Cómo motivarse para escribir en medio de una crisis

Cómo motivarse para escribir. Manuel Vilas decía en un tuit que no podía escribir entre tanto horror. Y es que estamos encerrados, anonadados, pasmados, alucinados, incrédulos y muertos de miedo… Sigue tú que también te sabes este cuento porque ni en nuestras mejores/peores distopías habíamos previsto algo así. Aceptar cómo te encuentras es el primer paso para superarlo y ponerte a escribir.

Este post quiero que sirva para mandarte toda la energía que tengo, las ganas y el amor que necesitas para ponerte en marcha. Es mi granito de arena para que aproveches el hoy y, si tienes la posibilidad, es decir, estás en casa, recibas ese empujón de fuerza que necesitas.

Cuando el coronavirus te impide escribir, ¿qué haces?

Sé que añoramos todo del exterior, principalmente, amigos, amantes, familia y terrazas. No sé si por ese orden. Las noticias vuelan y se estampan en nuestra cara, la cabeza no da para discernir cuál de ellas contiene algún porcentaje de verdad ni cuál es en concreto la fracción de verdad que tienen. Los niños corren enloquecidos, nuestra pareja es un gran desconocido/da. El pijama ya forma parte de nuestra piel. Que sí, que eso de vestirnos como si fuéramos a salir lo hicimos, pero duró poco. Qué necesidad hay teniendo pijamas.

El ejercicio, uff, dos días también nos duró. Eso sí la nevera va que tiembla. Resulta que podría seguir durante todo el artículo, son tópicos de esta crisis total. Tan tópicos y exactos porque le pasan a todo el mundo o a un 99% de la población (ahora que nos estamos familiarizando con los porcentajes porque son mucho menos terribles).

Y si este maldito virus ha afectado a tu salud o a la de alguien cercano, sé que no puedo contarte nada, al menos, no sé qué decirte. Solo que te dedico este artículo. Si te gustaba escribir o tenías en mente hacerlo, vas a poder después. Ahorra fuerzas y no dejes que te lleve el miedo a ese territorio lleno de sombras, vas a superarlo, seguro. Piensa en toda la gente que está contigo mentalmente. En los aplausos de las ocho de la tarde que también van por ti.

No me gustan las recetas en las que se obvia el sufrimiento de la persona que lo está pasando mal a fuerza de mensajes positivos desde territorio seguro. No me puedo imaginar por lo que estás pasando y solo te digo que estoy contigo y dentro de mis posibilidades espero que este artículo, si te apetece leerlo, te ayude en alguna medida.

Si tu salud es buena, ya llevas mucho ganado, así que voy a dejar de contarte lo que ya sabes y a intentar que salgas de esa rutina amodorrada y ansiosa y te pongas a escribir o, a malas, a leer. Y, por supuesto, si has decidido tomarte unas vacaciones y no quieres escribir, no pasa nada. Una de las mejores actitudes, ante una situación así, es dejar la culpa a un lado. Cuanto más nos machaquemos con ella, menos vamos a rendir. El cerebro funciona así.

Cómo motivarse para escribir: no pienses en nada

Aquí es probable que me cubras de insultos (Elena Ferrante es magistral utilizando esta frase), pero tienes que controlar la mente. Sé que dirás: sí, claro, como no tienes dos hijos y una incertidumbre tremenda, es muy fácil decirlo. ¿Quién te ha dicho que no estoy igual que tú? Seguro que no. Nadie tiene las mismas condiciones que otro, porque todos somos distintos y tenemos distintos caldos de cultivo, pero la inmensa mayoría puede controlar su mente si se lo propone.

Ya sé que es muy complicado. Lo has intentado muchas veces, sobre todo, cuando te vas a la cama y no puedes dormir. Aún así, merece la pena intentarlo de nuevo. Céntrate en tu respiración. Mándate mensajes de ánimo y agradecimiento. Piensa, verás como tienes mucho que agradecer: a tu cuerpo, a tu mente, a tu vida, a tu alrededor… El resto de pensamientos son nubes que pasan sin quedarse. Si te atrapa alguno, sin culpa, vuelves a tu cuerpo y a tu agradecimiento. Practica. Hay miles de meditaciones en internet. (Aquí te dejo una iniciativa fabulosa para meditar todos los días a las 20.30 de la tarde). Funciona.

Y dirás: para qué querrá esta mujer que medite. Es fundamental para concentrarse, salir de bucles tóxicos, tener un ánimo de hierro y centrarse para escribir. Esta será la base sobre la que te sustentes. Ahora viene lo complicado.

Sabiendo lo diferentes que somos, voy a intentar formar seis grupos para que puedas identificarte con alguno de ellos y buscar soluciones para que te pongas a crear, ya. Ahí van.

Tienes la idea de escribir, pero nunca lo has intentado ni te has formado

Hazme caso, no escribas. Sin formación previa, sin tener ni idea de cómo hacerlo, es mucho mejor que busques información, la ayuda de algún profesional, leas ensayos sobre escritura y te prepares para hacerlo bien.

El hecho de que todo el mundo que ha aprendido a leer y escribir pueda juntar letras no significa nada. Como dice Almudena Grandes, una novela es como una casa, si está bien hecha y es fea, tiene remedio; pero si está mal hecha, se desmorona por muy bonita que sea.

Es evidente, nadie debería ponerse a escribir sin formación previa. Y si me dices que nunca lees, pero que tienes el sueño de escribir, me matas. No sé, va a sonar muy mal, pero no lo hagas por el bien de la humanidad, de verdad. Si quieres que tus hijos sepan tu historia, cuéntasela, punto.  La transmisión oral hace milagros, créeme.

Pero claro, alguien que no lee, no entiende este argumento. Si no lees no amas la literatura, te da todo igual, con tal de ver tu nombre estampado (nunca mejor dicho) en el lomo de un libro. Así que te la refanfinfla que nadie te diga que sin leer no se puede escribir, ni siquiera entiendes el significado de eso. Así que voy a ser más directa. Si no quieres hacer el ridículo del siglo y que tus amigos rían a mandíbula batiente, porque alguno habrá que le guste leer, ya sabes, mantente lejos de la escritura.

Cómo motivarse para escribir
—Es que no me lo creo, mis amigos aún no pueden contener la risa cuando me ven, solo porque escribí un libro.
—¿Te gusta leer?
—No, ¿por?.

No te atreves a ponerte a escribir, aunque sí tienes formación previa

Ponte. Sé que a los miedos anteriores, se añade el pánico que tienes a ser de los del ejemplo anterior, porque a ti sí te aterra sentirte así. Amas la literatura, no podrías soportar que algo que hayas escrito tú sea tan malo que provoque carcajadas generales.

Olvídate de eso. Por muy malo que sea lo que te salga, nunca será horrible, porque amas lo que haces. Te has formado para ello, has hecho cursos, lees sin parar, tu mente tiene espíritu crítico. Sabes cribar lo bueno de lo malo. Así no va a ser tan terrible, aunque tu subjetividad te ciegue (créeme lo hará y lo hace siempre). De hecho, en este caso, lo está haciendo como resistencia a comenzar algo que te da pavor.

El miedo, en pequeñas dosis, es bueno, impide que te conformes, así que no le des más vueltas. Hazlo. Ponte delante del ordenador (o el papel, sé que hay algunos que aún escriben a mano) y desgrana esa idea que tienes en la cabeza. Pregúntale hasta la saciedad si tiene la consistencia para resistir una trama. Plantéate qué personajes debe tener, llega tan al fondo como la idea te deje.

Prepárate, documéntate. Sé que no puedes salir, pero internet hace maravillas. Y si no vas a poder informarte online, aparca esa idea y atrévete con otra. Seguro que, en todos estos años de preparación, has encontrado miles de ideas que te gustaría llevar a cabo. Revísalas. En los márgenes de aquellos cuadernos tienes alguna que podría funcionar.

Lo importante es comenzar, hasta entonces no sabes qué necesitas en muchos casos. En la cabeza todo funciona a las mil maravillas, pero cuando aquellos personajes se hacen los dueños del papel es cuando de verdad los puedes ver. Hasta ese momento, tu cerebro te engaña todo el tiempo para que te parezca impresionante, pero no te dejes engañar por él. Salga lo que salga de ese borrador va a necesitar al menos tres repasos para ser algo decente. Y aquí da igual lo que te hayas preparado.

Y algo que no te está contando tu cerebro ahora, es que hay personas que tienen ese don maravilloso para la escritura, se nota de inmediato. Bueno, yo lo noto, desde luego. Tal vez seas una de ellas. Nunca lo sabrás, si no lo intentas.

Así que ponte y punto. Deja a tu familia en el salón. Busca el momento más propicio. Aunque sea media hora todos los días, pero estás en el momento ideal para hacerlo. Ni te cuento si vives en soledad o no tienes hijos. Es tu momento, aprovéchalo, sin presiones, solo para ver qué sale. Ánimo, seguro que puedes.

Estás comenzando a escribir

A ti te ha pillado a pleno rendimiento, pero estás muy plof con todo esto. El sector de la cultura está fatal, esto te ha hecho reflexionar y piensas que dónde vas, nadie va a leer lo que tú escribas. Y puede ser. O peor, puede que lo lean y no les guste nada. O rían hasta caer rendidos en el sueño (como seguro les va a ocurrir a los de arriba, si pasan de todo y se ponen a escribir). Cambia de pensamiento. Escribes porque solo tú puedes mostrar al mundo eso que llevas en la cabeza. Nadie lo va a hacer por ti.

En un directo, estos días de encierro, Rosa Montero decía que para escribir, debes tener esa pulsión de contarlo. Tienes que escribir sobre algo que necesites contar, pensar o analizar. Algo que debes transmitir y lo sientes en las tripas. Si sientes eso, tienes que hacerlo. Ella decía que es la señal de que lo que escribas va a ser bueno. (Siempre teniendo en cuenta las miles de correcciones que necesitará después, claro)

Eso sí, para saber que vas por buen camino. Revisa todos los detalles. Recapitula si lo necesitas. Vuelve al inicio y ponte a leer todo lo que llevas, revisa la estructura que tenías hecha (espero que también seas de estos) y ve despacio, no hay prisa. Nunca hay prisa en la escritura. Si escribes deprisa, revisa el sistema que utilizas porque tiene agujeros, muchos, seguramente.

Aún hay materias que requieren todo el tiempo del mundo y que la rapidez solo enturbia su belleza, la escritura es una de ellas. Así que despacito, pero sin pausa, ponte a ello.

En el momento en que entres de nuevo en contacto con la historia volverás a fluir, dejarás el mundo exterior a un lado y te sumergirás en ese hábitat que estás creando. Si escribes fantasía o distopía, esta es una ocasión ideal para hacerlo. Vives en una realidad con todas las características de ambos géneros, por no hablar del terror.

La angustia no hay manera de combatirla a no ser que ocupes tu cabeza. Así que ¿a qué esperas?

Tienes una novela a medias

Sigue adelante. Procura encerrarte (nunca mejor dicho), enfréntate de nuevo a la historia, revisa y en cuanto conectes medio segundo con ella, ya estarás de nuevo on fire. Si ves que en ese primer contacto se desinfla. Tienes un problema. Revisa bien qué ha podido fallar. Algunos supuestos:

  • Preparación: formación, documentación…
  • Puesta en práctica: no tiene la estructura que requeriría, los personajes no encajan, lo que cuentas ahora te parece ridículo…

Hay mil casos de parón serio. Uno de los más comunes es que aquello no te cuadra nada ahora. Dicen que si nos vemos con 10 años menos la vergüenza está asegurada. Y es buena señal. Hemos evolucionado. Cuando paras de escribir durante algún tiempo, puede pasar que vuelvas a la historia y te parezca lo peor. Y así, quién se anima a seguir escribiendo en plena pandemia. Nadie, lo entiendo. En este caso, revisa los casos anteriores.

Si vuelves a enchufarte y, de repente, piensas que cómo has podido desperdiciar tanto tiempo sin escribir, no necesitas que te diga nada más. Lo tienes, continúa.

Estás terminando un libro

En tu caso, no te preocupes, con un esfuerzo mínimo lo vas a conseguir, no necesitas tanto empuje porque estás tan cerca de publicar que eso hace que no haya nada que te impida seguir escribiendo.

En caso de que no puedas escribir por la situación y porque algo no te cuadra en lo que llevas escrito, puede ser que tengas miedo de haber hecho algo mal y que se te desmonte tanto esfuerzo. Tranquilidad, busca a un profesional o a varios. Hazles consultas, pregúntales, puedes buscar alguna consultoría para salir de dudas. Es la mejor manera de cribar cuál de ellos será el elegido más tarde, como editor, lector cero o corrector.

En el tramo final, debes tener en cuenta cómo mantener la tensión, cerrar todos los flecos que tengas sueltos en la trama y saber poner el punto final a tu historia. No estaría demás que antes de ponerte a escribir, comiences a leer desde el inicio y vayas apuntando todo lo que consideres que debes retomar al final para conseguir que la obra sea redonda. Luego, a escribir con todo eso en mente, El simple hecho de ver cuánto tienes que hacer, será suficiente para que te pongas.

Mucho ánimo, no te queda nada y estos días son perfectos para conseguirlo.

No sé ni dónde estoy

Si tu caso no está ni en un sitio ni en otro, igualmente, consulta con un profesional que te ayude. A veces, con una hora de consultoría resuelves más problemas en en diez meses solitarios dándole vueltas a la misma historia. Tu cerebro tiene las trampas bien puestas, siempre serán las mismas y es muy difícil descubrir cuáles son.

En mi trabajo, es el pan nuestro de cada día. No puedo dar casos concretos, esto es como el secreto de confesión, aunque sí puedo decir que en cada sesión de consultoría la persona que tengo al otro lado se queda con la boca abierta al menos una vez. Aunque suelen ser más. No puede creerse que en tan poco tiempo consiga dar así en el clavo. Que viene a ser: desmontar la novela, ordenarla hasta que tenga sentido, reconfigurar un personaje o taponar cañonazos en la línea de flotación. Y menos aún se cree que me sobren argumentos para justificarlo.

Y no soy superdotada ni nada por el estilo, hay muchos profesionales magníficos que lo hacen también. El secreto es que no hemos escrito esa novela, llevamos años trabajando en esto, leemos sin parar, nos hemos formado para desarrollar lo que hacemos y tenemos un don innato para hacerlo.

Olvídate de eso de las 10.000 horas dedicadas a una materia para ser experto en ella, yo llevo ya muchísimas más a bordo y sigo aprendiendo.

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—Yo era la mascota del protagonista de una novela. Hasta que esa editora le dijo al autor que no podía ser porque mis deposiciones son constantes y abundantes. Y que si el protagonista tenía un conejo, debía atenerse a las consecuencias.

El secreto está en amar lo que haces.

¡Ánimo! ¡Tú puedes!

¡Y toda la fuerza para todos aquellos que no pueden estar encerrados en sus casas! A lo mejor les gustaría estar escribiendo. La incertidumbre es mucho mejor que la certeza en muchos casos. Piénsalo y no pierdas más tiempo.

¡Hasta el próximo artículo!

Diferencias entre editar y corregir un libro

Diferencias entre editar y corregir un libro. Debido a la desinformación que existe en el sector editorial respecto a los conceptos y los términos que los representan (significante y significado) es habitual que alguien me pida una edición cuando de lo que está hablando es de una corrección ortográfica y de estilo. La diferencia es abismal.

Editar no es corregir un libro

Cuando has terminado de escribir un libro y lo has corregido hasta la saciedad, llega la hora de que otros se ocupen de él. Como siempre digo, hay una maraña de conceptos que a partir de aquí hace que todo parezca lo mismo. De hecho, según la RAE, corregir engloba a todas las revisiones que voy a definir a partir de ahora. Tócate…

Pasos para publicar un libro

Así que para empezar, voy a intentar separar, por su orden lógico, los pasos a dar para que un libro esté en perfectas condiciones para publicarse o tener alguna oportunidad en una editorial. Son los siguientes:

  1. Escritura
  2. Corrección del autor: hasta que le sangren los ojos
  3. Edición: mejorar el texto desde los cimientos (el proceso suele durar unos meses)
  4. Lector cero: comprobar que todo esté en su sitio y funciona
  5. Corrección de estilo: el orden sí altera el producto
  6. Corrección ortográfica: las palabras, la puntuación y los acentos son los que deben
  7. Maquetación y diseño de portada: vamos a ponerlo guapo
  8. Corrección ortográfica y revisión total de la maqueta: mil ojos no son suficientes

Corrección de estilo

Después del lector cero (del que me ocupo más abajo, junto a la edición) tenemos la corrección de estilo. Muy diferente a la ortográfica, aunque muchas veces se piden juntas, pero no son lo mismo.

Una corrección de estilo tiene su base fundamental en que el texto en cuestión tenga una buena selección de palabras en un orden adecuado para que la mente del lector disfrute de la lectura y fluya sobre ese libro (en la fluidez entran muchos otros factores, pero este es muy importante).

Una vez que la estructura es la correcta, los personajes son redondos y la historia está bien contada (edición y lector cero), llega el corrector de estilo y comienza a hacer que aquello se parezca a una casa de verdad. Crea el clima de hogar, quitando muebles y poniendo otros o cambiándolos de sitio.

Corrección ortotipográfica

Después llega la hora de la corrección ortotipográfica (sí, también se llama así, aunque tiene matices con respecto a la ortográfica, fijáte qué cosas). Este proceso consigue que el texto esté impoluto de errores ortográficos, las grafías están en su sitio, los signos de puntuación cumplen la ley a rajatabla, no rompen filas donde les da la gana y los acentos son fieles y nunca se van con otros o desaparecen, entre otras muchas funciones.

Vamos que por ahí ha pasado alguien para ordenar la casa hasta que todo esté en su sitio. Ha sacado el jarrón que estaba por equivocación en la nevera, ha metido los calcetines en el cajón y ha tirado la basura.

Es un trabajo muy duro, muy exigente, muy de ser tan perfeccionista que los errores te griten siempre desde donde estén para verlos todos (ojo con esto, verlos todos es titánico).

Diferentes tiempos

Son tan diferentes ambas correcciones que ni siquiera se pueden hacer a la vez. Así que si tu texto las necesita ambas (créeme, las necesitas) debes tener paciencia, pedirlas con tiempo y asegurarte que nadie corre más de lo que debe.

La persona encargada de hacerlo va a tener que leer muchas veces tu libro para ser lo más efectiva posible. Cada una de esas lecturas será para buscar algo diferente, sin olvidar las veces que luego leerá para certificar que hasta la caída de las cortinas es ideal o no hay ni rastro de pelusa debajo de la cama.

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—¿En serio vamos a tener que vivir con eso ahí tirado hasta la segunda edición?

Y después de todo eso, a veces, llegan las visitas y se encuentran ropa interior, en los peores casos usada, en mitad del comedor. ¿Cómo es posible que no la haya visto nadie hasta ahora? imagino que por la misma razón que los calcetines entran emparejados a la lavadora y salen viudos. Te deja tan alucinada que piensas que no has podido dejarla tú ahí, que alguien, después de que tú mirarás hasta en el último rincón, ha llegado y se la ha quitado ahí en medio y no ha tenido la decencia de tirarla a la ropa sucia.

Con la guadaña encima de tu cabeza, vas a la última copia que enviaste y oh, Dios mío, ahí está aquello sucio y maloliente en medio del salón. Y la guadaña se esfuma para no darte el gusto de desaparecer bajo capas y capas de tierra.

En fin, muchas de mis compañeras, y admiradas correctoras (la mayoría son mujeres), han escrito profusamente sobre el tema y de manera muy clara. Así que no me voy a extender más.

Edición y mejora del texto

El caso es que antes de estas correcciones hay otros pasos que no se centran tanto en el orden y la limpieza, sino en que la distribución de la casa sea la correcta para que puedas vivir en ella de maravilla, sea grande o pequeña.

Diferencias entre editar y corregir un libro
—Oiga, no lo entiendo, teníamos la casa impoluta
—Señora, ¿quién puso las cañerías?
—Pues yo que soy como MacGyver

Ese profesional se dedica, con los metros útiles que tienes, a buscar la forma de que aquello sea un palacio renacentista o del estilo que quieras. Y sobre todo a que, independientemente del género o moda, a todo el mundo le guste vivir allí. Que se sientan cómodos desde el principio. Que la ergonomía de los muebles sea perfecta. Que duerman como lirones en esas camas. Que las ventanas sean herméticas y todo funcione como en un hotel de cinco estrellas. ¿Verdad que para que esto sea así, antes de limpiar y ordenar, tienes que hacer más cosas?

En una corrección ortográfica, ortotipográfica o de estilo, no se cambia la estructura del libro. Se mejora el lenguaje que ya es un mundo, desde luego. Es una forma de potenciar al máximo cada palabra para que exprese de la manera más exacta  y correcta lo que se está contando. Con esta corrección no se cambia ni el tono ni el estilo ni ninguna parte de ese contenido.

Cuando editas, y depende del texto, se cambia el arco de la evolución de un personaje, se mueven, transforman o cambian tramas, el inicio del libro, el final o la estructura y se buscan los errores de fondo. Además, se potencia todo aquello que se le ha pasado al autor y que puede hacer brillar el libro.

De manera que en una edición todo es susceptible de cambiarse, siempre justificándolo muy bien y cuando la persona que lo ha escrito esté de acuerdo, por supuesto. Y esta es una premisa infranqueable para todos los profesionales que intervenimos en las diversas ediciones o correcciones: no se cambia ni una coma sin que el autor esté al tanto y de acuerdo. Nunca, bajo ningún concepto.

La necesidad de un lector cero

La edición, o mejora, de la obra es el primer proceso recomendable. Y así, dejarla en buenas condiciones para que el resto de los profesionales puedan hacer un buen trabajo. Aunque en algunos artículos que leo se dice muy seriamente que ese primer, proceso tras pasar por las manos del autor es un lector cero. Y entonces pienso que menos es nada, porque también he leído artículo que en este desgranar de pasos a dar antes de publicar, hacen que la obra pase directamente de las manos del autor a la corrección ortográfica y de estilo y, a veces, ni eso.

Es innegable que un lector cero tiene una utilidad impresionante, no me planteo hacer un editing, sin terminar con un lector cero. Sería muy chapucero hacer un estudio total y cambiar todo lo necesario en una casa para que ames vivir en ella y que la última revisión no sea la de este profesional. Entre otras cosas, para certificar que la cocina que cambié de sitio está perfecta (es uno de los muchos ejemplos). Pero me da pena que gente a la que admiro mucho piense que no existe un paso anterior: la ediciòn y mejora de la obra.

El autor no puede solo

Y llegados a estas alturas del artículo, pensarás, entonces el autor qué hace. Ay, madre, si te has planteado esto, tengo un argumento más para convencerme de que esta entrada es necesaria.

El autor es el creador, el Rey Sol de todo el proceso y él que manda. Todos trabajamos para que su obra brille. Y así tiene que ser, porque de él nace la fuerza creativa, la belleza de contar soberanamente un hecho. El resto es limpiar, preservar y pulir. Su trabajo es crear. El mío mejorar y hacer brillar.

La persona que ha escrito ese texto ha conseguido sacar de su cabeza esa historia que le corroe las entrañas y solo con palabras logra que tú la leas a color y en 4D (me quedé en el 3D, pero lo mismo ya hay otro. Si es así, eso es lo que hace el autor).

A pesar de todo ese chorro de creatividad, de esa historia maravillosa, de ese pensar hasta morir para que todo cuadre, llega un momento en que su cabeza se sabe de tal manera la historia que deja de leer. Pierde el norte y no sabe si aquel baño impresionante —según su criterio, claro—, debería estar allí. A él le parece genial, lo entiende todo, con esa habitación colocada ahí, le parece perfecta, no le sobra ni una toalla. Pero…

Editar no es corregir
—Verás cuando le cuente a este hombre que no se puede entrar a su casa por el baño

El problema de la lectura automática

Hay un pero de los gordos. El lector cuando comienza a leer aquello no se entera de nada, a cada párrafo, el texto y lo que pasa (si es que pasa algo), lo expulsa fuera. Y no estoy exagerando (bueno un pelín de nada). Por muy bueno que sea un autor, necesita los ojos de varios profesionales para terminar de perfilar esa historia. Cuando le has dado muchas vueltas dejas de ser objetivo con ella. Hasta que las visitas te ponen en tu sitio y te dicen que podrías haber construido el baño un poco más adelante, que de recibidor no lo ven ni medio normal. Pues eso.

Hay muchos escritores que tienen editor (por suerte) y a veces más de uno. Editores que trabajan la obra antes que los lectores cero. Que también los habrá, más adelante, y puede que hasta varios.

Escribir un libro y publicarlo es algo muy serio. Uno de los trabajos más colectivos que existe porque es muy difícil hacerlo bien, sencillamente. Y muy bien, ni te cuento.

¡Hasta la próxima!

11 claves para escribir buenos diálogos en una novela

11 claves para escribir buenos diálogos. Cómo hacer buenos diálogos. Si tienes este secreto, sabrás cómo darle aire, naturalidad y trabajar un buen arco para tus personajes. Los diálogos son una de las partes clave de un libro. Mucha gente piensa que se colocan para crear equilibrio entre la narración y lo que te cuentan los personajes, pero esa no es la regla que los determina, ni mucho menos. Las funciones que cumple un diálogo son casi infinitas. Aquí te dejo algunas de las más importantes.

Cómo escribir un buen diálogo

Los diálogos es la parte una novela que mejor muestra a los personajes, pero tienes que elegir utilizarlos cuando la trama te lo pida. No se dialoga porque sí. Debes saber cuándo será mucho más efectivo lo que tienes que contar si lo haces con un diálogo.

No hay una regla exacta para saberlo, debes elegir si todo lo que tienes que contar: acción, voz y matices, será más nítido si se lo dejas mostrar a los propios personajes. Sirven para dejar que hablen, para permitir que el lector los conozca mejor, para dejar ver el tono que tienen o cómo se mueven. El secreto de mostrar se encuentra en los diálogos.

Datos necesarios

Al escritor hábil le permiten trufar determinados datos necesarios sin que el lector se entere de nada. Claro, que la clave es esta. Que interiorice esa información sin que apena sea perceptible. Casi como la publicidad subliminal. En el momento que el lector se entera de lo que estás haciendo, es un aggg como la copa de un pino.

Y me estoy arrepintiendo ya de haber puesto lo anterior. No puedo contar la de veces que me he encontrado en una novela parrafadas infernales, de esas que se tienen que poner comillas al cambiar de párrafo porque al autor le da vergüenza que vaya todo eso detrás de un triste guión de diálogo. Hay que tener mucho cuidado con esta técnica, porque no se debe percibir en lo más mínimo. Para que eso suceda, debes hilar muy bien cómo lo cuentas y la incorporación debe ser sutil y muy natural.

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No puede ser que tenga que hacerles decir todo eso

La vida real versus diálogos

Seguro que ya has escuchado eso de que los diálogos no son como la vida real. Si pusiéramos todo lo que pueden decir los personajes en una reunión de amigos, moriríamos de aburrimiento seguro. Debes medir bien qué dicen. Nada de palabras vacías, de repeticiones innecesarias. Porque si te dejas llevar por la naturalidad, te encontrarías con algo así:

—Hola, Julian.

—Hola, ¿qué tal?

—Bien, ¿y tú?

—Bien.

—¿Y el trabajo?

—Psss.

—¿Y eso?

—Trabajo mucho, no creas.

—Vaya.

—Sí, mucho.

—Yo también.

Qué, muy entretenido, ¿verdad?, pues así nos podemos tirar un libro entero y el lector se puede dar con una piedra en la nuca para terminar con la agonía. Los diálogos no se escriben como se habla. Nunca.

Diálogos orgánicos

Eso no significa que no sean naturales, es importante que el lector los lea y los integre como si fueran orgánicos y vivos. El secreto para hacerlo es que ofrezcan información necesaria para que la trama avance y vayan en consonancia perfecta con lo que es el personaje. Depende del momento. A veces, puedes usar un diálogo para añadir distensión o aire a la trama, en estos casos, solo sirve para ver moverse y hablar a los conversadores, sin que tengas que añadir datos muy relevantes. Aunque siempre teniendo en cuenta qué es importante, y qué no, para que puedas pulirlos y el resultado esté bien integrado en el resto del texto.

Sin interrupciones innecesarias

Un error común también es interrumpirlos para contar algo que haya salido a colación en la conversación. Algún antecedente, cualquier información que el escritor necesite introducir como sea y le parece que aquel momento es el más indicado para llevarse al lector al quinto pino y esas cosas. Cuando vuelve al diálogo, ya no sabe ni de qué hablaban antes los personajes. Y lo peor es que lo mismo ya no le importa. Lógico. Lo has perdido.

La única razón por la que está justificado interrumpir un diálogo es porque sea estrictamente necesario. Una interrupción muy muy leve y con sentido, que no rompa la magia de la conversación.

Es normal que cuando estás escribiendo te dejes llevar y ocurran estas cosas, pero no hay nada más molesto que te interrumpan una buena conversación. Si es mala, mejor lo quitas todo. Tal vez, aquello que querías trufar ahí es más interesante. Plantéatelo.

Economía comunicativa siempre

Intenta incluir en la acotación todo lo que tengas que decir al margen del habla de los personajes. Rápido y claro, muy claro. Muy rápido. Economía comunicativa al máximo aquí.

Las acotaciones siempre se refieren al personaje que habla. No introduzcas acotaciones de las reacciones de un personaje mientras habla otro. A no ser que sea estrictamente necesario y lo hagas de maravilla para que el lector ni se entere y pueda ver la escena en su cabeza de manera muy nítida.

No interrumpas las intervenciones para decir cómo reaccionan los personajes a no ser que sea…. Sí, estrictamente necesario. Busca la manera de contarlo mientras el personaje habla en las acotaciones.

Sirven para que el lector respire

Los diálogos sirven para darle aire a la narración, así que úsalos cuando la situación se ponga intensa y que el lector respire.

Por el contrario, cuando quieras emocionar, sentirte libre para contar algo o tengas mucho que sintetizar, narra. El narrador puede hacer maravillas con la tensión, describe mejor las situaciones. Por el simple hecho de que los personajes nunca se pueden salir de su perfil, deben evolucionar a lo largo de la trama de acuerdo a su personalidad y circunstancias, por eso es tan complicado utilizarlos para llevar a cabo algún trabajo sucio que no sabes cómo arreglar.

Y es que, demasiadas veces, se piensa que porque lo diga un personaje, al lector le va a gustar más y lo va a integrar mejor, pero si lo que dice no tiene sentido, no va con él, se sale de su tono y un etcétera eterno, no solo será un tostón para el lector, sino que habrás defenestrado a tu personaje.

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Los personajes se ríen por no llorar después de la disertación que se acaba de marcar Manolo

Frases cortas y acción para tus diálogos

Al hilo de lo anterior, otro dato a tener en cuenta es procurar que los personajes no aburran a las piedras. No dejar que diserten eternamente. Frases cortas, acción y movimiento. Acotar muy bien la escena antes de introducir el diálogo para que luego tus personajes se muevan con fluidez. Un diálogo no es un monólogo.

Diálogos para mentir

Por otro lado, no hay nada como los diálogos para conseguir que los personajes mientan. En este caso, mide bien lo que dicen y cómo lo dicen. Si sabes manejar esta técnica sabrás cómo enamorar al lector. Le encanta hacer de detective.

Cada personaje tiene su forma de hablar y de moverse

Ahora una obviedad: cada personaje debe tener un tono propio y diferenciado cuando habla y este tono debe variar solo en función del arco evolutivo del personaje dentro de la obra. Es fundamental para que el lector pueda identificarlos. Te ahorrarás un montón de dijo, contestó, habló o explicó fulanito y todos esos verbos que inundan las acotaciones de los diálogos para poder identificar a cada uno de los personajes cuando hablan.

Cuidado con los verbos dicendi

Asimismo, no muestres tu riqueza de vocabulario con este tipo de verbos. Los dijo, exclamó, refutó, señaló… Solo sirven para identificar a quién habla, nada más, cuánto más desapercibidos pasen a ojos del lector, mejor. Está tan acostumbrado a ellos que casi ni los lee, pero si le resultan innovadores, levantarás una barrera entre él y el personaje, sin querer, pero ahí estará. Así que cuanto más usuales y discretos sean, menos notará que están ahí.

Bien encuadrados

Por último, otra forma de minimizar este tipo de verbos y de plasmas un buen diálogo es encuadrar bien la escena. Si atiendes además a los puntos anteriores y el lector es capaz de componer bien la situación en su cabeza y sabe cuántos personajes la integran, cada uno con un tono diferenciado, te ahorrarás muchas acotaciones y el diálogo conseguirá ser mucho más natural y rápido.

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Personajes que se niegan a hablar con tanta regla impuesta

Y hasta aquí estas once claves fundamentales para que tus diálogos encajen en tu novela como un guante.

Seguro que tienes algunas más para ayudarnos a hacerlo mucho mejor. Escribe en los comentarios aquellas que consideres que debería incluir en el artículo y te citaré en él. Venga, ayúdame a ampliarlo. 🙂

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Qué es un lector cero. Existe mucha confusión en torno a esta figura necesaria para publicar un libro. En este post voy a intentar desentrañar qué es un lector cero, a qué se dedica y cómo elegirlo.

Qué es un lector cero

Un lector cero es un profesional que se dedica a certificar que una obra está lista para publicarse. Es un lector avezado y experto que buscará todos aquellos puntos débiles que se han quedado en el borrador después de varias correcciones y ediciones. Es una figura imprescindible para cualquier proceso de edición. Muchos piensan que no es tan estrictamente necesario, pero bajo mi punto de vista es esencial y ahora explico por qué.

Controlar todas las variables que convierten una novela en una delicia es demasiado complicado para que pueda hacerlo una sola persona. Nuestro cerebro no está preparado.

Todo necesitamos un lector cero

Cuando llevas meses, incluso años, pensando en la misma historia, la puedes desarrollar en tu cabeza hasta en el último detalle. En ese punto te encuentras cuando terminas de escribir y corregir unas cuantas veces tu propio libro.  Ahí ya no eres capaz de leer, tu cabeza le da al play de su memoria que es mucho menos esforzado. Así que se escapan miles de incongruencias que un lector externo con preparación encontrará en un primer vistazo.

Puedes tener la historia más impactante, los mejores personajes, los giros más brillantes, pero si se te escapa un detalle, por nimio que sea, todo ese trabajo ingente puede venirse abajo. Para que eso no suceda, está el lector cero.

Además, también es fundamental cuando estás en un proceso de edición con un profesional. Lo digo por experiencia. Cuando llevo varios meses trabajando en abrillantar una obra también noto que dejo de leer. Tengo que hacer un esfuerzo muy grande para seguir estando alerta. Todo me parece perfecto. Así que al finalizar el servicio de editing, contrato a un lector cero profesional que certifica que el trabajo que hemos llevado a cabo el autor y yo es impoluto.

Cómo-elegir-un-lector-cero

—¡Eh! Mírame, estoy aquí… ¡Eh! Soy el detalle que va a desmontar tu novela… Nada, por mucho que aparezca, no me ve…

Alternativas a tu alcance

El problema viene a la hora de elegir quién lo hará. Aquí hay diversas variantes por las que optar.

Elegir a varios lectores cero de confianza. O sea, no voy a pagar un duro por el servicio y mis amigos, más o menos, estarán encantados de leer lo que acabo de escribir. Bueno, a priori, no es una buena idea,entre otras cosas porque estás regalando tu novela sin ninguna garantía.

Aquí algunos se echarán las manos a la cabeza y dirán: pues sí, hombre, con lo bien que lo hacen mis amigos voy a yo a dejar mi novela en otras manos. Que puede ser. Tranquilidad. Por supuesto que hay excepciones, seguro que hay autores que tienen en sus amigos a sus mejores editores. Es genial que sea así. Y en este caso, es perfecto.

Lo que ocurre es que hay también quien no mira ni repara, hace llamamientos en las redes o se lo pide al primero que pasa por la calle o por Twitter. Sin saber nada de a quién le va a enviar su obra. Y luego pasan estas cosas (en el mejor de los casos):

—Me ha gustado mucho.

—Ya, pero por qué.

—Ay, no sé, el protagonista… tiene algo que engancha.

—Sí, pero qué tiene.

—Ay, no sé, es que no sabría decirte

Y así una tarde entera. Yo tampoco sé si merece la pena.

¿Sabes si tus amigos o conocidos tienen el criterio literario necesario para que que te sirva de algo regar tu novela por el mundo? Pues eso.

El cuestionario de marras

Aunque hay situaciones mucho peores: los cuestionarios que manda el autor amablemente acompañando a su bonita obra. Ole, y se queda tan ancho.

Aquí hay para un año de post, de verdad, no hay cosa peor. Primero porque si tus lectores cero no tienen ni idea de narrativa, da igual las preguntas que les mandes. Segundo, si mandas un cuestionario estás mediatizando a ese lector y no te va a contar precisamente lo que está mal, se fijará en esas cosas de las que tú dudas, que ya las has detectado tú. Haces que tu inseguridad se transmita a los otros y los invalidas como lectores cero.  Tercero, es feo, muy feo.

Mandar una ristra de preguntas a lectores cero que encima te van a hacer este favor sin ninguna retribución también puede verse como tener un morro que te lo pisas. En serio, sé que si lo has hecho alguna vez, ha sido con buena intención. Piensas que estás facilitándoles el trabajo, pero no suele ser así. Cuando ven venir aquello, se quedan como la liebre que mira los faros de un coche. Maldicen el día que te dijeron que sí y piensan, ja, la lleva clara.

Funciones de un lector cero

Verás cuando se entere de que ni me la he leído ni pienso contestar a las 1.000 preguntas que me mandó

No es un informe de lectura

Además, quién manda esto, está diciendo que no tiene ni idea de lo que ha pedido. Un servicio de lector cero no tiene nada que ver con un informe de lectura. Y me da a mí que esto último es lo que quiere, en realidad, el que manda el cuestionario. Y eso sí que gratis va a ser que no.

Un lector cero, tal y como indica su nombre, es ponerse en el papel del lector. Ninguno que yo sepa lleva adosada una ristra de cuestiones que tenga que resolver acerca de lo que está leyendo. Si es una novela, por ejemplo, lo importante es que entretenga, que no tenga cuellos de botella, que los personajes se perciban reales… Y un largo etcétera que ya saben los lectores cero profesionales y espero que tus amigos. Al menos, espero que elijas a aquellos que sean ávidos lectores en su vida cotidiana.

Si no es el caso, mátame camión y termina pronto con esta agonía. Si eres capaz de regar tu historia por el mundo mundial, entre criaturicas que no han visto un libro en su vida, que Dios nos coja confesados.

Lector cero profesional: qué tiene que tener

Como ves esto no va a ser tan fácil. Yo tampoco te voy a decir a quién elegir, solo te doy ideas. Eso sí, si eliges a un profesional, cuando termine su trabajo tendrás localizados los puntos débiles de tu obra, también de sus potencialidades. Hay dos formas de hacerlo:

  • Informe: tras las lecturas necesarias de la obra se envía un documento acerca del estado de la obra en cada uno de los apartados estipulados. Según mi criterio son los siguientes:
    • Tema central
    • Estructura
    • Personajes
    • Género
    • Ritmo de lectura
    • Valoración comercial y literaria
    • Conclusión
  • Sobre la propia obra. El lector cero va señalando en la obra dónde se encuentran los puntos débiles y fuertes para que sea más ágil hacer los cambios después. Esta es la que más me gusta. La que hago siempre después de un editing. Tener un informe es válido si está bien hecho, pero este tipo tiene varias ventajas añadidas. Además de ir al grano, también te permite ver in situ mejor el error y detectar  si el lector cero sabe lo que hace de manera más rápida.

Cómo elegir lector cero

Parece que avanzamos en el tema, vamos a ver a quién elegimos. Qué características tiene que tener ese profesional para que su informe sea de utilidad. Asegúrate que la persona elegida cumple estos cinco requisitos:

  • Grandes conocimientos de narrativa. Alguien que no sepa analizar los cimientos de un libro difícilmente sabrá identificar los errores y, menos aún, argumentarlos. Un lector cero debe ver el esqueleto de los libros mientras los lee.
  • Lectura compulsiva: tiene que leer todo tipo de géneros y saber cuáles son las principales características de cada uno. Si no es un buen lector, no sabrá cómo hacer su trabajo. Si solo lee un determinado género, su informe estará muy sesgado y no va a enriquecer la obra en la que está trabajando.
  • Objetividad: es una de las características más importantes. Debe ser alguien que no te conozca y sepa evaluar la obra de una manera fría y bien argumentada.
  • Respeto: el lector cero debe respetar tu trabajo y ser consciente de lo que te estás jugando. Un mal diagnóstico puede echar a perder una buena novela.
  • Argumentos sólidos: todo lo que te indique debe estar sobradamente argumentado y si recibes alguna indicación que no entiendes debes poder preguntar y que la respuesta sea satisfactoria. Todo lo que se detalle en el informe o la obra debe estar justificado y explicado.

Niveles de análisis

Muchas veces se confunde, como decía antes, un servicio de lector cero con un informe de lectura o con un análisis total de la obra. La diferencia está en la perspectiva desde la que se lee. Un lector cero está posicionado en la parte del lector. Sus informes no son tan especializados como un análisis de lectura y, por supuesto, no tienen el detalle que tiene un análisis total de la obra que es la parte previa al editing.

Otra confusión que es común es en qué punto de todo el proceso hay que hacerlo. Mucha gente piensa que se debe hacer al final, justo antes de publicarse, pero eso no es así. Cuando haces un lector cero, cambias cosas, si ya has hecho la corrección ortográfica y de estilo, ¿quién se encargará de revisar todos esos párrafos que has introducido? Y dirás, hombre, por unos cuantos párrafos… Y digo yo, qué te cuesta hacer la corrección ortográfica cuando toca y no antes. Es la manera de asegurarte de que tu obra está lo más impoluta que se pueda. No digo perfecta porque eso es imposible.

Espero que a partir de ahora tengas más puntos claros la hora de elegir profesional y tipo de análisis. En caso de duda, sabes que puedes contactar conmigo. Y recuerda, nunca se acaba de corregir un libro.

¡Hasta la semana que viene!

Qué es ser editor

¿Qué es ser editor de libros? ¿Por qué todo el mundo confunde la palabra editor? ¿A qué se dedica un editor? A todas estas preguntas intentaré dar respuesta en este post que se va a convertir en un segundo en una pataleta en toda regla. Mucho mejor que convertirme en la abuela que corona la entrada, vamos, digo yo.

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Seleccionar las palabras para escribir bien

Seleccionar las palabras para escribir bien es clave si quieres ofrecer al lector una buena novela. Una cuestión fundamental para hacerlo bien. En esta entrada voy a tratar de explicar la importancia que tiene y cómo conseguirlo con casos prácticos.

Selección de palabras para la buena escritura

Desde que comencé a leer, no he parado. Tengo cuarenta y seis años. Llevo siete dedicada en cuerpo y alma a la edición. En mi cabeza se han almacenado todas esas estructuras y formas de crear que me han emocionado en algún momento.

Por qué elegir tanto las palabras

Un sedimento que es compacto y que solo aparece cuando mi día a día lo necesita. Es decir, puede ser que ni siquiera sepa que puedo cambiar una estructura, y por qué, hasta que no la tenga delante y vea esa necesidad. Así funciona mi cerebro. Con alarmas que me indican cuándo y cómo tengo que actuar. Es algo inmediato, pero impredecible. Difícil de explicar. Tanto que muchas veces me paso un día intentando explicarme a mí, para luego explicárselo al autor, por qué eso (pon el nombre que quieras) no puede estar ahí o debe ir en otro sitio. Nunca me rindo, siempre lo explico, pero es complicado en algunas ocasiones.

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—¡Por fin! Ya sé por qué llevo estos globos en la mano (ejemplo práctico de cómo funciona a veces mi mente)

De manera que llevo mucho tiempo dándole vueltas a este tema. Quiero tratarlo con rigor. Así que he tenido que hacer un ejercicio de profundización en mí misma importante. De momento, no sé si he salido bien parada. Juzga tú.

Y como sé que este artículo va a crecer con el tiempo, me voy a centrar en unas pocas funciones de la selección de palabras y en ofrecer un conjunto lo más ordenado posible.

Por qué no seleccionamos bien

Uno de los errores más comunes a la hora de escribir es no seleccionar las palabras para escribir bien. Esas que utilizamos para expresar lo que tenemos en la cabeza. Es una situación que tiene que ver con determinadas circunstancias. Después de años siendo editora, voy a enumerar unas cuantas:

  • Quieres terminar de una vez el libro
  • Tienes prisa porque piensas que todo eso que llevas en la cabeza se te va a olvidar
  • Piensas que ya volverás y corregirás todo
  • La impaciencia te puede, te dejas llevar por la escena y no pones atención.

Consecuencias inmediatas en tu escritura

Entonces, te encuentras con que muchas de las escenas que has escrito en tu novela no tienen la profundidad que requieren. Les falta algo, los personajes no evolucionan como deberían. En la trama hay algo que chirría todo el tiempo y le impide al lector ver lo que tú ves. Es posible que tu problema sea que no has reparado en seleccionar las palabras precisas para expresar cada una de las emociones, acciones y matices. Solución: cambiar y/o eliminar todas las palabras que no expresen exactamente lo que tienes en la cabeza. Tan sencillo y tan difícil.

Las palabras llevan adosadas un montón de connotaciones. De la combinación con otras, que tienen las suyas propias, resulta una escena determinada. Un universo. La nitidez del mismo depende de la selección que hayas hecho. Y no tendrá nada que ver con el que resultaría de los sinónimos de esas mismas palabras.

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La foto es lo que tienes en la cabeza, pero escribes: «Manolo tenía miedo».
Y te quedas tan pichi

El poder de un verbo

Voy a poner un ejemplo de una escena que podrías tener en tu cabeza: la protagonista se da la vuelta y corre.

Puedes escribir esta escena de enésimas formas. Cada uno elegirá una u otra dependiendo de todas las connotaciones que su cabeza le haya añadido. Por ejemplo, si el personaje está asustado o no; y en qué medida. Si está esperando a que venga alguien más. Un enemigo o un amigo. E infinitos matices que están en tu imaginación plasmados a la perfección.

Piensa en todos ellos y elige bien cómo lo cuentas. Cada palabra debe ofrecer todos esos matices. Aquí lo más importante es la elección y la economía comunicativa. (Te dejo un enlace que amplía esto)

Estarás diciendo que esto es complicado y que si lo hicieras con todas las escenas no terminarías nunca, pero comienza a tenerlo en cuenta y verás cómo en poco tiempo tu cerebro sabrá hacerlo solo. Porque no es lo mismo contarlo de una manera que de otra. Por ejemplo:

Luisa sale de allí por piernas, eso está claro, pero lo que entiende el lector cuando lee estas dos frases son cosas diferentes. Con la primera siente la velocidad, la rapidez, se cuenta de una, sin pausas, va al grano: huyó.

En el segundo caso, el lector ve volverse a Luisa, se añade más tensión, sin restarle tampoco rapidez y al decir escapó se transmite un nuevo matiz muy importante: el lector entiende instantáneamente que está atrapada en algún sitio. No es lo mismo huir que escapar. El último verbo significa que sale de algún sitio que no le gusta demasiado.

Aunque parezca una tontería, solo con esta diferencia el lector crea también en su mente matices diferentes que, a su vez, construyen esa atmósfera intangible, pero clave, para el tono de la novela. Esa que hace que unas escenas estén bien hechas y funcionen, y otras no.

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—Venga, Luisa, ánimo, tienes que salir corriendo otra vez
—Ya estoy harta, me he caído diez veces para nada
—Venga, que ahora seguro que se inspira

Elegir palabras y el tono de tu novela

Y es que la selección de palabras tiene mucho que ver con el tono y con la atmósfera que tendrá ese universo que estás preparando para el lector.

A veces, no sabes por qué te gusta esa novela, pero te gusta estar allí, en ese universo. Ahí es donde entra en juego el tono. Y en esa atmósfera participan todas las connotaciones que llevan adosadas las palabras.

Una manera clave para elegir bien las palabras es conocerlas, saber qué poder tiene cada una. Preocuparnos por ellas. No es lo mismo un verbo, poderosísimo, que un determinante, con mucho menos significado. Al mismo tiempo, por ejemplo, emplear «un» o «el» puede cambiar el sentido de una frase por completo y hacer que al lector se le caigan todos los palos del sombrajo.

Entender la jerarquía de las palabras

Lo explico: no es lo mismo decir una mesa que la mesa, eso está claro. Dependiendo de contexto, la mesa puede ser muy importante para el personaje y te está contando muchas cosas de su relación con él. Es esa mesa y no otra. Tiene una historia en esa trama. Su hilo viene de mucho antes que el ahora. Si dices una mesa, la despojas de todo ese bagaje. De toda la complicidad que tiene con el protagonista.

Parece casi magia que una sola y minúscula palabra contenga tantos matices y significados. Así que imagina otra con más enjundia. Esas tienen superpoderes galácticos. Por ejemplo, un adjetivo que lo carga el diablo.

Introducir personajes

Otra de las claves de una novela en la que tiene mucho que ver esa selección de palabras es en la construcción de personajes. Cómo conseguimos darle vida propia a un personaje que es secundario, por ejemplo. Uno muy secundario. Acaba de entrar en escena. El lector no lo conoce de nada, pero tendrá un papel fundamental en la trama. Al menos, en la de esa escena.

Hay personajes que tienen un destello fulminante en una novela. Cómo se hace. Eligiendo bien cómo lo presentas. Cuidando cada una de las connotaciones de las palabras que vas a seleccionar para hacer ese párrafo. En definitiva, seleccionar las palabras para escribir bien. Es la manera de asegurarte de que el lector va a entenderlo a la primera y de que su papel estará bien justificado.

Por ejemplo, vamos al más difícil todavía. Tenemos a dos carceleros que serán los protagonistas de la escena, solo de esta, su intervención es clave para salvar al protagonista, pero hay que jugar muy bien con el lenguaje para que el lector entienda diferentes cosas.

Seleccionar las palabras para escribir bien

La primera de ellas es que se justifique bien que vayan a salvar al protagonista. No puede ser que el lector entienda que nos los hemos sacado de la manga porque no tenemos la suficiente solvencia para buscar otra forma de rescatar al personaje.

Para hacer eso, debe ser lógico que tomen esa decisión siendo carceleros. Hacer que esa acción deje de ser una contradicción en sí misma. ¿Cómo lo explicas en un párrafo? Que esos personajes que no conoce el lector de nada, de repente, se pongan de nuestro lado. Vamos allá.

«Sebastián había sido adiestrado para vigilar las celdas, se paseaba de un lado a otro, como si el león enjaulado fuera él. La bebida y las palizas continuas, las que él daba, le estaban haciendo mella. Cada vez estaba peor, tan mal que ni él se daba cuenta. Luciano no le quitaba los ojos de encima, no se podía confiar ya en él. Pensaba en los chorretones de sangre cubriéndolos a todos. En las tripas de aquel cazurro que fue su amigo coronando su cabeza. Si algo salía mal, lo iban a pagar los dos. Y su vejiga, ajena a todo, a punto de explotar».

Estos son los carceleros que van a liarla parda. Se debe cuidar esta escena al milímetro. Para escribirla he empleado bastante tiempo, más que el que me podría llevar hacer otra escena en la que aparezca un protagonista. Con el personaje central tienes mucho tiempo para hacerlo. Es menos inmediato y menos exigente. Aquí te la estás jugando de verdad. En serio. Es una escena en la que tienes que transmitir todo el bagaje de estos dos hombres:

  • Darles vida propia, que el lector se haga cargo de ellos, que entienda sus motivaciones.
  • Que sepa de dónde vienen y por qué van a hacer lo que hacen.
  • Además, siendo dos desconocidos para el lector, conseguir que la escena tenga ritmo, que el lector se medio enamore de ellos. Si empatiza aunque solo sea un poco, habrás conseguido que se crea lo que van a hacer.
seleccionar las palabras para escribir bien
—¡Ay, madre! ¿A que no es capaz de sacarme de aquí?

Aquí tienes que contar todo esto, y mucho más, pero te topas con la jerarquía del texto. Ella impide que puedas emplear más de un párrafo en introducirlos. Entonces, debes seleccionar todas y cada una de las palabras. No queda otra.

Elegir palabras para escribir bien: conclusión

Cómo ves, este es un tema exigente y fundamental. Seleccionar palabras para escribir bien es una asignatura obligada para un escritor que quiera transmitir esa idea que lleva en la cabeza de la manera más exacta posible. Que haya una transferencia casi telepática con el lector. Eso solo se consigue midiendo cada una de las palabras.

Hay muchos elementos y variables que dependen de tu habilidad para hacerlo, aquí he abordado unos pocos, pero hay muchos más. Seguro que seguiré con ello más adelante.

Y hasta aquí este artículo sobre seleccionar las palabras para escribir bien, de momento. Seguro que más adelante volveré a él y lo ampliaré. Sé que han quedado muchas más funciones y ejemplos en mi cabeza. Aún no he conseguido sacarlos todos y depurarlos como a mí me gusta.

Seguro, también, que tú tienes unos cuantos ejemplos más, así que te cedo espacio en los comentarios para que seas parte activa de esta entrada. ¡Venga! ¡Ayúdame a ampliarla!

¡Hasta la semana que viene! ¡A escribir!

7 falsos mitos que te impiden escribir y cómo superarlos

Siete falsos mitos que te impiden escribir y merman tu capacidad creativa, tu ánimo y las ganas de seguir adelante. En este post vamos a exorcizar todos esos diablos que están en tu cabeza y te obstruyen el paso constantemente.

Ideas que matan tu escritura

Todos tenemos en la cabeza a un señor malcarado que nos habla constantemente de lo fácil que será fracasar, las risas que se van a echar a nuestra costa, las pocas hechuras que tenemos para escribir, lo tontos que somos y esas tramas tan absurdas que se nos ocurren. Este señor se alía, a veces, con las musas, esas asquerosas que nunca están cuando las necesitamos, y con unos seres más pequeños y malignos que hacen eco en nuestra cabeza para decirnos que estamos perdiendo el tiempo en mil idiomas distintos.

Y no te digo nada, cuando viene el hada de la limpieza y comienza a enumerar las telarañas que tiene el techo bajo el que intentamos escribir y las infinitas posibilidades que tenemos de que nos coma la mierda. Todo mientras oímos a la lavadora quejarse amargamente de lo sola y abandonada que la tenemos. La ropa sucia hace los coros a cuatro voces, que mira que es difícil, pero como tienen de aliados a los calcetines perdidos que salen solo para esto, pues tenemos el cuadro completo de la desdicha.

mitos para escribir

Por si no tenías ya el cupo cubierto con todo estos danzando a tu alrededor, está lo que circula en el exterior de tu cabeza, los miles de consejos absurdos que recibes todos los días en cuanto te asomas a una red social o pisas una tertulia de escritores o de lo que sea. Y no te cuento si se te ocurre decir que estás escribiendo.

El panorama pinta mal. Entre tanto mito sin sentido, estás tú, al borde de la enajenación mental frente al ordenador intentando día tras día sacar esa historia que llevas en la cabeza. Hay que tener una fuerza de voluntad del tamaño de Sebastopol para ser capaz de hacerlo. Y seguro que la tienes, además, deberás aprender a reprogramar tu cerebro para no caer en el desánimo.

Así que para ayudar un poco, estoy aquí con esta entrada. Vamos a mandar a todos a tomar viento fresco en 3, 2, 1… A continuación, te voy a enumerar algunos de esos falsos mitos que hacen de tu vida un infierno.

7 falsos mitos que te impiden escribir bien y cómo exorcizarlos

Hoy no tengo inspiración, no lo voy a hacer bien.

Este es el pensamiento más recurrente de un escritor. Nunca piensas que lo vas a hacer bien. Y es una buena señal. Significa que te tomas en serio tu labor y quieres dar lo mejor de ti mismo. Eso es estupendo, pero no hay que perder la perspectiva. Hasta que no te pongas a escribir, no lo vas a saber. Tal vez hoy sea el día en que bordes esa escena, puede ser que ese personaje que se te resistía hoy fluya… Lo único que hay que hacer es dejar un segundo la mente en blanco, amordazar al señor gritón y ponerse a la tarea. Punto.

Escribir es sentarse continuamente delante del ordenador

Error, escribir es tener un horario claro y conciso, acorde con nuestras necesidades diarias, que nos permita vivir y disfrutar; trabajar (pocos viven de escribir) y hacer deporte con regularidad. Aunque la tendencia te lleve a ser una rata de biblioteca y escribir suponga algún que otro encierro del mundanal ruido, esa no puede ser la tónica. Si no vives, no escribirás bien. No tendrás referencias, no conocerás diferentes personalidades, no sabrás cómo resolver muchas escenas. Lo primero que tiene que hacer un escritor es vivir.

Ahora viene cuando alguien dice que menuda tontería, Pepito Pérez, que le dieron el Nobel no salía de su casa… Vale, sí, puede ser, siempre hay una excepción que confirma la regla.

Además, y esto no va de salir, o no siempre, si no haces deporte, tu espalda se unirá al coro de plañideras que tienes metidas en casa, eso puede ser peor que los calcetines perdidos, vamos que no hace falta que te diga yo nada, que si no haces ejercicio seguramente la tengas ya en pie de guerra. Así que corpore sano debe ser una variable más de la ecuación para poder escribir con concentración.

Si leo mientras escribo vicio mi estilo

Madre mía, mátame camión. Esta es una absurdez tan grande que cuando la oigo (y la oigo con demasiada frecuencia), me pone los pelos de punta y una mala leche que ni te cuento.

He llegado a leer post, que no voy a poner aquí por pudor y educación, diciendo que leer no ayuda en nada a escribir bien. Entonces, se me cae la cabeza y tardo media hora en colocarla otra vez.

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¡Aparta de mi ese libro! ¡Dios mío, con solo mirarlo pierdo mi estilo!

Lee hasta la extenuación, dale un manotazo al duende ese que te repite que pierdes el tiempo, que te vas a viciar, que no vas a ser capaz de tener estilo… Cuánto más leas: bueno, malo y regular, mejor sabrás identificar tu estilo y cuándo lo estás haciendo bien.

Debes contar tu historia, como te gustaría leerla. De la mejor manera posible. Cuanto más leas, más herramientas tendrás para hacerlo.

No te ofusques con tener estilo propio, preocúpate de escribir bien, de manera concisa, con una buena selección de palabras. Dale al lector esa experiencia lectora en la que flote y habrás conseguido tu estilo.

Tengo que saber rápido si esto sirve para algo

Estás escribiendo, ya llevas casi la mitad del libro, el señor barrigón comienza a chillar en tu cabeza día sí y día también, diciéndote que estás haciendo el canelo. Hay miles de obras que nadie lee, un montón de escritores que como tú producen cantidades ingentes de libros, para qué, estás perdiendo el tiempo. En tu cabeza comienza a surgir la duda razonable de si ese señor tan espantoso tiene razón. Entonces, te pones en modo locura y comienzas a contactar con cualquier servicio que sale a tu paso que te pueda sacar de dudas.

Mandas un mailing pidiendo presupuestos para que alguien valore la obra, aunque esté a medias. Resultado: pierdes el dinero que inviertes y con un poco de mala suerte hasta las ganas de terminar. Una obra a medias no se puede valorar. Estás en un momento delicado y una mala valoración puede hacer que lo dejes o, peor, que desfigures esa idea bellísima que tienes en la cabeza. Lo que tienes que hacer es intentar plasmarla de la mejor manera posible y, luego, ya se verá. Carpe diem.

Es más, ya te llegará la hora de pedir opinión y este momento seguirá siendo delicado y deberás pensar bien a quién se la pides.

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¡Maldito editor! ¡No quiero ni mirar!

Los editores y correctores son mis enemigos

¡Señor bendito! ¡Asistenos! Si lo que necesitas alma de cántaro es que te corrijan, cuanto más mejor. Un editor sirve para hacer brillar todos esos diamantes en bruto en los que tú ni siquiera habías reparado.

Una obra se convierte en maestra justo en la corrección. Un borrador puede tener mucha esencia, pero en su mayoría serán detritus, de tanto vomitar. Esa es la realidad. Un borrador debe pulirse y mucho.

Un profesional nunca va a desfigurar tu texto, si después de su explicación o corrección consideras que está mejor como lo tenías antes serás libre de dejarlo así, pero su ayuda y experiencia harán que tu obra se potencie al máximo. Si renuncias a ellos pasarás a engrosar las listas de los libros que caen por la ventana mental del lector a un pozo sin fondo que sí tiene nombre: papelera.

Mis amigos son mis lectores cero

Ya sé que cuesta gastarse el dinero en un lector cero profesional y ni te cuento en un editor que te ayude a mejorar la obra. Soy consciente, pero necesitas esa ayuda. Nadie es capaz de hacerlo solo. Los buenos libros son el fruto de una sucesión de profesionales que comienza en un gran escritor.

Así que enviar a todos tus amigos y conocidos el texto puede servir para una lluvia de ideas inicial. No digo que no, pero va a ser complicado que argumenten de manera sólida por qué no les gusta algo (si es que son capaces de decírtelo, después de ver que no has salido en los últimos meses por dedicarle todo tu tiempo libre a la novela). Por mucho que lean, si no se dedican a esto, será complicado que puedan ayudarte más allá de lo más obvio.

Muchos tienen la solución: enviar una sucesión eterna de preguntas a sus lectores cero. Piensan que así les costará menos armar una argumentación lo más profesional posible, pero… Hay un pero muy gordo. Casi tanto como nuestro amigo barrigón. Un lector cero consiste en ponerse en la piel del lector, sin ninguna guía, tal y como él hará cuando se publique el libro. Una sucesión de preguntas, que para más inri ha diseñado el propio autor siempre estará sesgada.

Primero, ellos van a fijar su atención en tus preguntas, como eres el autor y no tienes ni idea de dónde están los fallos… ¿Cuál crees que va a ser el resultado?

Segundo, ¿crees que se van a tomar el tiempo de argumentarte esa sucesión interminable de cuestiones? ¿Sabes cuánto se tarda en leer con esa atención y cuidado un manuscrito?

Creo que si contestas a estas preguntas, sabrás por qué no aconsejo hacer de guía para tus propios lectores cero. Al margen de que, por supuesto, no son profesionales (a nadie se le ocurriría lanzarle esa retahíla a un profesional). Es una manera de exprimirlos que no suele dar los mejores resultados. En el caso de que sigas pensando en que tus amigos y conocidos hagan de lectores cero, déjalos a su libre albedrío y que cada uno te dé su opinión (sincera o no).

Me copian las tramas

Típico de los talleres de escritura, no voy a compartir con el resto la idea que tengo en la cabeza que aquí hay mucha gente y lo mismo se copian de mi super trama. ¡Señor, llévame pronto! En el caso de que sea una maravilla de historia, que puede ser, no lo dudo, nadie va a poder escribirla cómo lo harías tú. Es tu historia, tu idea, solo tú puedes hacerlo así.

Y es más, en el caso de que alguien se atreviera a copiarte, piensa que no es importante lo que se cuente, sino cómo se cuente, de manera que olvídate de ese prejuicio absurdo.

Siete falsos-mitos-que-te-impiden-escribir_plagio
—No puedo, aquí hay demasiada gente…
—Tranquilízate, nos pasa nada.
—Que no pasa, dice, ¿ves a ese rubio? Ese me copia mi ideaca… ¡Que no puedo!

En una lluvia de ideas con otros como tú, tu historia puede enriquecerse al máximo, tendrás el consejo del profesor del taller o de personas que tal vez controlen más que tú de escritura y, quién sabe, cuando menos te lo esperas un detalle sin importancia que alguien te aporte puede enriquecer esa trama hasta límites insospechados. Así que si has invertido el dinero en un taller, fluye, absorbe, cuenta y vive la experiencia sin ataduras

Y hasta aquí esta sucesión de ideas absurdas que nos meten en la cabeza en pleno proceso creativo. Los peores demonios de un escritor están dentro de él, ellos le impiden seguir adelante. Confiar en sí mismo es la primera y más valiosa de las virtudes que apuntala a un escritor. Y, lo más importante, esos mitos socavan la paciencia, fundamental para aguantar la carrera de fondo que supone escribir un libro.

Seguro que conoces más mitos, así que te invito a completar este artículo. ¡Venga, ayúdame con ello! ¡Ah, y ponte a escribir, ya!

Cómo retomar la escritura tras un parón

Cómo ponerte a escribir sin darle más vueltas. Es posible que octubre nos haya pillado con el pie cambiado. Septiembre ha pasado sin pena ni gloria y aún no nos hemos metido de lleno a escribir. El verano es una época dura en ese sentido. Así que tal vez aún no hayas tecleado demasiado. Aquí te traigo algunos consejos que te ayudarán a ponerte de nuevo en marcha.

Cómo volver a escribir como una flecha

Este artículo lo escribí justo a la vuelta de verano para mis suscriptores, ya sé que aquí llega un poco tarde, pero alguna ventaja tiene que tener estar suscrito a mi boletín de noticias. Si quieres recibir en exclusiva artículos como este, no dudes en apuntarte en este enlace. Además recibirás un manual cortito y conciso de cómo escribir un libro. ¡Venga, a por ello!

El caso es que la preocupación no te abandona, aún no te has puesto a escribir por muchos artículos motivadores que has leído (aquí te dejo uno que complementa con este a la perfección). Sientes que esa historia que tienes a medias, terminada o aún por empezar se va perdiendo como arena entre las manos solo porque no te decides a ponerte a escribir de una manera asidua, día tras día.

Te entiendo mejor de lo que piensas, todos hemos pasado por ahí en algún momento, así que voy a darte los consejos que intento aplicarme a mí misma en esas situaciones. Vamos allá.

Este artículo tiene tres fases: consejos que le sirven a todo el mundo para motivarlo a hacer algo, escriba o toque la armónica; indicaciones generales solo para escritores y recomendaciones específicas para el momento exacto de tu proceso creativo. 

Consejos generales para volver a escribir

Vamos con los primeros. Haz como si fuera la primera vez que los lees que me hace ilusión. Como si no los hubieras visto en los 100.000 artículos que hay sobre el tema en internet, venga:

  • Vuelve a comer bien.
  • Acuéstate a tu hora.
  • Procura dejar la cervecita.
  • Haz un poco de deporte.
  • No te ofusques, a nadie nos gusta volver de vacaciones.
  • No te castigues, es normal que te cueste.
  • No te exijas más de lo que puedes dar.

Todo esto te va a ayudar un montón a volver a la rutina casi sin darte cuenta. Además, no es tan malo, la vida es rutina, deja ya de pensar que lo mejor de vivir son las vacaciones o las grandes aventuras. No, tu vida es el día a día, procura darte, al menos, un gusto cada 24 horas.

Consejos generales para escritores

Crea una rutina de escritura, puedes usar el calendario de antes del verano si te ha ido bien y tienes el mismo horario vital. Eso sí, si no escribías más de una vez a la semana y llevas cinco años con la novela, por ejemplo, no vale. Lo que necesitas es mandarme un correo y te ayudo.

En caso de que no te gustara el anterior o ya no te sirva, hazte uno acorde con el tiempo que puedas dedicar a escribir. Sé realista y marca con conocimiento de causa las horas. Es mucho mejor que sea una hora todos los días que diez seguidas un día. Aunque eso depende de cómo sea la obra y de lo que tú necesites, así que aquí piensa tú. 

Ante todo, constancia

Una vez que tengas claro el tiempo que puedes dedicar a la semana, cuando llegue ese momento, te sientas delante del ordenador. Sin excusas. Obviando esa voz que en tu cabeza te miente. Esa que dice que tienes otras cosas que hacer. Cierra tu mente al exterior, por completo. Olvídate de todo y ponte a escribir. El día que no puedas escribir, repasa personajes, documéntate, lee sobre lo que estás escribiendo o corrige lo que ya tienes escrito. Sigue ese calendario a rajatabla y sáltatelo solo por fuerza mayor.

Una vez hayas establecido la rutina, será más difícil que la interrumpas. El primer mes es vital para ello. 

No te presiones

No tienes que alcanzar las 5.000 palabras diarias. Debes escribir casi siempre que te sientes, pero no te pongas objetivos que no puedes cumplir o te presiones para escribir escenas como si fueran churros. La historia tiene sus propios tiempos, hay escenas que fluyen y escenas que tu cerebro necesita más para escribirlas, no lo agobies.

Lo mismo ocurre con libros de otro tipo, como los ensayos, hay veces que tienes claro por dónde ir y otras que no encuentras el quid para que un tema sea tan redondo como quieres. Tu cerebro, aunque no lo sepas, está buscando soluciones, déjale que las encuentre a su tiempo, sin presionarlo demasiado.

Escribir no es una cuestión que se pueda acotar en el tiempo, cada libro tiene sus márgenes y debes respetarlos.

Con esto no estoy diciendo que si no te apetece sentarte a escribir te vayas de cañas o a poner lavadoras. Todo lo contrario. Tú te sientas a trabajar y empleas ese tiempo en la obra, aunque no estés avanzando. 

Gestiona el miedo a no hacerlo bien

Y, lo más importante, olvídate del miedo a no hacerlo bien. Quieres que todo sea perfecto y esa presión te paraliza porque piensas que hoy no es el día. Eso es una soberana estupidez, le estás haciendo caso a esa voz que miente. Es mala. Tú puedes. Seguro que no es el día, pero es que casi nunca lo es y si no te sientas no lo vas a saber tampoco. Escribe sin preocuparte por eso. Total, nada va a ser redondo hasta que no lo corrijas, es así. La verdadera magia se hace en la corrección. Palabra de editora.

Consejos específicos para tu proceso creativo

Ahora vamos a lo específico para tu proceso creativo, a ver cómo vas con tu libro o tu posible libro. Después de darle vueltas al tema, he llegado a la conclusión de que hay cuatro hipotéticas situaciones en las que puedes estar:

  • Cuando te fuiste de vacaciones tenías una obra a medias
  • Te fuiste con el libro terminado y ahora toca corregir.
  • Te fuiste con una buena idea que aún no has llevado a la práctica.
  • Te fuiste como has venido, sin nada.

Tienes una novela a medias

Si estás entre los que se fueron de vacaciones con una novela a medias, encomiéndate a lo que sepas… (es broma, pero poco) Va a ser complicado que te reenganches a escribir sin más. Debes volver a leerte al menos los últimos capítulos, yo iría más allá y me leería todo lo que tuviera escrito. Si has hecho bien los deberes en vacaciones, no habrás pensado en nada y tu cerebro te lo va a agradecer con unas escenas fabulosas, pero aún le vas a tener que ayudar un poco más para que pueda dar lo mejor de sí mismo. ¿Qué mejor ayuda que ponerlo en antecedentes?

Sí, ya sé que llevas unos días en una situación tensa: tus personajes te miran inquisitivamente y levantan los brazos con las palmas hacia arriba. Encogen los hombros y se preguntan qué diablos estás haciendo. Están hartos de estar todo el verano sentados en aquel sofá, con aquella conversación a medias, en pleno duelo tras el abandono de su amante o, peor, a punto de morir atropellados por un autobús. Y mientras, tú no paras de dar vueltas por la casa, incapaz de sentarte a solucionar sus problemas. No sé si te perdonarán, pero hay que intentarlo. 

Si estás escribiendo un ensayo

Si esto te suena a chino porque estás escribiendo un ensayo, no te preocupes que para ti también hay. Los temas están igual, necesitan un hilo conductor que no llegó antes y que ahora se te ha escapado o no sabes por dónde vas literalmente. Solución: vuelve a leer los últimos capítulos. Si las musas, esas malnacidas, no vienen; ponte a leer desde el principio y deja que tu cerebro haga su magia.

Y dirás, pues vaya a todos nos dice lo mismo, pues sí. Es que en esa situación no hay más que decir, no hay fórmulas mágicas, ni secretos que te ponen en órbita en un segundo. No queda otra que releer.

Cómo retomar la escritura tras un parón 9
—¡Ay, Señor!, ¿en serio escribí esto antes del verano? ¿Y ese señor quién es? ¡Ah, calla! ¡El protagonista! ¡Ay!

Lee lo que ya tenías escrito

El caso es que si te sientas delante del ordenador como siempre, verás que a los pocos minutos ya no te acuerdas de nada. Así que abre la obra y ponte a leer, no te preocupes, no estás perdiendo el tiempo, en absoluto, estás ayudando a tu cabeza a seguir creando, estás dándole más leña para que su fuego sea intenso. Vas a hacerlo muy bien después. Hazme caso. 

Has perdido a tus personajes

Si dejaste la novela a medias, pero tus personajes se han ido también de vacaciones para no volver, lo vas a tener mucho más complicado. Suele pasar cuando aún no has creado suficientes vínculos con ellos. No los has construido muy allá y se desdibujan en cuanto te das la vuelta. Así que después de leer todo lo que habías hecho, comienza a pensar en cómo son todos los personajes. Ya que no lo has hecho antes, lo tendrás que hacer ahora. No pasa nada, vas a conseguirlo. Solo tienes que ponerle un poco más de voluntad.

A veces pasa, sobre todo cuando es tu primera novela. Nada que no se pueda solventar con interés y ganas. Así que vamos a allá. Haz una especie de ficha con los personajes, anota todo sobre ellos y haz un esquema de su vida. Después, estructura la novela. Un sencillo esquema servirá. Sé que es un tostón, pero si quieres escribir algo bueno, debes preparar bien el escenario. Si perdiste de vista a tus personajes, es que no has hecho buenos cimientos y los tienes que rematar ahora. 

Debes sacar esa historia de tu cabeza y lo vas a hacer. Piensa en la sensación de haber terminado, en cómo te vas a sentir cuando tengas tu libro entre las manos, eso te impulsará a volver a establecer rutinas. 

Te toca corregir

Si te fuiste con el libro terminado y ahora toca corregir, estás de enhorabuena, solo tienes que buscar la rutina de nuevo, no desatiendas los primeros consejos que te doy, son importantes. Piensa que lo has hecho muy bien. De hecho, si aún tienes a todos los personajes mirando de frente, si te siguen mandado señales, si recuerdas perfectamente la historia, déjala y ponte a hacer otra cosa. La obra aún no está preparada para que la corrijas.

Ya tienes la idea para ponerte a escribir

En el caso de que te fueras con una idea en la cabeza también es mucho más sencillo. Solo tienes que establecer una rutina y, sobre todo, prepararte bien para comenzar a escribir. No quiero oír hablar de personajes que se deslucen a la primera de cambio; de estructuras que se desmoronan. Hacer estructuras previas es un rollo añadido, perfilar personajes también, pero al menos en tu cabeza debes tener todo eso listo antes de ponerte.

Antes del parón aún no tenías nada y ahora tampoco

He dejado para el final la última situación hipotética. Si estás en este punto no te viene mal leer lo anterior. Y es que antes de las vacaciones no tenías nada y ahora tampoco. Lo más que consigues son vagas ideas que van y vienen, pero que nunca consigues llevarlas a cabo. En este caso, no tengo suficientes datos para ayudarte. No tengo aquí una bola de cristal que me dice qué debes hacer así sin saber nada más de ti.

Creo que cuando pasa eso es porque no hay una verdadera pulsión para escribir, falta algo. Puede haber miles de razones para que te encuentres en esta situación y, tal vez, no tengas esa necesidad o simplemente necesitas un empujoncito de nada para ponerte, pero no quiero aventurarme en ninguna dirección sin conocimiento de causa. Escríbeme si quieres y lo vemos con detenimiento.

Concluyendo, manos a la obra.

Y hasta aquí estos consejos para que te pongas a escribir como alma que lleva el diablo. Espero que a partir de hoy vueles sobre el teclado y me lo cuentes. Dime si te ha ayudado este artículo y si tienes alguna duda, escríbeme a proyectos@eltinteroeditorial.com

¡Hasta la semana que viene!

Qué hace que tu libro sea genial

Qué hace que tu libro sea genial. Conocer la fórmula mágica por la que se llega al corazón de lector es el santo grial de cualquier escritor. Y en este post voy a intentar buscarla.

Qué convierte a tu libro en algo maravilloso

Lo primero que voy a hacer es lo contrario a lo que se debe en este tipo de entradas. Es decir, debería decirte que tengo esa fórmula mágica. Luego comenzar a escribir palabras, una detrás de otra, dejándote tras cada párrafo con la esperanza de que en el siguiente estará aquello que buscas. Así, hasta que le des al click de cerrar con el morro torcido porque este ha sido un nuevo artículo que no cumple con las expectativas que ofrecía al inicio.

Así que no, no voy por ahí. De hecho, te diré que aquí no hay fórmulas mágicas que valgan. La vida es así y la escritura también. Eso sí, hay determinadas variables que si las sabes ajustar a tu proceso creativo pueden funcionar y quién sabe, tal vez, tu grial, aunque no sea santo, lo tengas al alcance de la mano.

Escritura que sale de dentro

¿Qué hacer para que tu libro sea genial? La primera regla para conseguirlo es que lo que escribas te salga de las tripas. Respétate, cuídate, nútrete. Ser uno mismo es fundamental para conseguir más lectores. Cuando escucho que alguien ha llegado al éxito fijándose en lo que más se vende y en razones que no han salido de su interior… No sé, me da cosica. Puede ser que tenga un manejo inigualable del ritmo, que sus estructuras sean impecables, que conozca cómo ir desgranando los datos para crear la adicción necesaria… De hecho, seguro que es así. Pero (evidentemente, había un pero) si no escribe desde el corazón, las tripas o las entrañas, como quieras llamarlo, nunca tendrá la magia que tienen los que sí lo hacen. Esas obras tienen algo frío, saben a caldo en pastillas.

Y me da pena porque algunos de ellos son magistrales a la hora de utilizar la técnica literaria, si emplearan toda esa artillería para escribir sobre aquello que les corroe, serían genios.

Y ojo que no solo basta con que te salga de dentro, por supuesto que no. Se necesitan mucho más recursos… Casi infinitos. Vomitar a lo loco, ya sabes, no me canso de repetirlo, solo te traerá problemas y mucho trabajo.

Vale, pero entonces, ¿sobre qué escribo?

Si quieres tener lectores entregados, escribe sobre aquellos temas que te interesen, cuenta eso que no acabas de comprender y que te ronda todo el tiempo por la cabeza, habla de ese momento que tienes clavado en el corazón, narra esa experiencia que se quedó pegada a tu retina, explica las vivencias de esas personas que no vas a poder olvidar… Ahí tienes tu historia rutilante. Ahí tienes a tus lectores maravillados. En esa obra encontrarán muchos momentos de esos que subrayas para volver a ellos porque han descubierto un trocito de tu corazón.

La jerarquía es la reina

Aprende a jerarquizar datos. Cuando hablo de datos me refiero a los sustanciales para que el lector construya ese universo en su cabeza. No hablo de los que crean tensión o de los secretos que llevan dentro los personajes. Debes tener claro qué quieres contar y hacer un esquema con los datos que necesita el lector para componer las escenas y construir los personajes en su cabeza. De estos, hay unos pocos que son esenciales; algunos más, muy relevantes; bastantes que son importantes; muchos, destacados e infinitos que están de relleno. Si tienes claro dónde va cada información objetiva que ofreces al lector, enhorabuena, estás cerca de encontrar el grial.

Los datos de las primeras tres categorías debes colocarlos en la primera tercera parte del libro en el 90% de los casos. Si no lo haces, corres el peligro de desmontar el universo que está construyendo el lector en su cabeza. Así que si eres del 10% que va a saltarse esto, cuida mucho qué te guardas.

Si engañas al lector, uff

¿Qué hacer para que tu libro sea genial? Nunca engañes ni canses al lector. Aunque te parezca imposible después de salir a la calle un día normal o entrar un ratito en Twitter, el lector es un ser humano inteligente, por eso es lector. Si no te lo crees, echa un vistazo a este post sobre lo que la lectura puede hacer por ti que escribí hace nada.

La justa medida

Partiendo de esta base, si sabes contar una  historia, no tienes que recurrir a repeticiones innecesarias ni a argucias poco limpias para que el lector siga leyendo. Cada historia tiene sus propias reglas, los capítulos acaban de una manera orgánica, las escenas se deben desarrollar hasta su final lógico y nunca debes romper esa dinámica para conseguir que siga leyendo.

Los nuevos datos hacen avanzar la trama

Asimismo, ve desgranando ideas asegurándote de que las has escrito de la manera más clara, corta y completa posible. Revisa bien, practica la economía comunicativa. Si se ha dicho, no se repite. Nunca. Cada párrafo o escena debe aportar datos nuevos. Cuando tengas que retomar algún dato, escena, trama o personaje, hazlo aportando siempre información nueva. Si el lector detecta que le cuentas cien veces lo mismo de diferente manera, adiós muy buenas.

Respeta la cronología de la historia

Controla el tiempo. Cada escena tiene su tiempo, no tengas prisa, dedícate a imaginarte lo que quieres contar y hazlo exhaustivamente, con una prosa lo más clara posible y sin adelantar acontecimientos a no ser que sean parte de una técnica consciente para darle un toque especial a la trama. Hay verdaderos maestros en adelantar acontecimientos. Maggie O’Farrell, por ejemplo. Maravillosa.

Una palabra basta para situar al lector

Hacer un libro genial es sinónimo de no perder al lector. Nunca pierdas al personaje en el tiempo y el espacio. Antes de cada cambio (temporal o de escenario) lo primero que tienes que hacer es dejarlo claro. Pon todos tus conocimientos al servicios de una experiencia lectora maravillosa. El lector necesita componer bien la película en su cabeza, no le falles en este punto.

Entiende a tus personajes

Empatía, conocimiento extremo y amor hacia tus personajes. Respétalos, aunque sean el demonio o más tontos que hechos de encargo. Es tu personaje, tú eres su transmisor. No los desvirtúes. Y, sobre todo, si la trama está en tercera persona mantente alejado de la subjetividad lo más que puedas, cuidado con los adjetivos, con las reacciones de los personajes o con narrar más que mostrar. (Hace poco amplié un artículo sobre cómo construir personajes, por si quieres echarle un vistazo, aquí te lo dejo).

Hasta aquí este qué hacer para que tu libro sea genial. Cuéntame, según tu opinión, qué tiene que tener un libro para entrar en esta categoría. ¿Dónde reside la calidad de un libro para ti? Me encantaría saberlo.

¡Hasta la semana que viene!