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Los perros negros o cómo puede ayudarte Ian McEwan a escribir mejor

Los perros negros (Anagrama) es una obra de Ian McEwan. Un ejemplo de varias novelas en una. Vamos a ver cómo lo hace y por qué digo esto.

Los perros negros y sus múltiples lecturas apasionantes

Ian McEwan es un grande, no voy a inventar nada nuevo. Aún así, como todos, grandes y pequeños, tiene bueno y malo. La suerte que tuve con él fue que comencé a leerlo por una de sus obras cumbres (para mí, sin duda): Los perros negros. Una maravilla que nos cuenta diversas crisis que confluyen en sus páginas. De pareja, personales, mundiales, históricas… Todas están en esta novela en la que McEwan simboliza como nadie el miedo y lo que pude derivar de él.

Un gran inicio

Respecto a cómo te puede ayudar a escribir, diré para empezar que tiene un inicio memorable. A caballo entre los cerros de Úbeda y el tiro en la frente. Cuando comienzas y sigues leyendo, porque no puedes hacer otra cosa, te das cuenta de que ese inicio es providencial. Y lo es porque nos presenta a un narrador original. Lo quieres desde ya. Despierta una ternura difícil de explicar y al mismo tiempo imprime autoridad a su testimonio. Todo eso siendo el yerno. Ahí es nada. Una vez que amas al narrador, comienzas a ver el mundo desde su punto de vista. Sus ojos serán el filtro de la vida de sus suegros. El día y la noche. El cuerpo y la mente… Podría seguir hasta el infinito, pero creo que ya lo has captado. Entonces, es cuando se presenta la crisis. El crac del ideal, del amor, la pareja, la vida, la historia, el mundo. Todo ello simbolizado en un continuo andar y sentir.

McEwan y la perspectiva

El narrador es mágico, como acabo de decir, sobre todo, porque consigue atrapar al lector no solo por lo dicho en el anterior punto, sino por lo original de su perspectiva. Este es un dato a tener en cuenta en esta obra y en muchas otras de McEwan. Él es un artista de la perspectiva.

Tensar sin romper la trama

La tensión es también muy importante en este libro. Si quieres aprender a usarla como McEwan, tienes que fijarte en cómo utiliza el título. Estás esperándolos continuamente y cuando aparecen son definitivos. Es evidente que el autor los usa de señuelo y demonio en este libro; también de punto de fuga y liberación. El interés y la tensión confluyen en estos caninos de manera providencial. Si necesitas esa tensión, ya tienes una buena forma de conseguirla. Cópiala. Sï, no te lleves las manos a la cabeza, copiar, no pasa nada. Eso significa aprender, repetir aquello que le ha funcionado a los demás. Hazlo honestamente y con rigor; y, sobre todo, hazlo bien.

Personajes redondos

Los personajes son también maravillosos. No solo los obvios: narrador y protagonistas. Aquí hasta los secundarios, muy secundarios, tienen un papel clave. Por no hablar de los acontecimientos históricos, que acaban siendo un personaje más del libro. Esto se aprecia, claramente, cuando muestra la caída del muro de Berlín, un perro negro. Describe el hecho como un gran bluf implícito. Con escenas inquietantes y, a veces, urgentes que no terminan de ser tan alegres ni esperanzadoras como cabría esperar. Esta es una novela donde también puedes aprender a usar los símbolos y las metáforas a tu favor. McEwan lo borda en este sentido.

Multilectura

En definitiva, Los perros negros, a pesar de que no es su novela más aplaudida por la crítica, para mí es una de las mejores para aprender a escribir. A mí me apasionó irremediablemente, tanto que me lancé a leer toda su obra. Me atrapó su magnetismo y fuerza narrativa. Su doble y triple lectura de una misma escena. La lente por la que se filtra la historia. Su forma de inocularte el terror, en la dosis adecuada, durante todo el trayecto. Un miedo cerval a encontrarte, por fin, con tus perros negros.

2 comentarios
  1. Javier Raza
    Javier Raza Dice:

    No se si sea mi navegador, pero me quede con las ganas de leer el articulo, no se ve!!!
    Los perros negros.
    McEwan, Ian
    Gran escritor!!!
    Saludos

    Responder

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