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Gregorio León y La princesa de Macao, su última novela

Gregorio León vino a Valencia a presentar su última novela La princesa de Macao (Algaida).  

Gregorio León: «Los japoneses tenían granjas de ratas que usaban como armas biológicas»

El periodista y escritor tuvo un momento para hablar conmigo y contarme muchas cosas sobre su nueva novela.  Una obra cuidada y hecha para que el lector disfrute. La novela está ambientada en diversos escenarios, desde Alicante a los campos de concentración en el corazón de África, pasando por Macao. Gregorio León quiere mostrar en esta obra diferentes lugares del planeta y circunstancias poco conocidas. Por ejemplo, la cantidad de atrocidades que hicieron los japoneses en Asia en la Segunda Guerra Mundial. «Fueron los pioneros en usar armas biológicas. Los japoneses tenían granjas de ratas». Según cuenta, luego esos animales se encargaban de expandir epidemias como la peste bubónica o el cólera. Disecciones de cuerpos vivos y otros horrores también forman parte de la exhaustiva documentación de esta novela.

El hilo conductor es el amor

La princesa de Macao comienza con Diana, en Alicante, una mujer que trabaja como repostera en una pastelería de la ciudad y cuyo novio, Ramiro, está encerrado en un campo de concentración en el desierto africano. Será Bruno Oliveira quien se encargue de hacerla soñar con Macao. Una historia de amor que hará de hilo conductor de la trama. En la que Gregorio León establece un juego en el que nunca se sabe si el contenido de las cartas que le manda Ramiro a Diana es real o falso. A León le encantan las estructuras complicadas para jugar con el lector. Eso sí, facilitándole su entrada al universo que propone mediante un lenguaje limpio y sencillo.

Como en todas sus novelas, León ha conseguido completar el puzle que propone construyendo una estructura sólida y estudiada previamente. Un esquema que sigue aunque sin obsesionarse, ya que no le gusta ser rígido en este sentido. «Intento dejar muchas cosas a la inspiración», para que disfrute él y el lector. Dice que si no sería muy aburrido.

Transformar al lector

Con estos mimbres, lo que busca es conmover al lector. «Que (el libro) le haya transformado y, sobre todo, que cuando pase un tiempo se acuerde de alguno de los personajes». Según su perspectiva, si el lector no recuerda a los personajes a posteriori, no es una buena novela. Sería más bien un producto de comida rápida.  Como consecuencia, el lector nunca recomendará esa novela y como dice León: «La recomendación es la prueba del carbono 14».

Como curiosidad, dice que para escribir necesita el silencio y hacerlo a mano con un tipo de bolígrafo determinado. Tanto es así que cuando se enteró de que habían dejado de producir esa marca, compró una buena remesa para tener inspiración para unas cuantas novelas más. «Si escribo en ordenador me sale prosa de periodista».  Además, es un fanático de la corrección,»el lector se merece el mejor producto posible y sentir que ha merecido la pena comprar el libro».

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