Leticia Sánchez Ruiz. Cuando es invierno en el mar del norte. Entrevista

Leticia Sánchez Ruiz vuelve para regalarnos Cuando es invierno en el mar del norte (Pez de plata). Una obra en la que nada es lo que parece. Cuidada y exquisita, solo hay que ver su portada. Para conocerla mejor, te dejo esta entrevista.

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Leticia Sánchez Ruiz: “Al escribir soy incapaz de seguir las reglas de cualquier género”

Me dice sin saber si es una virtud o un defecto. A esta cuestión voy a contestar yo, con mi opinión, ojo. Es una enorme virtud. Las mejores novelas son aquellas en las que la vida se refleja de verdad. Con la verdad de cada uno. Esas novelas no tienen género, son vida. Así que si tuviera que definir esta novela diría que se pasa por el forro cualquier tipo de coacción relacionada con algo impuesto desde el exterior. Como la familia protagonista, hace lo que le da la gana, aunque no siempre sea para bien, sino para mejor.

El espacio y los personajes

Nada más abrir Cuando es invierno en el mar del norte nos encontramos con un momento Agatha Christie en condiciones. Un montón de personas, que vienen de un entierro, el del cabeza de familia, son sospechosos del asesinato de un señor que nadie conoce. Como dice su autora, uno de los retos es cómo mueves a tantas personas en una habitación. Aunque parezca una tontería, no lo es en absoluto. No es sencillo colocar a los personajes en el espacio de manera delicada y muy clara para que la mente del lector pueda componer una escena nítida y al mismo tiempo hacerla suya. Hacer eso en el camarote de los Hermanos Marx es muy complicado. Hacerlo en esa isla húmeda y tenebrosa, donde el sofá tiene piel de sapo, pegajosa y fría, una proeza.

Dos narradores implicados

Dos primeras personas que no cuentan lo usual en una novela negra, porque nada es normal, porque tampoco es una novela negra y porque las imágenes que construyes en tu cabeza a medida que vas leyendo no tienen precio. Leticia Sánchez Ruiz es capaz de conseguir una atmósfera en equilibrio. Por un lado, tal y como he mencionado arriba, nos encontramos con descripciones certeras, una familia muy original, una isla medio abandonada y un protagonista que está haciendo una resonancia magnética de los suyos, iba a decir de sus seres queridos, pero me lo guardo. Cuando leas este libro sabrás por qué. Por otro, una periodista, que aporta el toque terrenal, se supone objetiva, aunque no lo es, por supuesto. Ella está obsesionada con clarificar las sombras que envuelven un asesinato. Va en busca de justicia poética. En algo tiene que matar el tiempo ahora que la acaban de despedir y su novio se ha ido para no volver. Dora comienza arrastrando los pies por la trama, despistando e hipnotizando al lector, a partes iguales, para descubrir poco a poco para qué sirve un periodista.

Momentos estelares

Dos ambientes que no parecen estar en el mismo libro, sin embargo se conjugan para darse una réplica a medida. Y si tengo que elegir un momento me quedo con varios:

“Es incómodo hablar con una persona con la que no tienes la suficiente confianza, pero tampoco estás totalmente exento de ella. Es esa ambigüedad tan desconcertante en la que no hay lugar para la profundidad, pero tampoco para la banalidad”

“Esa convicción, absurda y condescendiente, de que los humildes siempre son buenos, y a la que en aquel tiempo, porque me venía bien, me agarré con fuerza”.

“Aquella inmensidad negra y bamboleante que nos rodeaba. Su pequeño rugido nocturno”.

“Siempre están ocurriendo cosas en el otro lado que no somos capaces de ver”.

Tengo más, pero creo que con esto te haces una idea ya de la prosa fluida y certera de esta autora.

Eso sí, antes de dar paso a la entrevista, donde sea la voz de Leticia Sánchez Ruiz la que te hable, me gustaría recrear una de las escenas que más me han gustado de esta novela. Esos instrumentos flotando a la deriva en el mar oscuro y frío. Esa humedad, esa locura… Han creado estructuras nuevas en mi cabeza, aunque solo sea para poder evocar esa casa. Único refugio en lo alto de una ventosa y fría isla, que es en realidad un lugar incómodo, perturbador y ajeno.

Sin olvidar esa portada que es una maravilla y augura la aventura que le espera al lector dentro, ya sé que lo he dicho antes, pero es que me chifla.

La entrevista

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Me quedo con la sensación de que hay mil cosas que destacar aún, las hay. Tesoros que guardo en mi cajón de sastre de editora loca (qué gusto me da encontrar mimbres así), pero no quiero cansarte más. quiero que leas este libro y lo compruebes tú.

Y ahora, ya ha llegado el momento, te dejo con Leticia Sánchez Ruiz:

¿Qué te llevó a escribir esta novela?

Siempre me gustó ese momento tan Agatha Christie en que el investigador reúne a todos los sospechosos en una habitación para desvelar quién es el culpable. Pensé: ¿y por qué no escribir una novela que sea este momento? También me influyó una historia que leí en el periódico sobre la desaparición de un hombre y el hecho de que siempre me preguntase qué debe sentir alguien cuando, de golpe y porrazo, se encuentra con un cadáver mientras da un paseo. Pero, sobre todo, siempre escribo una novela para tratar de responder una pregunta cuya respuesta ignoro. En este caso, no puedo revelar la pregunta porque forma parte del desenlace, pero puedo decir que tanto Dora como Guillermo acaban respondiéndola al final del libro.

¿Por qué este título tan poético?

Es el inicio del poema de Ángel González Canción de invierno y de verano: “Cuando es invierno en el mar del Norte/es verano en Valparaíso”. Siempre están ocurriendo cosas en el otro lado que no somos capaces de ver. Y de eso va esta novela: de contar no sólo la historia de un asesinato desde dos puntos de vista, sino también de desvelar qué pasa en el otro lado, el que no podemos ver, de las personas que queremos.

¿Cómo ha sido tu proceso creativo? ¿Por dónde comenzaste?

Por la familia Larfeuil. Lo primero fue saber quiénes eran, cómo se relacionaban entre ellos, qué tenía esta familia en común con todas las familias y qué de extraordinario, y cómo carajo iba a conseguir mover a once personajes en una habitación.

¿Por qué dos voces? ¿Cómo ha sido escribir en dos primeras personas?

Porque quería contar dos puntos de vista distintos. Guillermo no nos cuenta la historia de los Larfeuil, sino lo que él sabe de su familia o lo que ha vivido con ella. Y, como la de todas las familias, es una historia llena de lagunas. Cuando le dicen que puede haber un asesino en su familia, él inmediatamente se plantea quién pudo haber sido y quién no, a diferencia del resto de los Larfeuil que piensan que obviamente la policía se equivoca y que todo se trata de un error. Este debate interno es lo que realmente me interesaba. En el caso de Dora, lo mismo: quería mostrar su desarraigo, su obsesión, su desconcierto, su soledad a través de la loca investigación que realiza.

¿Querías saltarte las reglas del género cuando comenzaste a escribir o la historia te llevó a ello? Hablo, por ejemplo, de los agentes de la autoridad. Que son geniales, pero no tienen el protagonismo esperado.

Últimamente se tiende a calificar de novela negra a toda aquella que se base en la investigación de un crimen, pero la novela negra es un género con unas características muy precisas. Y, como amante de este género, creo que escribí este libro para demostrarlo: rompe con casi todas las reglas del noir (atmósfera violenta, descripciones naturalistas, crítica social, marginalidad, lenguaje crudo, ritmo rápido…). Respecto al papel de los inspectores, sentía curiosidad por hacer una novela en la que los investigadores jugaran un papel secundario, decisivo, pero en la sombra. También es cierto que al escribir soy incapaz de seguir las reglas de cualquier género. Y aún no sé si esto es un defecto a una virtud.

Sin embargo, haces una buena radiografía de la familia, a pesar de lo original de la elegida. ¿Cómo creas tus personajes?

Sospecho que en mis libros se me ve el plumero: al final, lo que más me importa son los personajes. Queda un poco místico decir esto, pero son ellos los que se me van apareciendo. Los encuentro por todos los sitios: en el supermercado, entre mis amigos, en los libros de Historia, en una película, en los cinco segundos de desconcierto después de despertarme de una siesta.

Después los voy deformando a mi antojo, hago mezclas de personas como si las estuviera machacando en un mortero hasta que me quede una textura uniforme.  

Otras veces simplemente son la representación de un sentimiento o de una actitud, a la cuál yo le he dado cuerpo y nombre. Otras ni siquiera los bautizo, porque ya me vienen ellos con el nombre: me saludan y se presentan. Como en el caso, por ejemplo, de tía Paula Blas. Y, en definitiva, me acabo creyendo tanto a mis personajes, que pienso que en cualquier momento me los puedo encontrar por la calle y me pregunto si, en ese caso, me reconocerían.

¿Tienes algún truco para escribir? ¿Alguna manía?

Me encantaría decir algo estrambótico y maravilloso como que me inspiro sentada en un campanario comiendo manzanas verdes, pero la realidad es que mi única manía es levantarme todos los días a escribir (eso sí, lo hago muy temprano, sobre las cinco de la mañana).

¿Qué tiene que tener una buena novela para ti?

Que cuando acabe de leerla tenga la impresión de que sé algo más sobre el mundo, sobre el ser humano y, sobre todo, sobre mí misma.

¿Qué estás leyendo en estos momentos?

Lectura fácil de Cristina Morales, Herido Leve,de Eloy Tizón, y La vaca de Augusto Monterroso.

¿Qué te gustaría que pensase el lector cuando termine de leer Cuando es invierno en el mar del norte?

Una lectora dijo sobre la novela: “¿Hay algo mejor que cerrar un libro sintiendo que te ha vuelto entera del revés como un guante puesto a secar?”. Esto me maravilló. Pero lo que me gustaría que pensase quien termine de leerlo es que no ha perdido el tiempo.

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