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¿Por qué leer a los clásicos?

¿En este artículo voy a explicar por qué es bueno leer clásicos (o no). Muchos escritores se preguntan si deben centrarse en un género concreto o leer de todo. Aquí, la respuesta:

¿Clásicos de la literatura o literatura de género? He ahí la cuestión

¿Qué tienes que leer? Bueno, antes de nada quiero dejar claro que yo no soy quién para decirle a nadie qué tiene que leer; la lectura es un acto personal, casi íntimo, pero sé que muchos escritores se preguntan qué les conviene leer, y aquí sí que puedo hablar basándome en mi propia experiencia.

Toda lectura es buena

Toda lectura es enriquecedora. Esto es un axioma. Incluso las malas lecturas son un buen ejemplo para saber qué no tenemos que hacer. ¿Y cómo diferenciar una mala lectura de un buena? Con el bagaje que nos da la experiencia lectora. Y dicho bagaje se conforma leyendo, así que esto es una especie de círculo vicioso (o virtuoso) regido por una máxima: lee.

«Pero, mira, yo es que tengo muy claro que quiero escribir fantasía, ¿no debería leer a los grandes del género y dejarme de historias?». Sí y no. Porque Shakespeare también escribía fantasía, y seguro que para ti no es uno de los grandes del género, y Goethe, y Oscar Wilde. ¿Entonces?

3 consejos sobre qué leer, y por qué hacerlo

1. Lee clásicos

Los clásicos son la vida, la savia del árbol de la literatura. Algunos son aburridos, han envejecido mal, pero hay otros que nos aportarán más que cualquier otra lectura que podamos imaginar. Leer El lobo estepario, Siddhartha o cualquier otra obra de Hermann Hesse nos dará el conocimiento que atesoran diez o veinte libros cualesquiera. Y tú, escritor de ciencia ficción, ¿has leído Frankenstein, verdad? Porque muchos consideran la obra de Mary Shelley como la primera novela de ciencia ficción.

No hace falta leerse Los miserables, Ana Karenina u otros de más de mil páginas (bueno, todo es cuestión de prioridades), pero sí que es interesante visitar obras ligeras que nos den una idea de la historia y evolución de la literatura. Conocer épocas, estilos, movimientos literarios… y variar en función del gusto y los intereses de cada uno, porque esto se trata de divertirse; no hay que perder la perspectiva.

2. Vida más allá de los clásicos

Tampoco hace falta atiborrarse de clásicos para empezar. De hecho, podemos intercalarlos con obras de otros géneros, incluso darle preferencia al género al que nos queramos dedicar. Tampoco hay que perder de vista otros géneros que, a priori, no nos resulten tan atractivos. Sí, voy a escribir fantasía, pero ¿acaso no hay escenas de terror en las novelas fantásticas? Las obras, más que pertenecer a un género, priorizan un género en la narración, pero contienen elementos de muchos otros, ¿o nunca has escrito una escena romántica?

H. P. Lovecraft, por ejemplo, escribía terror, pero en sus historias hay casi tanta ciencia ficción como terror, y esta adquiere un papel fundamental en narraciones como En las montañas de la locura. En La torre oscura, donde Stephen King se pasó a la fantasía, también hay mucho de ese terror característico del autor, pero tanto el terror como la fantasía están envueltos en una atmósfera de wéstern futurista.

3. Conocer las principales obras

Por supuesto, pese a leer de todo, tendrás que conocer las obras fundacionales y a sus creadores, además de las últimas tendencias que hayan roto barreras y aportado esa modernidad tan necesaria en muchos aspectos de la literatura. Antes de ponerte a escribir lee, o al menos conoce en mayor o menor medida, las cinco o seis grandes obras del género, las cuales mezclarás en tu cabeza, como si de una coctelera se tratara, con todas tus experiencias vitales e influencias externas. A partir de ahí solo tienes que ponerte a escribir para deshacerte de ellas en una experiencia tan gratificante como catártica.

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