7 libros apasionantes para leer para cuándo quieras y uno de propina

7 libros para cuándo quieras y uno de propina, sé que es un título raro, tanto como el tiempo que estamos viviendo. Iba a llamarlo para un verano extraño, pero luego lo he pensado mejor y creo que estas obras son universales, así que sirven para cualquier época; del año y de la vida. Da igual cuándo te topes con este post, si aún no has leído estas obras, corre a por ellas.

Libros apasionantes que no puedes dejar de leer

Estos son los ocho libros que más me han impresionado en los dos últimos meses. Los he disfrutado tanto que aquí están.

Los primeros siete recogen formas de hacer muy diferentes y con temáticas que tampoco tienen mucho que ver unas con otras. Eso sí, todas las propuestas son ideales para llevártelas a una isla desierta. Son adictivas, tienen grandes hallazgos de los que aprender y sus personajes son fabulosos. Además, otro factor común entre ellas es que consiguen lanzar por el aire no pocos prejuicios.

Lo que sembramos, Regina Porter

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Ay, es que es una maravilla. Un puzle que va componiendo la historia de varias familias, en varias generaciones, Con una estructura perfecta, donde al final todo encaja. Puede ser un libro de relatos y al mismo tiempo es una novela. Es un alegato contra la injusticia racial y social. Exquisito.

Lo que más me ha gustado de este libro es el tratamiento de los personajes. La manera en que escuchas hablar de ellos en una parte, hace que tu mente prejuiciosa los etiquete, muy erróneamente. Eso te descoloca para bien. Me encanta el juego que establece esta autora para redimirlos o lanzarlos al infierno.

Si estás escribiendo y quieres analizar una estructura fraccionada, este es tu libro.

El sueño de la crisálida, Vanessa Montfort

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Esta novela te atrapa desde la primera página, uno de los aspectos más importantes para que el lector siga leyendo. Aunque en este caso lo que hizo que siguiera leyendo es que no me esperaba nada de lo que encontré.

No sé por qué esta autora no me atraía. Prejuicios, que tenemos todos. Cuando detecto que me sucede, mi impulso es romper esa barrera que impide que encuentre grandes lecturas. En este caso hice muy bien.

Esta novela no solo es inmensa por la cantidad de temas actuales que trata de una manera profunda, sino que además, tiene una prosa cuidada, llena de recovecos, en los que perderte y pensar. Unos personajes redondos y una lectura adictiva y al mismo tiempo calmada.

Sin duda, un buen libro para perder algún que otro prejuicio, en todos los sentidos.

Rómpete, corazón, Cristina López Barrio

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Y hablando de estructuras complicadas, caemos en esta novela, donde el encaje es tremendo. Cinco voces en primera persona, distintos tiempos. Un recorrido vital múltiple y el misterio de dos desapariciones: las de las hermanas de la protagonista. Sí, es una novela coral, de ahí las cuatro voces restantes, pero la trama centra la mirada del lector en los ojos de Aurora, que siempre están inmersos en una cámara de video.

Tragedias sin fin que te afianzan a sus páginas. Una lectura muy fluida, a pesar de la dificultad que entraña para la autora que así sea. Adictiva también sería la palabra que se podría utilizar, aunque en muchos casos algunos secretos ya no lo sean tanto para el lector. El planteamiento y el desarrollo es tan bueno que hace que esta novela sea más que recomendable.

Ficción y realidad se mezclan en una buena combinación.

Canciones de amor a quemarropa, Nickolas Butler

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Otra estructura complicada y también cinco voces. Sí, las primeras personas han protagonizado mis últimos meses, de ahí este artículo que dediqué a esta voz narrativa. El caso es que aquí tenemos también cinco narradores y solo uno es una mujer que da el contrapunto al resto. Un grupo de amigos de la américa profunda, una estrella del rock y la evolución de los cinco a través del tiempo.

A pesar de que algunas veces el arco de los personajes flaquea (muy poco), tengo que decir que lo compensa con el realismo de lo que cuenta y la forma de narrarlo.

Y que me encanta cómo juega con la falta de datos importantes que se irán sabiendo entre una voz y otra. Y lo hace de una manera que en ningún momento puedes decir que te ha engañado o escamoteado información para mantener la tensión. Solo por ver cómo se hace, ya merece la pena.

Siempre hemos vivido en un castillo, Shirley Jackson

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Una historia que te engancha y te lleva a la mente de su protagonista, a la que a pesar de los pesares acabas queriendo y hasta comprendiendo.

Una maravilla de novela donde el misterio está en la forma de contar que tiene. Una perspectiva no demasiado realista, ni objetiva, ni serena, ni prudente… Pero convincente hasta introducirte en su mundo sin remedio.

No quiero contar mucho más, solo que la leas y me cuentes tú qué te ha parecido. Es apasionante ir descubriendo las trampas y los secretos que te tiene preparados Jackson en esta magnífica novela.

Mi vida querida, Alice Munro

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Este libro hacía tiempo que lo había leído, aunque con la rapidez que tiene querer absorber lo bueno que acaba de salir al mercado de alguien como Munro. Me encantó, pero menos mal que he vuelto sobre él.

Cuando leo como si no hubiera mañana de manera fulminante, me pasa con algunos autores que adoro, tengo la cordura de, si me ha impactado, dejarlo para relectura.

El caso es que, ay qué libro. Lo tiene todo: maestría en la técnica, exactitud en la prosa, perfecto arco de los personajes y delicadeza en la cadencia que también sabe ser endiablada.

Léelo despacio, sin perder detalle de lo que cuenta y cómo lo cuenta porque es una obra en la que, a cada paso, se aprende.

La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain

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Una historia sencilla, perfecta para leer en vacaciones o en cualquier momento, claro está, pero lo que más me gusta de este libro es que mezcla la narración con los diálogos y las acotaciones, todo junto, sin signos ni guiones. Esta técnica hace muy fluida la lectura y Laurain la controla mejor que bien.

Aunque solo sea como un ejemplo de cómo hay que hacerlo, ya merece la pena. Además, es deliciosa, la historia me encanta y destila amor por los libros.

Solo por curiosidad dejo el apunte de otra novela que también habla mucho de libros y de arquitectura. La nombro porque me la leí justo antes de esta. Se llama Nosotros dos como en una novela, de Paola Calvertti. Su protagonista es librera, como el protagonista de esta que te recomiendo aquí. No está aquí como figura de cartel porque no me acabó de convencer, ni la historia ni los personajes (tonta ella y tonto él) ni algunas de las partes que me parecieron un tostón en muchos aspectos, aunque eso sí , hace buenas recomendaciones literarias y solo por eso, a veces, merece la pena leer un libro.

Bueno, a lo que vamos, que me pongo a hablar de libros y se me va la pinza: La mujer de la libreta roja es un bocado de cielo, de principio a fin.

Narrativa completa, Dorothy Parker

Ay, me encanta, aún no lo he terminado, pero no puedo dejar de nombrarlo porque ha sido un descubrimiento comenzar a leerlo:

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Ay, cuánto bueno por leer aún. Me da miedo morirme sin haberlo leído todo, al menos, lo bueno. Sé que es una utopía y que este será mi destino, pero no me resigno, de ahí, mi furia lectora. El caso es que cuando he abierto este libro, me he quedado pasmada. ¿Cómo es posible que haya tardado tanto en encontrarme con Dorothy Parker?

No te lo pierdas, de verdad, escribas relatos o no. Gracias a que Lumen lo publicó en 2003 podemos leerlo en castellano, ya que es la reproducción del que Penguin New York publicó en 1995, bajo el título de Complete Stories. 

En él se reúnen los relatos publicados por Dorothy Parker a lo largo de su vida y los apuntes no recogidos en las antologías existentes hasta esa fecha.

Una locura de lectura entre líneas que compone un descarnado retrato de la sociedad neoyorquina de su tiempo que a envejecido de maravilla, porque se siguen rastreando determinadas convenciones y formas de vivir en él.

Divertida, ácida, terrible, esclarecedora y, sobre todo, tremendamente bien escrita.

Imperdible .

Después de esta sucesión de joyas, espero que me cuentes las tuyas y conseguir que este artículo esté vivo y siga creciendo con lecturas apasionantes para todos. ¿Qué libro te ha impactado en los últimos dos meses? ¿Has leído alguna de estas obras? ¿Qué te ha parecido? Venga, escribe en los comentarios y cuéntame.

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11 claves para aprender a escribir un libro

11 claves para aprender a escribir un libro. Saber escribir es un don que no todo el mundo tiene, pero se puede aprender, al menos, para publicar algo digno de ser leído. La primera regla: reverenciar la literatura. Respetar a los lectores. Sí, hay gente que vende mucho y no cumple esta máxima. ¿Aman su trabajo? Lo dudo. Este post es para todos aquellos que adoran escribir y leer.

11 claves para aprender a escribir un libro

Antes de lanzarnos a la manera de aprender, vamos a sentar algunas bases que, bajo mi punto de vista, son fundamentales.

Como decía antes, aprender a escribir es una asignatura pendiente de muchos autores que quieren publicar un libro. Es fácil ver las luces, las presentaciones y los bestselleros que dicen que se han retirado después de pegar un petardazo con un libro; también las largas colas para una firma, los seguidores incondicionales y la caja registradora loca. El problema viene cuando no se tiene ni idea de lo que hay detrás de todo esto.

Y no, no voy a ponerme a despotricar de todos los que tienen una mano dolorida de tanto firmar libros. Sería injusto. Está claro que hay algunos que, en fin, no sé sabe cómo lo hacen. Desde luego escribiendo va a ser que no.

Sin embargo,  muchos se toman muy en serio su trabajo. Aunque tengan una gran producción intentan poner toda la carne en el asador para que sus libros sean dignos. Y, luego, unos pocos escogidos son verdaderos genios y venden mucho, por supuesto.

El éxito y la calidad de un libro

Por otro lado, el éxito no es el rasero con el que se mide la calidad de un libro, ni para bien ni para mal. Y no voy a hablar de purpurina, sino de buen hacer. De la preocupación del escritor por que su libro sea bueno y dé gusto leerlo.

Ventas y calidad no van necesariamente de la mano. Hay superventas que son joyas y otros que a los tres capítulos, el balcón parece una buena salida. Tanto que me dan ganas de escribir correos y señalar errores, tal y como hago con mis autores. Llamadlo deformación profesional, nivel: tocando el techo. O fondo, según se mire.  Por suerte, soy muy cuidadosa con mis opiniones y rara vez las vierto sobre alguien, si antes no me lo ha pedido.

11 claves para aprender a escribir un libro

El caso es que para escribir bien hay que aprender antes, eso es una realidad. Sé que muchos piensan que los conocimientos necesarios se adquieren por ciencia infusa, generación espontánea o que las musas van a hacer solas todo el trabajo, pero escribir es un arte complicado. ¿Sabes cuántas variables tienes que controlar en una novela?

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—Yo es que me inspiro mucho. Y la inspiración hace milagros, mientras ella escribe mi primera novela, yo me dedico a mi Insta que las redes son muy importantes

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La inspiración cuando se queda sola

¿Tienes idea de cómo hacer que la lectura fluya independientemente de lo que estés escribiendo? ¿Crees que vomitando a tontas y a locas vas a conseguir una obra maestra? ¿En serio?

Es conveniente tener la respuesta a estas preguntas para concienciarnos de que necesitamos aprender y para conseguirlo ahí van esas once claves.

Cómo quieres que te recuerden

Conocer cómo hacerlo es necesario si quieres que tu lector disfrute. Eso no significa que a medida que aprendas van a aumentar tus lectores. No funciona así. De ahí la frustración de muchos escritores que pasan por el aprendizaje como si fuera un trampolín al éxito. Es normal que luego se queden desinflados.

Mejorar el proceso creativo es uno de los factores que aumenta el número de lectores. Aunque hay otras variables que atender: suerte, una buena promoción, dedicación e inversión. Además de otras muchas acciones, actitudes y aptitudes. Así que llega un punto en el que hay que elegir:

  • Quiero publicar un buen libro y que sea este el principal motivo por el que aumenten mis lectores, aunque sea un proceso lento (aviso).
  • Quiero vender a toda costa y la calidad pues, si eso, ya tal.

Elige y sé consecuente.

Y es que querer publicar un libro para ganar dinero es honroso, pero no suele ser instantáneo, ni siempre se dan las dos cosas a la vez. El mercado está saturado de libros, también de buenos libros. La masa lectora es la más lista de todas las masas. Así que si quieres escribir dignamente y que te recuerden por tu saber hacer, debes prepararte para ello y tomártelo muy en serio.

Inversión necesaria

Vas a tener que invertir y no solo hablo de dinero, que también. Tendrás que ofrecer a cambio dedicación, mimo, tiempo y esfuerzo. Aunque si te encanta leer, ya tienes mucho ganado, pero no todo es leer, también te digo.

Aprender a escribir es descifrar un enigma. El de elegir el lugar correcto para las palabras, cómo construir un personaje que esté vivo o elegir la sucesión exacta de escenas que harán que se haga la magia.

Todo empieza leyendo

Escribir es un camino que comienza leyendo todo lo que caiga en tus manos.

Dado que los programas formativos no se ocupan demasiado de los cimientos de la literatura, no queda más remedio que buscar la forma de aprenderlos por nuestra cuenta.

Yo estudié periodismo y tengo que reconocer que mi formación literaria es muy completa, estudié a los clásicos y aprendí mucho de ellos. Esa fue mi base, ya que hasta que no entré en la universidad, mi formación literaria se había desarrollado gracias al azar.

Entonces ya era lectora compulsiva, en el instituto ya leía cinco libros a la vez, así que tenía mucho ganado. Y aunque hasta entonces no tenía una guía muy solvente y mi camino era más errático que otra cosa, eso me permitió leer fuera de mi zona de confort.

Y eso se lo debo a las bibliotecas públicas y a esos paseos interminables y mareantes por sus pasillos. Y también a los días que como tenía que volver para recargar las pilas y no tenía tiempo, entraba corriendo para devolver los cinco que había devorado y cogía lo primero que encontraba para pasar la siguiente quincena.

Dicen que las prisas no son buenas, pero aquí desde luego fueron providenciales, porque también ayudaron mucho a que leyera libros que de otra manera nunca hubiera tocado. Así descubrí nuevos géneros y autores.

Dejarse llevar siempre por los gustos y apetencias tampoco es sano. Mis mejores descubrimientos han sido cuando no me he dejado llevar por lo que yo quería.

Salir de la zona de confort es una máxima que también es importante si quieres aprender a escribir. Y a leer.

Copiar siempre

Copia todo lo bueno que leas. Muchas, demasiadas veces he oído eso de no leo mientras escribo porque me contamino. ¡Cómo me pongo! Me produce urticaria, me entra un nervio sordo y muchas ganas de chillar. ¡Por Dios, contamínate, que falta te hace! Lee a los clásicos, lee tanto bueno como hay en el mercado y asume todas esas virtudes como propias. Todo está prácticamente inventado en literatura y adquirir las técnicas de otros que lo hacen mejor que tú es fabuloso y necesario.

11 claves para escribir un libro

—Ay, por Dios, que alguien se lleve esto de aquí que va a contaminar mi escritura

Cursos de escritura

Como no todo va a ser leer, aunque ya digo que es la base, también hay que aprender de los buenos profesionales que saben más que tú. En este caso, un buen curso puede hacer mucho por tu técnica literaria.

A la hora de seleccionar, no te dejes guiar por el precio. A veces, sirve como referencia, pero lo importante aquí es que la persona que imparta el curso. Si está capacitada y sabe comunicar bien, aprenderás. Busca referencias, elige y esfuérzate por aprovecharlo al máximo.

Los cursos te puede ayudar a abrir la mente. A saber dónde encontrar toda la información que necesitas. Es una buena fuente para aprender técnicas nuevas y otra forma de hacer las cosas.

Aprende a escribir de manera personalizada

Por otro lado, también puedes buscar a un editor o un coach. Atención personalizada y trabajo sobre la propia obra, profundizarás en ella y en tu proceso creativo más allá de los límites que hasta el momento conocías.

Aquí sucede como en los cursos, es importante elegir bien. Y ahora te estarás preguntando, ¿cómo hago? En este tipo de trabajos, guíate por las personas con vocación.  Es un proceso muy artesanal y delicado.

Además, es esencial que estéis en sintonía. Un trabajo de edición es imposible llevarlo a cabo sin ella.

Si todo funciona bien,  tu mente se abrirá a un mundo nuevo que es el tuyo. Y sabrás cómo plasmarlo. Lo sé porque lo veo todos los días en los autores que trabajan conmigo.

Mirar y escuchar

Además, la buena escritura requiere de observación continua. Se pueden adquirir nuevas técnicas de películas, series o de otras artes.  También se aprende conversando con tus amigos, andando por la calle o viajando en autobús.

Todo es susceptible de convertirse en una buena enseñanza. Solo hay que tener los ojos y las orejas bien abiertas y saber aplicar todo ese caldo de cultivo a tu obra.

Ponte a escribir

Esto es fundamental. Hay que superar el miedo a la página en blanco:

  1. Porque si ya has intentado plasmar esa historia que llevas en la cabeza, sabrás que no es tan fácil como parecía.
  2. Si sabes cómo creas, aunque solo sea un atisbo, eso te dará muchos datos sobre lo que necesitas para aprender más y podrás elegir mejor.
  3. Es importante que tengas unas nociones básicas para poder aprovechar al máximo cualquier aprendizaje. Y qué mejor manera de conseguirlas que leyendo y escribiendo.
  4. Es irremediable. Si de verdad quieres escribir, seguro que ya lo has hecho. Es una pulsión irracional. El escritor necesita escribir y lo hace contra todo pronóstico.

El camino está lleno de dudas

A pesar de tener obra propia, participar en cursos de escritura e incluso haber contratado a un editor, cuando evoluciones el camino no va a ser más llano. Ni mucho menos.

A medida que vas evolucionando te irás dando cuenta de que las cimas son más altas y los senderos más difíciles de recorrer.

Y cuando descubres esto, se te queda cara de tonto, a todos nos ha pasado esto. Es uno de los escollos por los que pasan mis autores después de trabajar conmigo en una obra, terminan felices por todo lo que han aprendido, pero cuando comienzan la siguiente les cuesta más escribir, es normal.

Después de un gran avance, las dudas son mucho mayores. Tu mente es consciente, cada vez con más claridad, de lo que le queda por recorrer y de la cantidad de posibilidades que tiene.
Cuánto más sabes, más seleccionas cómo cuentas lo que tienes que contar y eso significa más esfuerzo y más tiempo. Y más aprendizaje.

Eso sí, los resultados también evolucionan y los lectores lo notan. Mucho.
Y a medida que aprendas más, te olvidarás de muchos miedos que bajo la nueva perspectiva te parecerán ridículos y serás capaz de enfrentarte a una trama, por complicada que sea, con mucha más soltura y aportar alternativas diferentes para resolver los problemas que antes solían inmovilizarte.

En literatura, siempre hay una solución, si sabes encontrarla. Cuando descubres esto, por complicado que sea el trayecto, la esperanza viajará intacta.

Cómo sé que estoy evolucionando

Llegados a este punto, lo sabrás cuando comiences a atisbar los andamios de los libros que leas y escribas. Entonces, te das cuenta de las intenciones del autor, de los detalles que sostienen la trama. Verás la estructura de los libros. Sabrás que un texto no está bien escrito si tienes que leerlo dos veces para entenderlo.

Respecto a tu forma de escribir, por ejemplo, sabrás cuándo estás repitiendo ideas, en vez de seleccionar al máximo las palabras para que todos los matices quepan en una frase o sabrás distinguir cuándo narrar y dialogar y todo lo que conllevan estas dos formas de contar las cosas.

Y aún así, seguirás pensando que tienes que aprender más.

Nunca es suficiente

Un sabio siempre piensa que es un ignorante. Y la paradoja se produce porque esta frase también funciona al contrario. Si piensas que lo sabes todo, seguramente, tendrás un problema serio para escribir bien.

Hay tanto que explorar, tanto que copiar, tanto bueno que leer que no se deja de aprender nunca. De hecho, los buenos escritores mejoran con el tiempo y la experiencia.

Y los buenos libros son una mezcla entre inspiración, grandes ideas, buena escritura, inteligencia emocional y mucha sabiduría. Cinco factores sin los que esta empresa es una quimera.

¡A escribir!

Ah, y cuéntame qué te ha parecido el artículo, anda.

Si necesitas aprender, ya sabes, escríbeme.

Imágenes: Freepik

Cómo disparar la imaginación del lector

Cómo disparar la imaginación del lector es clave para escribir una novela. Saber con qué y cómo se pone en funcionamiento es esencial. Un complemento ideal al conocimiento del imaginario colectivo.  Leer más

¿Por qué hacer una estructura de tu novela?: seis puntos esenciales

¿Por qué hacer una estructura de tu novela? Para que no vayas como pollo sin cabeza enarbolando la bandera de la inspiración sin ton ni son. Si esta razón no te convence, sigue leyendo a ver si estas otras lo hacen. Además te daré alguna clave para conseguir una buena estructura. Ya sé que desde tu atalaya (del yo es que prefiero innovar e inspirarme) todo se ve rosa, pero créeme cuando te digo que yo lo veo negro.

Por qué hacer una estructura previa de tu novela y cómo elegirla

Vamos a comenzar por aquí. Si me sigues habitualmente, esto no te va a venir de nuevas. Es básico hacer una estructura previa de tu novela. Da igual el género que tenga. Ya sé que te da mucha pereza, que te gusta pensar que eres de brújula. Ay, alma de cántaro, pero si quieres que el resultado sea un todo coherente y cohesionado, va a ser complicado conseguirlo así , como por ensalmo.

Necesitas un GPS para contar tu historia

Así que una vez clara la premisa de que sí o sí tienes que hacer una estructura y, por supuesto, conocer a tus personajes muy muy bien, vamos a ver cómo hacerla de una manera sencilla y efectiva.

Punto uno: crea las grandes líneas de la historia. Qué quieres contar. Dónde están los momentos más álgidos de esa historia. Esos son los que tienes que reflejar en la estructura.

Aquí dependerá de lo que trabajes esta estructura, hay autores que desmenuzan la historia de tal manera que de ese mapa acaba saliendo el cómputo de los capítulos que luego tendrá. Ya que entre grandes momentos, hay otros más pequeños, pero fundamentales para que la historia avance y dentro de estos, hay micromomentos o escenas que conforman ese esqueleto.

Cuanto más completo sea el esquema de tu novela, mejor te vas a inspirar. Entre otras cosas porque conforme vayas escribiendo, tu cerebro recibirá diariamente órdenes exactas que irán en función del hilo de la historia. Proyectarás toda tu creatividad en hacer esas escenas lo más redondas posibles y el arco de tus personajes evolucionará de manera coherente.

Es decir, si yo sé que mañana tengo que escribir x escenas, en las horas que tengo entre escritura y escritura, mi cabeza se pondrá a ello para pensar solo en eso; no se despistará o se le ocurrirá empezar la casa por el tejado. Si la dejamos vagar, se le van a ocurrir ideas que luego van a tener un encaje complicado en la novela.

Por qué, sencillo. Si tienes aunque solo sea un bosquejo de cómo se va a desarrollar la historia, tu mente podrá pensar con más claridad, será capaz de sacarle mucho más jugo a todo aquello que ya le has enseñado y buscará la forma de encontrar hilos que lo recorran todo con genialidad.

Y sí, sé lo que estás pensando. Anda toma, pues claro, pero si escribo tal y como me viene la inspiración también sabré por donde voy en la historia y llevaré a mis personajes por ella de manera coherente. Te equivocas, porque, tal vez, seas la bomba y a pesar de no tener un mapa seas capaz de orientarte de maravilla para que tus personajes siempre reaccionen de manera coherente con la historia y su arco, pero si no sabes a dónde quieren llegar, difícilmente lo conseguirán.

Porque uno de los problemas de no hacer un mapa, es que no sabes lo que va a pasar en la historia. Y créeme cuando te digo, que esto no es solo una diversión tuya. Crear una novela en la que todo encaje es una obra de ingeniería. Me repito más que el ajo, pero es que es así y debes grabártelo a fuego.

Por qué hacer una estructura previa de tu novela
—Al final, he tenido que sacar el mapa. No tengo ni idea de qué hacer con él.
—Podemos usarlo como sábana.

Conoce todas las herramientas que te puedan servir

Tu cerebro trabaja mucho mejor si sabe adonde va. Si has estructurado tu historia, aunque sea mínimamente, tu cabeza será mucho más creativa porque tendrán unos parámetros a los que atenerse y que al mismo tiempo le van a servir de anclaje para dejar volar la imaginación. Así que si sigues creyendo en el cuento ese, que viene muy bien para procrastinar, de que estructurar matará su creatividad, haz el favor de caerte ya del guindo.

Y no solo eso, sino que cuánta más información tengas respecto a cómo organizar tu historia, antes de ponerte a escribir, mejor serás capaz de reproducirla en el papel para que emocione tanto al lector como a ti

Nadie es capaz de ser creativo sin conocer las bases sobre las que crea. A ver si te piensas que Einstein se levantó una mañana y se le ocurrió la teoría de la relatividad así por las buenas, porque era muy creativo. Eso es el fruto de hacer muchas estructuras antes, de sentar bases, de estudiar, de formarse, de experimentar. Sin cimientos no vas a descubrir tu teoría de la relatividad, vas a marearte y a marear a tus lectores de paso.

Sigue la línea del tiempo

Otro punto fundamental, es que la primera estructura se debe hacer en clave temporal, al menos, en este primer bosquejo. Lo primero que debes hacer es una estructura lineal en el tiempo para que tu cabeza tenga claros esos parámetros temporales y luego cuando escribas sea mucho más sencillo situarlo todo en el tiempo y el espacio, que van unidos.

Es una manera eficaz para conseguir ir dando los detalles necesarios para situar al lector en cada momento. Si quieres ampliar en este sentido te dejo un artículo sobre el tiempo y el espacio. Dos claves fundamentales para escribir una novela.

Esto no significa que luego deba tener esa forma, pero debes ordenar lo que quieres contar primero en tu cabeza, luego ya pensarás cuál es la mejor estructura para contar esa historia.

Tu historia ya tiene una estructura, aunque no lo sepas

Esa estructura previa no significa que tu historia tenga que comenzar por su inicio. Ahora es el momento de pensar cómo quieres contar aquello. Aquí te sugiero que hagas un borrador del primer capítulo, desde el inicio de lo que quieres contar. Si cuando hayas terminado te parece que será un principio digno, seguramente, tu historia se pueda contar siguiendo la línea del tiempo. De hecho, si no encuentras cómo contarla, cuéntala de manera cronológica.

Ahora bien, también puede pasar que tu historia tenga más sentido si comienzas por otro sitio, aunque solo sea un capítulo, el primero, y luego sigas contando la historia de forma lineal en el tiempo.

Para saber por dónde tienes que comenzar la estructura definitiva de tu novela, piensa en la forma más eficaz de contarla. Cambiar el orden de lo que sucede en la novela, tal y como sucede en la vida, es decir pasado, presente y futuro, no es algo que se haga por que sí. Solo debes hacerlo si la historia ganará más en ese caso. Si el lector la va a entender mejor así.

Las estructuras que no son lineales solo se deben llevar a cabo, si la historia lo requiere. Existen tantos tipos de estructuras como historias hay por contar. Aquí te dejo algunas de las más comunes:

  • Circular
  • Paralela
  • Convergente
  • In media res
  • Invertida
  • Vanguardista o inestructurada

Cuidado con esta última, se supone que no tiene estructura, pero en estos casos, el autor se tiene que emplear a fondo porque para que una novela así funcione (en la que los tiempos y los espacios se mezclan sin transiciones aparentes), hay que estudiar ingeniería antes. Aviso.

Empeñarte en que tu historia tenga una estructura determinada, para lucimiento, como experimento o porque piensas que tus lectores van a pensar que sabes escribir mejor, es un error enorme. Cada historia tiene una estructura o varias desde las que se puede contar mejor y esa es la única regla que debes atender a la hora de hacer su esqueleto.

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Al final va a tener razón el de la tienda, para instalar un grifo no era necesario todo esto

Si te empeñas en contar tu historia de otra forma a cómo debería desarrollarse orgánicamente, tu escritura no fluirá y, lo que es peor, el lector no la recibirá tal y como tú la tienes en la cabeza, lo que conlleva que no le va a gustar tanto como piensas. Las filigranas en este sentido suelen salir caras.

Aquí una vez más se demuestra que se debe escribir con las tripas, lo que no significa que la cabeza no tenga que estar bien atenta a todo lo que se escribe para racionalizar y poner en su sitio cada elemento.

El narrador puede ser determinante

Otro punto crucial para hacer una estructura previa es atender al narrador. Es muy importante definir el narrador al mismo tiempo que se estructura la novela. Ya que la voz o las voces que van a contar la historia también la determinarán.

No es lo mismo una novela en primera persona que en tercera, ni con varios narradores o con uno. Eso también tendrás que tenerlo en cuenta a la hora de contar los hechos y para que nunca, jamás, repitas datos, a no ser que estés contando las distintas interpretaciones que tienen los personajes de ellos.

De hecho, hay novelas cuya trama central está basada exclusivamente en su narrador, digamos que lo único importante es lo que le pasa a él. Sucede, por ejemplo, en algunas novelas escritas en primera persona. En estos casos estructura y narrador son lo mismo. Aunque eso no te exime de hacer el esquema con los puntos álgidos de tu historia.

Experimentos, con gaseosa y en casa

Si es tu primera novela, el mejor método de estructurar tu historia es contándola por el principio y linealmente. No dudo de tus capacidades, pero hacer cambios en el tiempo y el espacio, crear estructuras paralelas o circulares, requieren un conocimiento importante del oficio de escritor.

Además, una estructura u otra no añade o resta calidad a un libro. Lo importante es contar la historia y emocionar al lector con ella. Tus recursos brillarán si dominas la técnica que utilizas.

Escribir una novela es algo que requiere un mimo exquisito. Si tus capacidades están al límite para conseguir llevar a cabo esa estructura soñada, no van a poder atender a la emoción que tiene que tener el lector cuando lea lo que estás escribiendo, se van a escapar detalles fundamentales para la historia. Así que el resultado de pensar que ya que te pones, lo tienes que hacer más difícil todavía, puede ser un fiasco de los buenos.

¿Por qué hacer una estructura de tu novela?: seis puntos esenciales
Yo tenía una ciática tremenda y un sobrepeso considerable y, dos capítulos después, mírame. Me levanté una mañana y, hala, a hacer yoga divinamente.

No se juega con la escritura, si de verdad quieres hacerlo bien. No es un reto, no es escribir 1.000 palabras al día. Escribir es poner los cinco sentidos en que tu historia sea la maravilla que tienes en la cabeza y para ello deberás usar todos los recursos que tienes a tu disposición. Cuántos más sean, mejor. Aunque también significa que es importante saber a qué atenerte en cada momento. En la escritura, menos es más. Siempre.

Estructurar la historia es más un recurso interno del autor, una herramienta que debe usar siempre antes de ponerse a escribir, pero ni determina la historia, ni se debe notar. Si te esfuerzas por meter una historia en un armazón que no es el suyo, lo más probable es que estallen las costuras o te venga grande el proyecto. Es igual de peligroso que no hacer ningún bosquejo antes.

Si a estas alturas sigues pensando que la inspiración es lo primero para ti y que ir con un mapa va a matarla, en fin, ¿cuántas excusas vas a tener que ponerte para no caer en la grandeza de una brillante estructura previa? Sin una buena base, lo habitual es perderse, dejarse llevar por lo que buenamente piensas cada día y tus personajes no tendrán un arco bien definido y puede ser que un día de estos, de gran inspiración, los desmontes con cualquier genialidad que se ocurra. Nos pasa a todos.

Si dejas tu historia a su aire, los detalles que destrozan la trama pueden convertir tu novela en un campo de minas continuo. Y te lo digo porque me he encontrado ya muchas en el camino. Tiemblo cada vez que alguien que quiere trabajar conmigo a la pregunta de cómo has hecho la estructura, la respuesta es ay, si no he hecho ninguna. Entonces , sé que ahí vamos a tener que trabajar mucho y nunca me equivoco.

Ah, si no ves claro cómo hacer tu estructura, yo te puedo ayudar, aquí te lo cuento.

¡Venga, a escribir!

7 claves para hacer una escena erótica que no dé risa

7 claves para hacer una escena erótica, vamos a por ellas. Escribir una escena erótica efectiva es una más que ardua tarea. Hay muchos límites y es complicado empatizar con todas las formas de excitarse que tiene el lector. La línea que separa lo excitante y erótico de la risa, el asco o directamente la vergüenza ajena es muy fina. En nada te plantas en otros géneros (underground, naturalista, feista… ) o a saber dónde.

Cómo escribir una escena erótica

Vamos con esas 7 claves para escribir una escena erótica que no dé risa. Para empezar, esa escena debe estar dentro de una buena novela. Si no es así, en fin, dedícate a otras artes, por mucho que tu cabeza se llene de situaciones que podrían a punto de caramelo al más pintado, tal vez, lo tuyo no sea escribirlas. Te dejo un enlace con algunos consejos para escribir que se servirán como antesala a este post.

Cómo escribir una escena erótica: con una buena trama

Una buena trama, personajes redondos, diálogos trabajados y en su sitio, tono y estilo adecuados, buen ritmo de lectura… Y un largo etcétera. Si no consigues que el lector empatice con los personajes difícilmente vas a conseguir que se excite con ellos.

Así que todas esas novelas eróticas en las que los personajes son más planos que un teletubi y se dedican a darle que te pego sin medias tintas, en fin, va a ser difícil que entren dentro de un género literario. Serán otra cosa, pero no una novela.

Entiendo que hay mucho público que busca literatura erótica porque le da cosica ver videos en internet, cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero hombre, un poco de por favor. Que algunas novelas son un conjunto de escenas encadenadas de posturas. Creo que el Kamasutra tiene más argumento.

Prepara bien la escena

Dicho esto vamos a lío. Hay que preparar el terreno. Saber cómo introducir una escena de estas características es más importante casi que escribirla. Buscar el hueco en la trama, que sea muy verosímil, esto es muy importante. Si el lector no puede creérselo, lo leerá como el que oye llover y la escena resultará un fiasco. Así que busca escenarios atractivos, en los que a tus potenciales lectores y, sobre todo, a tus personajes les guste estar. Y que sean coherentes con la trama de la obra.

Dónde está el límite

Otro punto importante es hasta dónde llegar con las descripciones. Desde siempre se ha dicho que es más importante insinuar que mostrar directamente, pero en este tipo de escenas, en fin, mira a ver cómo insinúas. A veces, el lector se piensa que los personajes están haciendo de todo menos lo que deberían en ese momento. Claridad ante todo. Que no significa que lo tengas que contar todo.

Orden en la sala

Piensa bien la escena antes de escribirla y elige la manera más clara de contar cómo se mueven tus personajes. A veces, en estas escenas el narrador se hace tal lío de brazos y piernas enrollados que parece que estén jugando al nudo humano o directamente descoyuntándose. Asegúrate que describes bien cada movimiento y si no te ves muy allá en este medio, las elipsis funcionan de maravilla.

Alíate con la imaginación del lector, si sabes cómo detonarla, con muy poco podrás escribir esa escena de alto calibre. Es la mejor manera de conectar con su forma de excitarse, dejándole libertad para que sea él el que se imagine un poco a su aire qué está pasando. Para ello, claridad y medida. Cuatro pautas bien claras y el resto lo pone el lector.

Documentación imprescindible

Otro error es no documentarse. Como todo, es imprescindible saber con qué armas juegas. No puedes ser original en este tipo de escenas sin saber hasta dónde puedes llegar. Y qué es necesario para cada una de las prácticas que les hagas hacer a tus personajes. Antes de meter demasiadas cosas en algún sitio , preocúpate de que quepan, por favor te lo pido.

Y algo esencial, que va al hilo de saber qué pasa concretamente en estos momentos en la vida real, es que jamás, nunca, se te ocurra decir que alguno de los personajes implicados pone voz ronca, grave, o lo que sea, en medio de estas escenas, ni antes ni después. Por Dios bendito. Ni que fuera la niña del exorcista. Como mucho susurra.

¿Pero qué es poner voz ronca? Están constipados o qué. Es que sacas al lector de inmediato de aquello. Es tan inverosímil que su mente corre a comprobar si en estas lides, a alguien que conozca le ha cambiado así la voz… Y no. De que quiere volver, la libido se ha ido a mejores sitios y adiós muy buenas.

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Lo que ves tú en tu cabeza versus lo que ve el lector cuando lee que el muchacho habla con la voz ronca

La coherencia del personaje

Otro factor que influye es cómo sean tus protagonistas y si es verosímil que adopten determinadas posturas o se salgan por completo de su arco natural por llevar a cabo aquello que has inventado para ellos. Una escena erótica debe ser creíble y, ante todo, posible. Si colocas a tus personajes en escenas imposibles y se dejan llevar por situaciones que se salen de su plano vital, desmontas al personaje.

En caso de hacerlo, preocúpate del antes y el después. Primero introduce y justifica de la manera más orgánica posible. A posteriori, debes ser consciente de que el arco del personaje ha cambiado y necesitas actuar en consecuencia.

Es decir, si tu protagonista es una monja de clausura, piadosa e íntegra, difícilmente romperá su obligado celibato, a no ser que le de algo y cambie radicalmente su vida practicando sexo desenfrenado; con quien sea, que eso es lo de menos en esta circunstancia. Este caso es un extremo, pero es que hay ejemplos en los que el giro que da el personaje es tan brusco que sería mejor darle un golpe en la nuca y acabar cuanto antes con la tortura.

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Personaje después de una escena más calentita que el infierno

Nada como saber usar el lenguaje

Además de todo lo anterior, una de las claves radica en el lenguaje, en la medida y en el conjunto que evoquen las palabras que utilices. Por ejemplo, en esta situación, no sabes quiénes son los protagonistas, pero seguro que tu libido se anima:

«Ese dedo en mi espalda, esa mirada, tan cerca. Sentí millones de agujas diminutas que recorrieron todos los nervios de mi piel»

Cuidado con las palabras, hay algunas muy peligrosas porque tienen connotaciones que desmontan todo el clímax. Un ejemplo, contrario al anterior:

«Manolo insertó su aparato en la vagina de María y soltó un bufido»

O la belleza de:

«Cogió sus órganos sexuales y los paso por la barriga de la chica»

Y créeme, no son exageraciones.

Llama a las cosas por su nombre, nunca mejor dicho, pero elige bien las palabras que utilizas, sus connotaciones y en qué momento las usas.

En la antesala del placer, el lenguaje es el rey. Si sabes tratarlo no existen los límites, puedes describir casi cualquier escena que el lector te seguirá gustoso.

Y mucho respeto

Eso sí, siempre con respeto hacia tus personajes y al género humano. Esta es una temática vapuleada en muchos aspectos. En parte debido a la inclusión en ella de novelas trifásicas llenas de lugares comunes, con una trama penosa y para colmo denigrantes para las mujeres y hasta con violencia de género incluida. En muchos casos, te encuentras con libros que son un manual de todo lo que no se tiene que hacer para escribir una novela erótica.

En resumen, utiliza bien el lenguaje, sé coherente con tu trama y tus personajes, busca escenarios adecuados y deja que fluyan las escenas. Cuanto más reales y creíbles, mejor. Y hasta aquí estas 7 claves para escribir una escena erótica.

Ah, te dejo un post que escribí hace tiempo para Olé Libros que también trata sobre este tema.

¡A disfrutar!

Por qué usar la primera persona

Por qué usar la primera persona. Este narrador habla de novelas que profundizan en la mente del personaje, aunque no todos son iguales ni lo hacen de la misma manera. Este post espero que te sirva para aprender más sobre este tipo de narrador y así poder usarlo cuando tu historia lo necesite. Porque esa es otra, no eres tú quien elige al narrador, es tu historia la que tiene uno que debes saber ver.

Por qué elegir un narrador en primera persona

Muchos autores me escriben agobiados porque su historia no fluye, no hay manera de conseguir que la estructura que han planteado se vaya formando porque hay momentos en los que se para sin remedio y no vuelve a arrancar. En muchas de estas ocasiones, ocurre que no han elegido bien al narrador. Otras es porque tienen que tirar 20 páginas a la basura, como dice Almudena Grandes.

El narrador forma parte del hilo conductor de la historia, quien tiene las claves del ritmo, prioriza los datos y ofrece las pinceladas del universo en el que se va a enamorar el lector. Así que hay que tratarlo con reverencia.

¿Cómo elegir al narrador que tiene que contar tu historia?

Por qué usar en narrador en primera persona. Lo único que puedes hacer es ponerte a escribir y ensayar con varios narradores, casi de inmediato sabrás cuál es tu narrador. Olvídate de esas ideas absurdas de «he pensado que voy a escribir una novela en primera persona». Porque sí, sin tener más datos. Sin saber si la historia que quieres contar se va a vehicular bien con ese narrador es una locura. Y ni se te ocurra pensar que la tercera persona es más fácil y lo aguanta todo.

Si necesitas algunas pistas más, te diré que pienses en lo que quieres contar, cómo se va a entender mejor la historia, con un narrador que lo sepa todo, pero no puede profundizar tanto en un personaje o es necesario profundizar en la mente de un personaje o de varios para poder entenderla. Porque también existe la posibilidad de varios narradores en primera persona. Difícil, complicada, pero deliciosa si se sabe hacer bien.

Un narrador muy subjetivo y a la vez equidistante

Da la casualidad que últimamente he leído algunas novelas que tienen ese narrador y todas ellas han resultado estupendas y muy efectivas. Creo que la mejor manera de explicar este narrador es con ejemplos, así que vamos con el primero: Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson.

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Esta es una novela muy especial, su primera persona es muy particular y de eso te das cuenta nada más comenzar a leer, ves que algo no está funcionando bien en esa cabeza o que tal vez funciona demasiado bien. El caso es que es una primera persona sincera y clara, a pesar de que se guarda muchos datos y los va desgranando poco a poco a medida que el lector va conociendo mejor a la protagonista y al resto de los personajes que la pueblan.

La primera persona de esta novela es muy exterior. Vamos a ver si me explico. Es una primera persona que no te cuenta todo lo que siente o piensa la protagonista, actúa casi como un narrador en tercera persona, sobre todo en el personaje de su hermana porque puede hacerlo, la conoce muy bien, pero también lo cuenta a través de los gestos o lo que cuentan otros personajes que nos deja atisbar dentro de ellos. Así en muchos momentos sigues la historia olvidándote de que te la está contando ella en algunas ocasiones. Y eso también tiene un aquel y un por qué. En este caso desde luego.

Y es que esta primera persona más alejada es perfecta en esta ocasión, en la que una voz más profunda podría distorsionarse. No quiero hacer spoiler, pero me da la impresión de que si no te cuento que el personaje tiene algunos problemas, tampoco podría justificar bien esto que acabo de decir.

El caso que es su visión es bastante distorsionada y hace cosas que no debería hacer un narrador para mantener el halo de misterio hasta el final; algo que no se le consentiría a otra primera persona porque o destrozaría la estructura o desvirtuaría el papel que el narrador que debe tener en una novela. O sea, la autoridad suficiente para que el lector le permita contar la historia desde su perspectiva. Y no digo más porque quiero que leas la novela.

La novela negra y el narrador en primera persona

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Seguimos con buenas novelas, ahora le toca el turno a Despiertame cuando llegue septiembre, de Mónica Rouanet. En este caso, la primera persona cuenta toda la historia también a través de ella. Es una primera persona mucho más profunda que no tiene que dar tantas muestras de que puede llevar la historia ella sola. La protagonista, una mujer madura, emprende un viaje a Inglaterra desde un pueblo de la costa valenciana en busca de su hijo desaparecido.

Es una novela de detectives guiada con maña por esta primera persona que se sale de todos los cánones de la novela negra. El estilo y la sencillez con que esta mujer se expresa engancha desde el principio y ahondamos todo lo que nos deja la autora en sus pensamientos. Un inconveniente de la primera persona en la novela negra; o en toda aquella que el suspense o cómo se desgranan los datos sea la clave; es que el personaje no se puede guardar nada porque sí. Aquí está resuelto narrando en presente. El personaje no te puede contar nada que no sabe en ese momento.

Por otro lado, en una novela de estas características, la primera persona se puede quedar corta y el autor, en este caso la autora, tiene que ingeniárselas para que todo cuadre, pero Rouanet lo resuelve bastante bien y en los momentos en los que se tambalea, la voz que te lo cuenta todo es tan buena que deja de tener importancia.

Ahí es cuando entra en juego la importancia de elegir bien el narrador porque uno bueno te salva una novela que en otras circunstancias se desmontaría por sí sola.

Varios narradores en primera persona

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Tercer ejemplo, Un hotel en ninguna parte, de Mónica Gutiérrez. Aquí hay tres primeras personas, vamos conociendo la historia de la mano de estas tres voces y esta avanza a través de ellas. hay una que predomina sobre las demás, la de la protagonista. Y el juego se establece mediante correos electrónicos. Una buena herramienta para contar una historia. La narrativa epistolar es un recurso que viene de lejos.

Otra muestra de primeras personas y correo electrónico es Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer, maravillosa. Dos voces que se enamoran a través del correo electrónico. Esta es inolvidable, entre otras cosas porque es impecable en su ejecución.

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La dificultad de elegir varias primeras personas viene dada por ser capaz de utilizar un tono distinto y una voz que se diferencie del resto. Aquí no hay trampa ni cartón, si tienes habilidad para cambiar el registro puede funcionar, si suenan todas las voces iguales, se verá como un recurso pretencioso al que no has sabido sacarle partido. Así que piénsalo bien antes de tomar esta decisión.

Una obra que estoy leyendo en estos momentos que utiliza este recurso y lo hace bastante bien es Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. Cada capítulo es una voz. La de los amigos que forman un grupo y a través de ellos los vamos conociendo más. La trama avanza y retrocede a medida que se suceden las voces. En este caso es un buen recurso porque algunos de ellos tienen secretos, a los que el lector nunca podría acceder a no ser que se utilizara esta primera persona.

Es una delicia ir descubriendo qué piensa cada uno de lo que se va contando y cómo enfocan sus vidas muy diferentes una de la otra. Es una visión muy parcial de lo que se cuenta, claro, con claros y oscuros, con elipsis, con saltos en el tiempo, pero la historia se entiende de maravilla y la novela engancha mucho precisamente porque el lector quiere saber qué piensan unos de los otros. Un juego al que Butler sabe jugar y tiene bien medido, sin duda.

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También utiliza varias primeras personas una de mis autoras fetiches, Maggie O’Farrel en La Extraña desaparición de Esme Lennox (te dejo la reseña aquí). Y lo hace de manera magistral como casi todo lo que hace. Otra historia que sería imposible de contar sin estas tres voces.

Preguntas clave

Si a ti no te va eso de ir probando en qué narrador fluye la historia (aunque te digo que es lo mejor) aquí te dejo las preguntas clave que te indican qué narrador elegir:

  • ¿Qué datos vas priorizar primero?
  • ¿Qué estructura va a tener lo que quieres contar?
  • ¿Desde qué perspectiva debes hacerlo?
  • ¿Hasta dónde quieres profundizar en los personajes?

Estas cuatro preguntas son ideales para descubrir en qué narrador debe recaer la historia. Si eliges bien, verás que todo fluye y encaja a la perfección.

Lo esencial de una primera persona

Las historias contadas en primera persona suelen enganchar al lector porque es capaz de verse reflejado con mucha más precisión que en una historia contada en tercera persona. Aunque se corre el riesgo de no calibrar bien esa voz y perjudicar precisamente esa línea empática.

Si te nace contar algo en primera persona, te pones a escribir y todo fluye, es sin duda en narrador que debes escoger. Eso sí, a partir de ese momento, estudia muy bien a ese personaje, conócelo más que a tu propio ser y ponte a ello.

Si son varias voces, la cosa se complica, pero no te desanimes, Haz un estudio pormenorizado de todas las personalidades, elige formas de expresión que puedan diferenciarlos, gestos, movimientos, formas de relacionarse y un largo etcétera tan largo como variables existen en los diferentes elementos que componen el carácter de una persona. Después, ponte a ello en esa clave.

Sobre todo, nunca tengas miedo, no hay forma de saber hasta qué punto uno es capaz de hacer algo hasta que se pone a ello. Así que mucho ánimo. Lee mucho y adelante.

Carles Brotons. Viaje a Nepal. Entrevista. Casos de éxito

Carles Brotons es un alma libre. A él le gusta volver y le gusta escribir. Montañero, apasionado de los viajes en moto y enamorado de la aventura. Le encanta conocer nuevas culturas, ponerse a prueba o salir sin más que dos mudas y su moto. Brotons sigue la estela de los grandes exploradores y nos cuenta en este libro, Viaje a Nepal, una de sus muchas experiencias alrededor del globo.

Carles Brontos: «Tenía ganas de explicar mi experiencia en ese país y esas montañas»

Carles Brotons en uno de sus momento de este viaje a Nepal
Uno de los momento en los que se comenzó a gestar este libro

Viaje a Nepal es un cuaderno de bitácora emocionante, repleto de paisajes y noches heladas, donde la aventura se vive a flor de piel y la naturalidad invade las páginas. Si quieres hacer un buen viaje a las montañas de este país sin salir de casa, este es tu libro.

En 1998 dos amigos emprenden un viaje a Nepal con prácticamente lo puesto y muchas ganas de vivir la experiencia. A veces, los impulsos pueden costar caros y el protagonista de esta aventura te lo contará desde tan cerca que sentirás la nieve bajo tus pies.

Con una prosa sencilla y limpia, Brotons te invita a una lectura apasionada, repleta de contenido, diversa y llena de momentos irrepetibles.

Sherpas, ascensiones, paseos de ensueño, las múltiples posibilidades del aprovechamiento de yak y entrañables compañeros de viaje. Carga tu mochila y vamos a recorrer este libro de la mano de su autor. Con él te dejo.

La entrevista:

¿Qué te llevó a escribir Viaje a Nepal?

Tenía ganas de explicar mi experiencia en ese país y esas montañas. He estado varias veces en Nepal y ha cambiado mucho desde esa primera visita, hace casi 22 años. Me apetecía explicar cómo era en esa época.

¿Qué se va a encontrar el lector cuando abra este libro?

En su momento fui escribiendo un diario de viaje, en una libreta sobre el terreno y sobre esa base se ha ido desarrollando el libro.

Aquí cuentas algunas historias muy crudas, ¿todo eso sucedió en realidad?

Absolutamente todas son ciertas, aunque en realidad no me parecen tan crudas. Quizá sea porque el tiempo pasado le da otra perspectiva.

¿Cómo ha sido tu proceso creativo?

Sobre todo, muy divertido. He disfrutado rememorando situaciones y paisajes. Para ello he tenido que documentarme también en las fotos que hice durante el viaje.

Por lo que dices, tomas notas durante el viaje, ¿cómo lo haces?

Antes no salía de viaje sin una cámara fotográfica, una libreta y unos cuantos bolígrafos, de hecho tengo unas cuantas libretas guardadas de diferentes viajes. Lo que hacía era tomar notas sencillas, de lo que iba pasando sobre la marcha, y en cuanto tenía un momento más tranquilo lo ordenaba un poco, todo en la misma libreta. Desde hace un tiempo, ya no llevo libreta y lo hago todo desde el móvil. En él tomo notas escritas o de voz sobre la marcha, además de sacar fotos. Me baso mucho en las fotos para recordar situaciones y momentos, y transcribirlos después.

¿Qué es lo que más te ha gustado y lo que menos de la experiencia de escribir Viaje a Nepal?

Lo que más me ha gustado es darle forma, ver como el texto va creciendo, va ganando personalidad. No hay nada que no me haya gustado, pero por decir algo, tal vez, tener que deshacer algún nudo, el esfuerzo de repensar y darle vueltas a un texto, para desatascarlo, pero en definitiva es parte del proceso creativo.

Como sé que eres motero, cuenta qué tres accesorios son imprescindibles para vivir una buena aventura en moto. 

Lo único imprescindible es la moto. Con cualquier moto, por pequeña o vieja que sea, puedes llegar a donde tú quieras, sólo es cuestión de tiempo. Lo importante no es lo material, sino tener una actitud positiva y mentalidad abierta. Y sobre todo estar dispuesto a aprender algo todos los días, de la gente que se cruza en tu camino y del lugar en sí.

Carles Brotons viajes nuevo libro
Carles Brotons en busca de su próximo libro

Creo que tienes ya un nuevo proyecto en puertas, ¿nos puedes contar algo de él?

Sí, de hecho tengo varios. El que está más avanzado se trata de una recopilación de historias y anécdotas que me han pasado viajando en moto, en algunos de mis viajes por el mundo, a lo largo de 40 años. Algunas de ellas yendo sólo, algunas viajando acompañado. Otro proyecto en marcha, aunque muy incipiente todavía, es una novela, mi primera novela. Le tengo mucho respeto y todavía es pronto para dar más señas de ella.

Qué es una reunión estructural. Y por qué la necesitas, si escribes

Qué es una reunión estructural. Y para qué la necesitas, si escribes. Hoy voy a hablar de uno de los pasos fundamentales para editar un libro. Una gran desconocida que sin embargo es fundamental para valorar hasta qué punto un libro está bien construido de forma rápida. Vamos a ver en qué consiste.

Para qué sirve una reunión estructural, si estás escribiendo

Una reunión estructural sirve para analizar la estructura de una novela y descubrir si su trama y personajes están bien construidos. Por eso es un paso clave de un editing, porque pongo en marcha mis alarmas y consigo meterme en la cabeza del escritor para potenciar su obra. También para el inicio de otros servicios siempre que se necesite este análisis, claro.

Después de esta reunión, sé qué quiere contar y transmitir el autor o autora y si lo ha hecho tal cual quiere en la obra. Si quieres descubrir de manera rápida si tu obra funciona bien, busca una.

Las preguntas clave para mejorar un libro

Hacer las preguntas adecuadas (en cualquier circunstancia de la vida) es la forma más rápida de saber qué pasa. En esta reunión, ellas son la clave. Las respuestas servirán para poder componer un plano mental de lo que sobra o falta en esa trama. Estas preguntas varían mucho en función de la obra, pero para que te hagas una idea de que no son nada del otro mundo, pueden ser las siguientes:

  • ¿Cómo son tus personajes?
  • ¿Qué historia quieres contar?
  • ¿Cómo la ha contado? O lo que es lo mismo, ¿qué estructura tiene?
  • ¿Qué quieres conseguir con la obra?
  • ¿Qué ideas subyacen en el texto?
  • ¿Qué tono y estilo crees que tiene lo que has escrito?

Y un sinfín más en función de lo que quieras buscar. Cada libro tiene unas preguntas diferentes, aquellas que te van a indicar de una manera más rápida por dónde hace aguas.

Qué cuentan las respuestas

En función de las respuestas, veo claramente qué tiene en la cabeza esa persona y qué ha escrito en su libro. Si se corresponde y si funciona. Qué puede fallar y por dónde sería mejor comenzar a corregir o editar, en caso de ser necesario. Así, consigo saber, entre otras muchas variables:

  • ¿Qué hay que cambiar para que se puedan contar esas ideas que el autor tiene en la cabeza de manera efectiva?
  • Si existen huecos en la trama, en el caso de una novela.
  • Si los personajes resisten la historia y si se han construido bien.
  • Si es verosímil lo que veo a priori.
  • Si la jerarquía de los temas tratados (en el caso de un ensayo) va a ser bien interiorizada por el lector.
  • Si la cadencia de los relatos que componen el libro es la adecuada y hace honor al hilo conductor que quiere el autor (en el caso de un libro de relatos).
  • Si en algún momento la trama choca con el imaginario colectivo o será complicado que se asimile bien por parte del lector.
  • O qué potencialidades se le han escapado al autor hasta ahora.

A partir de ahí, el autor puede obrar en consecuencia y mejorar todos esos puntos para, al menos, tener una base sólida sobre la que trabajar en posteriores procesos.

Y es que la estructura es la raíz del libro y en ella no solo influyen las tramas, también la construcción de personajes, sus arcos evolutivos y muchas más variables que se pueden indagar sabiendo qué tiene en la cabeza la persona que ha escrito la obra.

Si un libro no tiene la estructura adecuada, su derrumbe es seguro. En la última entrevista que le he hecho a Almudena Grandes (y en prácticamente todas las demás, que ya son unas cuantas) hablábamos de la importancia que tiene la estructura en una novela.

Ella decía que le sorprende que actualmente no se valore la importancia de construir bien el esqueleto de una novela, cuando es lo más importante para que el lector pueda entender la historia tal y como la quiere contar el autor. «Una novela es como una casa. Si es fea y esta bien construida, tiene arreglo. Si una novela es muy bonita, pero está mal construida, se cae, entonces acabó la novela».

Si eres fans de esta autora, sabes que en sus libros calcula, hasta la extenuación, donde tiene que introducir una nueva voz o un nuevo flashback. Todo está medido y pesado en sus novelas. Y eso se nota, en sus respuestas, solo con entrevistarla una vez. Y, por supuesto, en sus libros.

Así que, ya sabes, los cimientos son lo más importante de una novela. Si no los asientas bien, adiós.

Qué es una reunión estructural. Y por qué la necesitas, si escribes 18
—No te imaginas cómo era por dentro.
—Un asco.
—No, era preciosa, al principio vendí muchas iguales.
—Y ¿qué pasó?
—Uy, se me olvidaron los cimientos y claro…
—Ya.
—¿Quieres una?
—Disculpa, tengo prisa.

El próximo post que escriba abordará la importancia de la estructura, y lo importante que es tenerla clara, al menos en la cabeza, antes de ponerte a escribir. Si eres de brújula, ya puedes ser una eminencia escribiendo. Aún así en una reunión estructural te voy a pillar en un renuncio, seguro. Todos los autores que dicen escribir al servicio únicamente de la inspiración tienen huecos hermosos en sus tramas. Llámame loca, pero es así.

¿Para qué sirve una novela?

¿Para qué se escribe una novela? ¿Te lo has planteado alguna vez? Bajo mi punto de vista, en primer lugar, para contar algo muy personal, que te obsesiona, algo que tiene que salir afuera para ayudarte a ti a entenderlo, asimilarlo o superarlo.

Después, para que los lectores, en principio, se entretengan. Y, por supuesto, es ya maravilloso cuando se identifican, sienten, aprenden y viven en primera persona aquello que tú necesitas contar, de la manera en que lo quieres hacer. Leer tiene infinidad de funciones que no existirían si alguien no escribe antes.

Teniendo claro el origen, es evidente que esa historia se ha de contar tal y como la tienes en la cabeza. Como dice Rosa Montero, los libros para ser auténticos deben salir de las tripas. Precisamente para que cuando el lector los lea encuentre en ellos esa verdad, ese prisma que nadie le ha contado, ese momento único real y palpable. Pero eso no sucede, si no has sabido contar esa historia.

Por eso es importante esta gran desconocida que llamo reunión estructural. En ella se constata que aquello genuino y verdadero que el autor quiere contar y que dará luz al texto, se ha plasmado de la mejor manera y sin fisuras.

En ella se desvelan los sesgos, las amenazas o los agujeros por los que se pierde esa magia… Esa es la función del editor y se comienza a gestar en esta reunión estructural.

¿A quíen le interesa una reunión estructural?

Te viene bien, si escribes. Siempre. Es como un GPS que marca la ruta a seguir en cualquier punto del proceso.

Mucho de lo que tiene en la cabeza el autor cuando se pone negro sobre blanco no funciona, porque las ideas para las novelas son un poco como los sueños, lo verosímil se mezcla con lo inverosímil y nuestra cabeza nos tiende trampas.

En más de una de estas reuniones (por no decir en todas) el autor tiene un momento de no creerse que aquello con lo que acabo de enfrentarlo es una amenaza para su obra. Es normal, lleva un montón de tiempo dedicado en cuerpo y alma a escribir o a pensar qué va a escribir. Y llego yo, que no lo conozco de nada y le desmonto la trama en un segundo. Pues alucina.

No importa lo bueno que seas, lo mucho que sepas de literatura, lo mucho que leas, aquello que ves claro en tu cabeza, se puede desmontar en cualquier detalle. Hasta que alguien externo no te enfrenta a ello, es imposible que lo veas con claridad.

Eso sí, luego no se necesitan demasiadas justificaciones para que el autor lo vea tan evidente como yo. Sobre todo, si ha trabajado esa obra en condiciones.

Son instantes reveladores. Mi interlocutor se queda clavado a la silla, pensando cómo es posible. Verdaderos agujeros, personajes que se contradicen a cada paso o tramas imposibles son algunos de los más comunes.

Reconozco que cuando he estado en el lugar contrario, al principio la perplejidad no te permite pensar, pero te cuento un secreto: adoro esos momentos. También las veces en que la interlocutora era yo.

Para qué sirve una reunión estructural

Y es que cuando nos imaginamos nuestra historia, todo funciona bien en nuestra cabeza, los agujeros los suple nuestro cerebro con lo que sabe, pero para contarle esa historia a alguien que no tiene ni idea, hay que enfrentar al cerebro con lo que hay, sin que pueda rellenar él lo que falta o quitar lo que sobra. Y esto nos pasa porque somos humanos y porque nuestro cerebro es una maravilla inverosímil, en sí mismo.

Y pasa con cualquier género, también en los ensayos. Por ejemplo, cuando tengo delante la estructura, nos damos cuenta de que la idea que brillaba sobre todo estaba escondida entre las profundidades del capítulo 15.

Cuando la saco de allí y la expongo en toda su magnitud, al autor le parece imposible que aquello tan hermoso haya estado abandonado todo el tiempo. Solapado con capas y capas de ideas mucho menos potentes.  Pues para eso sirve una reunión estructural.

Es como poner a prueba todos los elementos con los que vas a construir o ya has construido el libro. Pasar revista a sus funciones y pensar si las variables que lo componen están en el lugar adecuado para sacarles el máximo rendimiento.

Los peligros de este recurso

Huelga decir que para hacer tal cosa, se debe elegir bien al profesional que pueda sacar todo ese potencial. Ya que es un momento muy delicado de la creación y edición. Un mal consejo puede defenestrar una obra. Y esto hay que tenerlo siempre en cuenta.

Para poder identificar si estás ante un buen profesional, hay una comprobación sencilla. Cuando te señala algo que no está cumpliendo con su papel, ¿justifica todo lo que dice? ¿Te da razones más que suficientes para que lo cambies? ¿Te lo explica de mil formas diferentes, si no lo entiendes? ¿Busca alternativas, si decides que no quieres cambiarlo? Si a todo esto has contestado que sí, estás ante un buen profesional que sabe lo que hace. Tu libro está en buenas manos.

Al respecto, muchas veces me encuentro con gente que me dice:

—¡Madre mía! No me quiero imaginar las peloteras que tendrás con tus autores. Después de escribir un libro y dedicar todo ese tiempo a algo tan suyo, vas tú y les dices que tienen que cambiar un montón de cosas.

La respuesta está clara:

—Me contratan para eso.

Además, nada más lejos de la realidad. El autor está muy agradecido de que le descubras todos esos puntos negros en su obra. En un segundo entiende lo que le cuentas. Es muy raro que existan desacuerdos. Sí,  las resistencias normales y sanas.

Existe un antes y un después de esta reunión en la construcción de una novela y todos los autores que han tenido esta experiencia, aprecian hasta qué punto les ha cambiado la visión sobre su propia obra. No hay discusión posible. Al menos, nunca he tenido una en este punto.

¡Hasta la próxima! ¡A escribir!

Si quieres una reunión estructural conmigo, solo tienes que mandarme un correo a proyectos@eltinteroeditorial.com y nos ponemos en marcha.

Cómo motivarse para escribir en medio de una crisis

Cómo motivarse para escribir. Manuel Vilas decía en un tuit que no podía escribir entre tanto horror. Y es que estamos encerrados, anonadados, pasmados, alucinados, incrédulos y muertos de miedo… Sigue tú que también te sabes este cuento porque ni en nuestras mejores/peores distopías habíamos previsto algo así. Aceptar cómo te encuentras es el primer paso para superarlo y ponerte a escribir.

Este post quiero que sirva para mandarte toda la energía que tengo, las ganas y el amor que necesitas para ponerte en marcha. Es mi granito de arena para que aproveches el hoy y, si tienes la posibilidad, es decir, estás en casa, recibas ese empujón de fuerza que necesitas para seguir escribiendo.

Cuando el coronavirus te impide escribir, ¿qué haces?

Sé que añoramos todo del exterior, principalmente, amigos, amantes, familia y terrazas. No sé si por ese orden. Las noticias vuelan y se estampan en nuestra cara, la cabeza no da para discernir cuál de ellas contiene algún porcentaje de verdad ni cuál es en concreto la fracción de verdad que tienen. Los niños corren enloquecidos, nuestra pareja es un gran desconocido/da. El pijama ya forma parte de nuestra piel. Que sí, que eso de vestirnos como si fuéramos a salir lo hicimos, pero duró poco. Qué necesidad hay teniendo pijamas.

El ejercicio, uff, dos días también nos duró. Eso sí la nevera va que tiembla. Resulta que podría seguir durante todo el artículo, son tópicos de esta crisis total. Tan tópicos y exactos porque le pasan a todo el mundo o a un 99% de la población (ahora que nos estamos familiarizando con los porcentajes porque son mucho menos terribles).

Y si este maldito virus ha afectado a tu salud o a la de alguien cercano, sé que no puedo contarte nada, al menos, no sé qué decirte. Solo que te dedico este artículo. Si te gustaba escribir o tenías en mente hacerlo, vas a poder después. Ahorra fuerzas y no dejes que te lleve el miedo a ese territorio lleno de sombras, vas a superarlo, seguro. Piensa en toda la gente que está contigo mentalmente. En los aplausos de las ocho de la tarde que también van por ti.

Y si estás jugándote la vida para salvar la nuestra, si eres uno de ellos, todo el reconocimiento es poco. Espero que esto no se quede en aplausos, sino que todos seamos capaces de luchar por vuestros derechos, que son los de todos.

No me gustan las recetas en las que se obvia el sufrimiento de la persona que lo está pasando mal a fuerza de mensajes positivos desde territorio seguro. No me puedo imaginar por lo que estás pasando y solo te digo que estoy contigo y dentro de mis posibilidades espero que este artículo, si te apetece leerlo, te ayude en alguna medida.

Como ves, si tu salud es buena y estás en casa, ya llevas mucho ganado, así que voy a dejar de contarte lo que ya sabes y a intentar que salgas de esa rutina amodorrada y ansiosa y te pongas a escribir o, a malas, a leer. Y, por supuesto, si has decidido tomarte unas vacaciones y no quieres escribir, no pasa nada. Una de las mejores actitudes, ante una situación así, es dejar la culpa a un lado. Cuanto más nos machaquemos con ella, menos vamos a rendir. El cerebro funciona así.

Cómo motivarse para escribir: no pienses en nada

Aquí es probable que me cubras de insultos (Elena Ferrante es magistral utilizando esta frase), pero tienes que controlar la mente. Sé que dirás: sí, claro, como no tienes dos hijos y una incertidumbre tremenda, es muy fácil decirlo. ¿Quién te ha dicho que no estoy igual que tú? Seguro que no. Nadie tiene las mismas condiciones que otro, porque todos somos distintos y tenemos distintos caldos de cultivo, pero la inmensa mayoría puede controlar su mente si se lo propone.

Ya sé que es muy complicado. Lo has intentado muchas veces, sobre todo, cuando te vas a la cama y no puedes dormir. Aún así, merece la pena intentarlo de nuevo. Céntrate en tu respiración. Mándate mensajes de ánimo y agradecimiento. Piensa, verás como tienes mucho que agradecer: a tu cuerpo, a tu mente, a tu vida, a tu alrededor… El resto de pensamientos son nubes que pasan sin quedarse. Si te atrapa alguno, sin culpa, vuelves a tu cuerpo y a tu agradecimiento. Practica. Hay miles de meditaciones en internet. (Aquí te dejo una iniciativa fabulosa para meditar todos los días a las 20.30 de la tarde). Funciona.

Y dirás: para qué querrá esta mujer que medite. Es fundamental para concentrarse, salir de bucles tóxicos, tener un ánimo de hierro y centrarse para escribir. Esta será la base sobre la que te sustentes. Ahora viene lo complicado.

Sabiendo lo diferentes que somos, voy a intentar formar seis grupos para que puedas identificarte con alguno de ellos y buscar soluciones para que te pongas a crear, ya. Ahí van.

Tienes la idea de escribir, pero nunca lo has intentado ni te has formado

Hazme caso, no escribas. Sin formación previa, sin tener ni idea de cómo hacerlo, es mucho mejor que busques información, la ayuda de algún profesional, leas ensayos sobre escritura y te prepares para hacerlo bien.

El hecho de que todo el mundo que ha aprendido a leer y escribir pueda juntar letras no significa nada. Como dice Almudena Grandes, una novela es como una casa, si está bien hecha y es fea, tiene remedio; pero si está mal hecha, se desmorona por muy bonita que sea.

Es evidente, nadie debería ponerse a escribir sin formación previa. Y si me dices que nunca lees, pero que tienes el sueño de escribir, me matas. No sé, va a sonar muy mal, pero no lo hagas por el bien de la humanidad, de verdad. Si quieres que tus hijos sepan tu historia, cuéntasela, punto.  La transmisión oral hace milagros, créeme.

Pero claro, alguien que no lee, no entiende este argumento. Si no lees no amas la literatura, te da todo igual, con tal de ver tu nombre estampado (nunca mejor dicho) en el lomo de un libro. Así que te la refanfinfla que nadie te diga que sin leer no se puede escribir, ni siquiera entiendes el significado de eso. Así que voy a ser más directa. Si no quieres hacer el ridículo del siglo y que tus amigos rían a mandíbula batiente, porque alguno habrá que le guste leer, ya sabes, mantente lejos de la escritura.

Cómo motivarse para escribir
—Es que no me lo creo, mis amigos aún no pueden contener la risa cuando me ven, solo porque escribí un libro.
—¿Te gusta leer?
—No, ¿por?

No te atreves a ponerte a escribir, aunque sí tienes formación previa

Ponte. Sé que a los miedos anteriores, se añade el pánico que tienes a ser de los del ejemplo anterior, porque a ti sí te aterra sentirte así. Amas la literatura, no podrías soportar que algo que hayas escrito tú sea tan malo que provoque carcajadas generales.

Olvídate de eso. Por muy malo que sea lo que te salga, nunca será horrible, porque amas lo que haces. Te has formado para ello, has hecho cursos, lees sin parar, tu mente tiene espíritu crítico. Sabes cribar lo bueno de lo malo. Así no va a ser tan terrible, aunque tu subjetividad te ciegue (créeme lo hará y lo hace siempre). De hecho, en este caso, lo está haciendo como resistencia a comenzar algo que te da pavor.

El miedo, en pequeñas dosis, es bueno, impide que te conformes, así que no le des más vueltas. Hazlo. Ponte delante del ordenador (o el papel, sé que hay algunos que aún escriben a mano) y desgrana esa idea que tienes en la cabeza. Pregúntale hasta la saciedad si tiene la consistencia para resistir una trama. Plantéate qué personajes debe tener, llega tan al fondo como la idea te deje.

Prepárate, documéntate. Sé que no puedes salir, pero internet hace maravillas. Y si no vas a poder informarte online, aparca esa idea y atrévete con otra. Seguro que, en todos estos años de preparación, has encontrado miles de ideas que te gustaría llevar a cabo. Revísalas. En los márgenes de aquellos cuadernos tienes alguna que podría funcionar.

Lo importante es comenzar, hasta entonces no sabes qué necesitas en muchos casos. En la cabeza todo funciona a las mil maravillas, pero cuando aquellos personajes se hacen los dueños del papel es cuando de verdad los puedes ver. Hasta ese momento, tu cerebro te engaña todo el tiempo para que te parezca impresionante, pero no te dejes engañar por él. Salga lo que salga de ese borrador va a necesitar al menos tres repasos para ser algo decente. Y aquí da igual lo que te hayas preparado.

Y hay algo muy importante que tu cerebro no te está contando ahora: hay personas que tienen un don maravilloso para la escritura. Aunque haya que corregirles, también tengan editores, todo lo que sale de su pluma tiene algo especial y se nota en le primer párrafo. De inmediato. ¿Y si eres una de ellas? Nunca lo sabrás, si no lo intentas.

Así que ponte y punto. Deja a tu familia en el salón. Busca el momento más propicio. Aunque sea media hora todos los días, pero estás en el momento ideal para hacerlo. Ni te cuento si vives en soledad o no tienes hijos. Es tu momento, aprovéchalo, sin presiones, solo para ver qué sale. Ánimo, seguro que puedes.

Estás comenzando a escribir

A ti te ha pillado a pleno rendimiento, pero estás muy plof con todo esto. El sector de la cultura está fatal, esto te ha hecho reflexionar y piensas que dónde vas, nadie va a leer lo que tú escribas. Y puede ser. O peor, puede que lo lean y no les guste nada. O rían hasta caer rendidos en el sueño (como seguro les va a ocurrir a los de arriba, si pasan de todo y se ponen a escribir). Cambia de pensamiento. Escribes porque solo tú puedes mostrar al mundo eso que llevas en la cabeza. Nadie lo va a hacer por ti.

En un directo, estos días de encierro, Rosa Montero decía que para escribir, debes tener esa pulsión de contarlo. Tienes que escribir sobre algo que necesites contar, pensar o analizar. Algo que debes transmitir y lo sientes en las tripas. Si sientes eso, tienes que hacerlo. Ella decía que es la señal de que lo que escribas va a ser bueno. (Siempre teniendo en cuenta las miles de correcciones que necesitará después, claro)

Eso sí, para saber que vas por buen camino. Revisa todos los detalles. Recapitula si lo necesitas. Vuelve al inicio y ponte a leer todo lo que llevas, revisa la estructura que tenías hecha (espero que también seas de estos) y ve despacio, no hay prisa. Nunca hay prisa en la escritura. Si escribes deprisa, revisa el sistema que utilizas porque tiene agujeros, muchos, seguramente.

Aún hay materias que requieren todo el tiempo del mundo y que la rapidez solo enturbia su belleza, la escritura es una de ellas. Así que despacito, pero sin pausa, ponte a ello.

En el momento en que entres de nuevo en contacto con la historia volverás a fluir, dejarás el mundo exterior a un lado y te sumergirás en ese hábitat que estás creando. Si escribes fantasía o distopía, esta es una ocasión ideal para hacerlo. Vives en una realidad con todas las características de ambos géneros, por no hablar del terror.

La angustia no hay manera de combatirla a no ser que ocupes tu cabeza. Así que ¿a qué esperas?

Tienes una novela a medias

Sigue adelante. Procura encerrarte (nunca mejor dicho), enfréntate de nuevo a la historia, revisa y en cuanto conectes medio segundo con ella, ya estarás de nuevo on fire. Si ves que en ese primer contacto se desinfla. Tienes un problema. Revisa bien qué ha podido fallar. Algunos supuestos:

  • Preparación: formación, documentación…
  • Puesta en práctica: no tiene la estructura que requeriría, los personajes no encajan, lo que cuentas ahora te parece ridículo…

Hay mil casos de parón serio. Uno de los más comunes es que aquello no te cuadra nada ahora. Dicen que si nos vemos con 10 años menos la vergüenza está asegurada. Y es buena señal. Hemos evolucionado. Cuando paras de escribir durante algún tiempo, puede pasar que vuelvas a la historia y te parezca lo peor. Y así, quién se anima a seguir escribiendo en plena pandemia. Nadie, lo entiendo. En este caso, revisa los casos anteriores.

Si vuelves a enchufarte y, de repente, piensas que cómo has podido desperdiciar tanto tiempo sin escribir, no necesitas que te diga nada más. Lo tienes, continúa.

Estás terminando un libro

En tu caso, no te preocupes, con un esfuerzo mínimo lo vas a conseguir, no necesitas tanto empuje porque estás tan cerca de publicar que eso hace que no haya nada que te impida seguir escribiendo.

En caso de que no puedas escribir por la situación o porque algo no te cuadra en lo que llevas escrito, puede ser que tengas miedo de haber hecho algo mal y que se te desmonte tanto esfuerzo. Tranquilidad, busca a un profesional o a varios. Hazles consultas, pregúntales, puedes buscar alguna consultoría para salir de dudas. Es la mejor manera de cribar cuál de ellos será el elegido más tarde, como editor, lector cero o corrector.

En el tramo final, debes tener en cuenta cómo mantener la tensión, cerrar todos los flecos que tengas sueltos en la trama y saber poner el punto final a tu historia. No estaría demás que antes de ponerte a escribir, comiences a leer desde el inicio y vayas apuntando todo lo que consideres que debes retomar al final para conseguir que la obra sea redonda. Luego, a escribir con todo eso en mente, El simple hecho de ver cuánto tienes que hacer, será suficiente para que te pongas.

Mucho ánimo, no te queda nada y estos días son perfectos para conseguirlo.

No sé ni dónde estoy

Si tu caso no está ni en un sitio ni en otro, igualmente, consulta con un profesional que te ayude. A veces, con una hora de consultoría resuelves más problemas en en diez meses solitarios dándole vueltas a la misma historia. Tu cerebro tiene las trampas bien puestas, siempre serán las mismas y es muy difícil descubrir cuáles son.

En mi trabajo, es el pan nuestro de cada día. No puedo dar casos concretos, esto es como el secreto de confesión, aunque sí puedo decir que en cada sesión de consultoría la persona que tengo al otro lado se queda con la boca abierta al menos una vez. Aunque suelen ser más. No puede creerse que en tan poco tiempo consiga dar así en el clavo. Que viene a ser: desmontar la novela, ordenarla hasta que tenga sentido, reconfigurar un personaje o taponar cañonazos en la línea de flotación. Y menos aún se cree que me sobren argumentos para justificarlo.

Y no soy superdotada ni nada por el estilo, hay muchos profesionales magníficos que lo hacen también. El secreto es que no hemos escrito esa novela, llevamos años trabajando en esto, leemos sin parar, nos hemos formado para desarrollar lo que hacemos y tenemos un don innato para hacerlo.

Olvídate de eso de las 10.000 horas dedicadas a una materia para ser experto en ella, yo llevo ya muchísimas más a bordo y sigo aprendiendo.

Cómo motivarse para escribir en medio de una crisis 19
—Yo era la mascota del protagonista de una novela. Hasta que esa editora le dijo al autor que no podía ser porque mis deposiciones son constantes y abundantes. Y que si el protagonista tenía un conejo, debía atenerse a las consecuencias.

El secreto está en amar lo que haces.

¡Ánimo! ¡Tú puedes!

¡Y toda la fuerza para todos aquellos que no pueden estar encerrados en sus casas! A lo mejor les gustaría estar escribiendo. La incertidumbre es mucho mejor que la certeza en muchos casos. Piénsalo y no pierdas más tiempo.

¡Hasta el próximo artículo!

Diferencias entre editar y corregir un libro

Diferencias entre editar y corregir un libro. Debido a la desinformación que existe en el sector editorial respecto a los conceptos y los términos que los representan (significante y significado) es habitual que alguien me pida una edición cuando de lo que está hablando es de una corrección ortográfica y de estilo. La diferencia es abismal.

Editar no es corregir un libro

Cuando has terminado de escribir un libro y lo has corregido hasta la saciedad, llega la hora de que otros se ocupen de él. Como siempre digo, hay una maraña de conceptos que a partir de aquí hace que todo parezca lo mismo. De hecho, según la RAE, corregir engloba a todas las revisiones que voy a definir a partir de ahora. Tócate…

Pasos para publicar un libro

Así que para empezar, voy a intentar separar, por su orden lógico, los pasos a dar para que un libro esté en perfectas condiciones para publicarse o tener alguna oportunidad en una editorial. Son los siguientes:

  1. Escritura
  2. Corrección del autor: hasta que le sangren los ojos
  3. Edición: mejorar el texto desde los cimientos (el proceso suele durar unos meses)
  4. Lector cero: comprobar que todo esté en su sitio y funciona
  5. Corrección de estilo: el orden sí altera el producto
  6. Corrección ortográfica: las palabras, la puntuación y los acentos son los que deben
  7. Maquetación y diseño de portada: vamos a ponerlo guapo
  8. Corrección ortográfica y revisión total de la maqueta: mil ojos no son suficientes

Corrección de estilo

Después del lector cero (del que me ocupo más abajo, junto a la edición) tenemos la corrección de estilo. Muy diferente a la ortográfica, aunque muchas veces se piden juntas, pero no son lo mismo.

Una corrección de estilo tiene su base fundamental en que el texto en cuestión tenga una buena selección de palabras en un orden adecuado para que la mente del lector disfrute de la lectura y fluya sobre ese libro (en la fluidez entran muchos otros factores, pero este es muy importante).

Una vez que la estructura es la correcta, los personajes son redondos y la historia está bien contada (edición y lector cero), llega el corrector de estilo y comienza a hacer que aquello se parezca a una casa de verdad. Crea el clima de hogar, quitando muebles y poniendo otros o cambiándolos de sitio.

Corrección ortotipográfica

Después llega la hora de la corrección ortotipográfica (sí, también se llama así, aunque tiene matices con respecto a la ortográfica, fijáte qué cosas). Este proceso consigue que el texto esté impoluto de errores ortográficos, las grafías están en su sitio, los signos de puntuación cumplen la ley a rajatabla, no rompen filas donde les da la gana y los acentos son fieles y nunca se van con otros o desaparecen, entre otras muchas funciones.

Vamos que por ahí ha pasado alguien para ordenar la casa hasta que todo esté en su sitio. Ha sacado el jarrón que estaba por equivocación en la nevera, ha metido los calcetines en el cajón y ha tirado la basura.

Es un trabajo muy duro, muy exigente, muy de ser tan perfeccionista que los errores te griten siempre desde donde estén para verlos todos (ojo con esto, verlos todos es titánico).

Diferentes tiempos

Son tan diferentes ambas correcciones que ni siquiera se pueden hacer a la vez. Así que si tu texto las necesita ambas (créeme, las necesitas) debes tener paciencia, pedirlas con tiempo y asegurarte que nadie corre más de lo que debe.

La persona encargada de hacerlo va a tener que leer muchas veces tu libro para ser lo más efectiva posible. Cada una de esas lecturas será para buscar algo diferente, sin olvidar las veces que luego leerá para certificar que hasta la caída de las cortinas es ideal o no hay ni rastro de pelusa debajo de la cama.

Diferencias entre editar y corregir un libro 20
—¿En serio vamos a tener que vivir con eso ahí tirado hasta la segunda edición?

Y después de todo eso, a veces, llegan las visitas y se encuentran ropa interior, en los peores casos usada, en mitad del comedor. ¿Cómo es posible que no la haya visto nadie hasta ahora? imagino que por la misma razón que los calcetines entran emparejados a la lavadora y salen viudos. Te deja tan alucinada que piensas que no has podido dejarla tú ahí, que alguien, después de que tú mirarás hasta en el último rincón, ha llegado y se la ha quitado ahí en medio y no ha tenido la decencia de tirarla a la ropa sucia.

Con la guadaña encima de tu cabeza, vas a la última copia que enviaste y oh, Dios mío, ahí está aquello sucio y maloliente en medio del salón. Y la guadaña se esfuma para no darte el gusto de desaparecer bajo capas y capas de tierra.

En fin, muchas de mis compañeras, y admiradas correctoras (la mayoría son mujeres), han escrito profusamente sobre el tema y de manera muy clara. Así que no me voy a extender más.

Edición y mejora del texto

El caso es que antes de estas correcciones hay otros pasos que no se centran tanto en el orden y la limpieza, sino en que la distribución de la casa sea la correcta para que puedas vivir en ella de maravilla, sea grande o pequeña.

Diferencias entre editar y corregir un libro
—Oiga, no lo entiendo, teníamos la casa impoluta
—Señora, ¿quién puso las cañerías?
—Pues yo que soy como MacGyver

Ese profesional se dedica, con los metros útiles que tienes, a buscar la forma de que aquello sea un palacio renacentista o del estilo que quieras. Y sobre todo a que, independientemente del género o moda, a todo el mundo le guste vivir allí. Que se sientan cómodos desde el principio. Que la ergonomía de los muebles sea perfecta. Que duerman como lirones en esas camas. Que las ventanas sean herméticas y todo funcione como en un hotel de cinco estrellas. ¿Verdad que para que esto sea así, antes de limpiar y ordenar, tienes que hacer más cosas?

En una corrección ortográfica, ortotipográfica o de estilo, no se cambia la estructura del libro. Se mejora el lenguaje que ya es un mundo, desde luego. Es una forma de potenciar al máximo cada palabra para que exprese de la manera más exacta  y correcta lo que se está contando. Con esta corrección no se cambia ni el tono ni el estilo ni ninguna parte de ese contenido.

Cuando editas, y depende del texto, se cambia el arco de la evolución de un personaje, se mueven, transforman o cambian tramas, el inicio del libro, el final o la estructura y se buscan los errores de fondo. Además, se potencia todo aquello que se le ha pasado al autor y que puede hacer brillar el libro.

De manera que en una edición todo es susceptible de cambiarse, siempre justificándolo muy bien y cuando la persona que lo ha escrito esté de acuerdo, por supuesto. Y esta es una premisa infranqueable para todos los profesionales que intervenimos en las diversas ediciones o correcciones: no se cambia ni una coma sin que el autor esté al tanto y de acuerdo. Nunca, bajo ningún concepto.

La necesidad de un lector cero

La edición, o mejora, de la obra es el primer proceso recomendable. Y así, dejarla en buenas condiciones para que el resto de los profesionales puedan hacer un buen trabajo. Aunque en algunos artículos que leo se dice muy seriamente que ese primer, proceso tras pasar por las manos del autor es un lector cero. Y entonces pienso que menos es nada, porque también he leído artículo que en este desgranar de pasos a dar antes de publicar, hacen que la obra pase directamente de las manos del autor a la corrección ortográfica y de estilo y, a veces, ni eso.

Es innegable que un lector cero tiene una utilidad impresionante, no me planteo hacer un editing, sin terminar con un lector cero. Sería muy chapucero hacer un estudio total y cambiar todo lo necesario en una casa para que ames vivir en ella y que la última revisión no sea la de este profesional. Entre otras cosas, para certificar que la cocina que cambié de sitio está perfecta (es uno de los muchos ejemplos). Pero me da pena que gente a la que admiro mucho piense que no existe un paso anterior: la ediciòn y mejora de la obra.

El autor no puede solo

Y llegados a estas alturas del artículo, pensarás, entonces el autor qué hace. Ay, madre, si te has planteado esto, tengo un argumento más para convencerme de que esta entrada es necesaria.

El autor es el creador, el Rey Sol de todo el proceso y él que manda. Todos trabajamos para que su obra brille. Y así tiene que ser, porque de él nace la fuerza creativa, la belleza de contar soberanamente un hecho. El resto es limpiar, preservar y pulir. Su trabajo es crear. El mío mejorar y hacer brillar.

La persona que ha escrito ese texto ha conseguido sacar de su cabeza esa historia que le corroe las entrañas y solo con palabras logra que tú la leas a color y en 4D (me quedé en el 3D, pero lo mismo ya hay otro. Si es así, eso es lo que hace el autor).

A pesar de todo ese chorro de creatividad, de esa historia maravillosa, de ese pensar hasta morir para que todo cuadre, llega un momento en que su cabeza se sabe de tal manera la historia que deja de leer. Pierde el norte y no sabe si aquel baño impresionante —según su criterio, claro—, debería estar allí. A él le parece genial, lo entiende todo, con esa habitación colocada ahí, le parece perfecta, no le sobra ni una toalla. Pero…

Editar no es corregir
—Verás cuando le cuente a este hombre que no se puede entrar a su casa por el baño

El problema de la lectura automática

Hay un pero de los gordos. El lector cuando comienza a leer aquello no se entera de nada, a cada párrafo, el texto y lo que pasa (si es que pasa algo), lo expulsa fuera. Y no estoy exagerando (bueno un pelín de nada). Por muy bueno que sea un autor, necesita los ojos de varios profesionales para terminar de perfilar esa historia. Cuando le has dado muchas vueltas dejas de ser objetivo con ella. Hasta que las visitas te ponen en tu sitio y te dicen que podrías haber construido el baño un poco más adelante, que de recibidor no lo ven ni medio normal. Pues eso.

Hay muchos escritores que tienen editor (por suerte) y a veces más de uno. Editores que trabajan la obra antes que los lectores cero. Que también los habrá, más adelante, y puede que hasta varios.

Escribir un libro y publicarlo es algo muy serio. Uno de los trabajos más colectivos que existe porque es muy difícil hacerlo bien, sencillamente. Y muy bien, ni te cuento.

¡Hasta la próxima!