ediciones o correcciones: no se cambia ni una coma sin que el autor esté al tanto y de acuerdo. Nunca, bajo ningún concepto.

La necesidad de un lector cero

La edición, o mejora, de la obra es el primer proceso recomendable. Y así, dejarla en buenas condiciones para que el resto de los profesionales puedan hacer un buen trabajo. Aunque en algunos artículos que leo se dice muy seriamente que ese primer, proceso tras pasar por las manos del autor es un lector cero. Y entonces pienso que menos es nada, porque también he leído artículo que en este desgranar de pasos a dar antes de publicar, hacen que la obra pase directamente de las manos del autor a la corrección ortográfica y de estilo y, a veces, ni eso.

Es innegable que un lector cero tiene una utilidad impresionante, no me planteo hacer un editing, sin terminar con un lector cero. Sería muy chapucero hacer un estudio total y cambiar todo lo necesario en una casa para que ames vivir en ella y que la última revisión no sea la de este profesional. Entre otras cosas, para certificar que la cocina que cambié de sitio está perfecta (es uno de los muchos ejemplos). Pero me da pena que gente a la que admiro mucho piense que no existe un paso anterior: la ediciòn y mejora de la obra.

El autor no puede solo

Y llegados a estas alturas del artículo, pensarás, entonces el autor qué hace. Ay, madre, si te has planteado esto, tengo un argumento más para convencerme de que esta entrada es necesaria.

El autor es el creador, el Rey Sol de todo el proceso y él que manda. Todos trabajamos para que su obra brille. Y así tiene que ser, porque de él nace la fuerza creativa, la belleza de contar soberanamente un hecho. El resto es limpiar, preservar y pulir. Su trabajo es crear. El mío mejorar y hacer brillar.

La persona que ha escrito ese texto ha conseguido sacar de su cabeza esa historia que le corroe las entrañas y solo con palabras logra que tú la leas a color y en 4D (me quedé en el 3D, pero lo mismo ya hay otro. Si es así, eso es lo que hace el autor).

A pesar de todo ese chorro de creatividad, de esa historia maravillosa, de ese pensar hasta morir para que todo cuadre, llega un momento en que su cabeza se sabe de tal manera la historia que deja de leer. Pierde el norte y no sabe si aquel baño impresionante —según su criterio, claro—, debería estar allí. A él le parece genial, lo entiende todo, con esa habitación colocada ahí, le parece perfecta, no le sobra ni una toalla. Pero…

Editar no es corregir
—Verás cuando le cuente a este hombre que no se puede entrar a su casa por el baño

El problema de la lectura automática

Hay un pero de los gordos. El lector cuando comienza a leer aquello no se entera de nada, a cada párrafo, el texto y lo que pasa (si es que pasa algo), lo expulsa fuera. Y no estoy exagerando (bueno un pelín de nada). Por muy bueno que sea un autor, necesita los ojos de varios profesionales para terminar de perfilar esa historia. Cuando le has dado muchas vueltas dejas de ser objetivo con ella. Hasta que las visitas te ponen en tu sitio y te dicen que podrías haber construido el baño un poco más adelante, que de recibidor no lo ven ni medio normal. Pues eso.

Hay muchos escritores que tienen editor (por suerte) y a veces más de uno. Editores que trabajan la obra antes que los lectores cero. Que también los habrá, más adelante, y puede que hasta varios.

Escribir un libro y publicarlo es algo muy serio. Uno de los trabajos más colectivos que existe porque es muy difícil hacerlo bien, sencillamente. Y muy bien, ni te cuento.

¡Hasta la próxima!

6 comentarios
  1. Adela Castañón
    Adela Castañón Dice:

    Más claro, imposible. Y estoy completamente de acuerdo por razones obvias, ya que cuando me puse en contacto contigo me explicaste perfectamente qué era lo que creías que necesitaba mi novela (el famoso «editing») y estoy más que contenta de haberte hecho caso y de que estemos trabajando en ello juntas. Porque es verdad que si leo los capítulos que llevamos revisados y los comparo con los originales es algo así como mirarme al espejo recién levantada, o después de una buena cucha, un buen desayuno y un maquillaje cuidado. ¡Abrazos!

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    • Yolanda Barambio
      Yolanda Barambio Dice:

      Muchas gracias por el comentario, Adela. Es un gusto enorme trabajar contigo y con esas novela genial. FLuir con una obra es maravilloso y es lo que estoy haciendo con la tuya y contigo. Besos y seguimos 🙂

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  2. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Interesante artículo, de forma clara y explícita he comprendido también de forma clara los pasos que hay que dar para publicar un libro. Aún así, a los tontos como yo nos pasa lo que decía Groucho Marx: «Hay muchas cosas más importantes que el dinero, pero cuestan tanto». Aún explicándolo bien, no damos una.

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    • Yolanda Barambio
      Yolanda Barambio Dice:

      Ay, Alejandro, cuánto tiempo sin leerte, eres más listo de lo que dices, mucho más, y espero que lo de publicar, al menos, lo hayas practicado con esa obra que tenemos pendiente. Un abrazo enorme y no sabes la alegría que me ha dado encontrarte por aquí. Un abrazo gigante 🙂

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