Lector cero: qué es, tipologías y cómo elegirlo

Qué es un lector cero. Existe mucha confusión en torno a esta figura necesaria para publicar un libro. En este post voy a intentar desentrañar qué es un lector cero, a qué se dedica y cómo elegirlo.

Qué es un lector cero

Un lector cero es un profesional que se dedica a certificar que una obra está lista para publicarse. Es un lector avezado y experto que buscará todos aquellos puntos débiles que se han quedado en el borrador después de varias correcciones y ediciones. Es una figura imprescindible para cualquier proceso de edición. Muchos piensan que no es tan estrictamente necesario, pero bajo mi punto de vista es esencial y ahora explico por qué.

Controlar todas las variables que convierten una novela en una delicia es demasiado complicado para que pueda hacerlo una sola persona. Nuestro cerebro no está preparado.

Todo necesitamos un lector cero

Cuando llevas meses, incluso años, pensando en la misma historia, la puedes desarrollar en tu cabeza hasta en el último detalle. En ese punto te encuentras cuando terminas de escribir y corregir unas cuantas veces tu propio libro.  Ahí ya no eres capaz de leer, tu cabeza le da al play de su memoria que es mucho menos esforzado. Así que se escapan miles de incongruencias que un lector externo con preparación encontrará en un primer vistazo.

Puedes tener la historia más impactante, los mejores personajes, los giros más brillantes, pero si se te escapa un detalle, por nimio que sea, todo ese trabajo ingente puede venirse abajo. Para que eso no suceda, está el lector cero.

Además, también es fundamental cuando estás en un proceso de edición con un profesional. Lo digo por experiencia. Cuando llevo varios meses trabajando en abrillantar una obra también noto que dejo de leer. Tengo que hacer un esfuerzo muy grande para seguir estando alerta. Todo me parece perfecto. Así que al finalizar el servicio de editing, contrato a un lector cero profesional que certifica que el trabajo que hemos llevado a cabo el autor y yo es impoluto.

Cómo-elegir-un-lector-cero

—¡Eh! Mírame, estoy aquí… ¡Eh! Soy el detalle que va a desmontar tu novela… Nada, por mucho que aparezca, no me ve…

Alternativas a tu alcance

El problema viene a la hora de elegir quién lo hará. Aquí hay diversas variantes por las que optar.

Elegir a varios lectores cero de confianza. O sea, no voy a pagar un duro por el servicio y mis amigos, más o menos, estarán encantados de leer lo que acabo de escribir. Bueno, a priori, no es una buena idea,entre otras cosas porque estás regalando tu novela sin ninguna garantía.

Aquí algunos se echarán las manos a la cabeza y dirán: pues sí, hombre, con lo bien que lo hacen mis amigos voy a yo a dejar mi novela en otras manos. Que puede ser. Tranquilidad. Por supuesto que hay excepciones, seguro que hay autores que tienen en sus amigos a sus mejores editores. Es genial que sea así. Y en este caso, es perfecto.

Lo que ocurre es que hay también quien no mira ni repara, hace llamamientos en las redes o se lo pide al primero que pasa por la calle o por Twitter. Sin saber nada de a quién le va a enviar su obra. Y luego pasan estas cosas (en el mejor de los casos):

—Me ha gustado mucho.

—Ya, pero por qué.

—Ay, no sé, el protagonista… tiene algo que engancha.

—Sí, pero qué tiene.

—Ay, no sé, es que no sabría decirte

Y así una tarde entera. Yo tampoco sé si merece la pena.

¿Sabes si tus amigos o conocidos tienen el criterio literario necesario para que que te sirva de algo regar tu novela por el mundo? Pues eso.

El cuestionario de marras

Y si hay  una situación peor que la anterior, el momento en que el lector cero que se ha ofrecido amablemente recibe un cuestionario de tropecientas preguntas junto a la bonita obra. Ole, y el autor se queda tan ancho.

Aquí hay para un año de post, de verdad, no hay cosa peor. Primero porque si tus lectores cero no tienen ni idea de narrativa, da igual las preguntas que les mandes. Segundo, si mandas un cuestionario estás mediatizando a ese lector y no te va a contar precisamente lo que está mal, se fijará en esas cosas de las que tú dudas, que ya las has detectado tú. Haces que tu inseguridad se transmita a los otros y los invalidas como lectores cero.  Tercero, es feo, muy feo.

Mandar una ristra de preguntas a lectores cero que encima te van a hacer este favor sin ninguna retribución también puede verse como tener un morro que te lo pisas. En serio, sé que si lo has hecho alguna vez, ha sido con buena intención. Piensas que estás facilitándoles el trabajo, pero no suele ser así. Cuando ven venir aquello, se quedan como la liebre que mira los faros de un coche. Maldicen el día que te dijeron que sí y piensan, ja, la lleva clara.

Funciones de un lector cero

Verás cuando se entere de que ni me la he leído ni pienso contestar a las 1.000 preguntas que me mandó

No es un informe de lectura

Además, quién manda esto, está diciendo que no tiene ni idea de lo que ha pedido. Un servicio de lector cero no tiene nada que ver con un informe de lectura. Y me da a mí que esto último es lo que quiere, en realidad, el que manda el cuestionario. Y eso sí que gratis va a ser que no.

Un lector cero, tal y como indica su nombre, es ponerse en el papel del lector. Ninguno que yo sepa lleva adosada una ristra de cuestiones que tenga que resolver acerca de lo que está leyendo. Si es una novela, por ejemplo, lo importante es que entretenga, que no tenga cuellos de botella, que los personajes se perciban reales… Y un largo etcétera que ya saben los lectores cero profesionales y espero que tus amigos. Al menos, espero que elijas a aquellos que sean ávidos lectores en su vida cotidiana.

Si no es el caso, mátame camión y termina pronto con esta agonía. Si eres capaz de regar tu historia por el mundo mundial, entre criaturicas que no han visto un libro en su vida, que Dios nos coja confesados.

Lector cero profesional: qué tiene que tener

Como ves esto no va a ser tan fácil. Yo tampoco te voy a decir a quién elegir, solo te doy ideas. Eso sí, si eliges a un profesional, cuando termine su trabajo tendrás localizados los puntos débiles de tu obra, también sus potencialidades. Hay dos formas de hacerlo:

  • Informe: tras las lecturas necesarias de la obra se envía un documento acerca del estado de la obra en cada uno de los apartados estipulados. Según mi criterio son los siguientes:
    • Tema central
    • Estructura
    • Personajes
    • Género
    • Ritmo de lectura
    • Valoración comercial y literaria
    • Conclusión
  • Sobre la propia obra. El lector cero va señalando en la obra dónde se encuentran los puntos débiles y fuertes para que sea más ágil hacer los cambios después. Esta es la que más me gusta. La que hago siempre después de un editing. Tener un informe es válido si está bien hecho, pero este tipo tiene varias ventajas añadidas. Además de ir al grano, también te permite ver in situ mejor el error y detectar  si el lector cero sabe lo que hace de manera más rápida.

Cómo elegir lector cero

Parece que avanzamos en el tema, vamos a ver a quién elegimos. Qué características tiene que tener ese profesional para que su informe sea de utilidad. Asegúrate que la persona elegida cumple estos cinco requisitos:

  • Grandes conocimientos de narrativa. Alguien que no sepa analizar los cimientos de un libro difícilmente sabrá identificar los errores y, menos aún, argumentarlos. Un lector cero debe ver el esqueleto de los libros mientras los lee.
  • Lectura compulsiva: tiene que leer todo tipo de géneros y saber cuáles son las principales características de cada uno. Si no es un buen lector, no sabrá cómo hacer su trabajo. Si solo lee un determinado género, su informe estará muy sesgado y no va a enriquecer la obra en la que está trabajando.
  • Objetividad: es una de las características más importantes. Debe ser alguien que no te conozca y sepa evaluar la obra de una manera fría y bien argumentada.
  • Respeto: el lector cero debe respetar tu trabajo y ser consciente de lo que te estás jugando. Un mal diagnóstico puede echar a perder una buena novela.
  • Argumentos sólidos: todo lo que te indique debe estar sobradamente argumentado y si recibes alguna indicación que no entiendes debes poder preguntar y que la respuesta sea satisfactoria. Todo lo que se detalle en el informe o la obra debe estar justificado y explicado.

Niveles de análisis

Muchas veces se confunde, como decía antes, un servicio de lector cero con un informe de lectura o con un análisis total de la obra. La diferencia está en la perspectiva desde la que se lee. Un lector cero está posicionado en la parte del lector. Sus informes no son tan especializados como un análisis de lectura y, por supuesto, no tienen el detalle que tiene un análisis total de la obra que es la parte previa al editing.

Otra confusión que es común es en qué punto de todo el proceso hay que hacerlo. Mucha gente piensa que se debe hacer al final, justo antes de publicarse, pero eso no es así. Cuando haces un lector cero, cambias cosas, si ya has hecho la corrección ortográfica y de estilo, ¿quién se encargará de revisar todos esos párrafos que has introducido? Y dirás, hombre, por unos cuantos párrafos… Y digo yo, qué te cuesta hacer la corrección ortográfica cuando toca y no antes. Es la manera de asegurarte de que tu obra está lo más impoluta que se pueda. No digo perfecta porque eso es imposible.

Espero que a partir de ahora tengas más puntos claros la hora de elegir profesional y tipo de análisis. En caso de duda, sabes que puedes contactar conmigo. Y recuerda, nunca se acaba de corregir un libro.

¡Hasta la semana que viene!

Qué es ser editor

¿Qué es ser editor de libros? ¿Por qué todo el mundo confunde la palabra editor? ¿A qué se dedica un editor? A todas estas preguntas intentaré dar respuesta en este post que se va a convertir en un segundo en una pataleta en toda regla. Mucho mejor que convertirme en la abuela que corona la entrada, vamos, digo yo.

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Seleccionar las palabras para escribir bien

Seleccionar las palabras para escribir bien es clave si quieres ofrecer al lector una buena novela. Una cuestión fundamental para hacerlo bien. En esta entrada voy a tratar de explicar la importancia que tiene y cómo conseguirlo con casos prácticos.

Selección de palabras para la buena escritura

Desde que comencé a leer, no he parado. Tengo cuarenta y seis años. Llevo siete dedicada en cuerpo y alma a la edición. En mi cabeza se han almacenado todas esas estructuras y formas de crear que me han emocionado en algún momento.

Por qué elegir tanto las palabras

Un sedimento que es compacto y que solo aparece cuando mi día a día lo necesita. Es decir, puede ser que ni siquiera sepa que puedo cambiar una estructura, y por qué, hasta que no la tenga delante y vea esa necesidad. Así funciona mi cerebro. Con alarmas que me indican cuándo y cómo tengo que actuar. Es algo inmediato, pero impredecible. Difícil de explicar. Tanto que muchas veces me paso un día intentando explicarme a mí, para luego explicárselo al autor, por qué eso (pon el nombre que quieras) no puede estar ahí o debe ir en otro sitio. Nunca me rindo, siempre lo explico, pero es complicado en algunas ocasiones.

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—¡Por fin! Ya sé por qué llevo estos globos en la mano (ejemplo práctico de cómo funciona a veces mi mente)

De manera que llevo mucho tiempo dándole vueltas a este tema. Quiero tratarlo con rigor. Así que he tenido que hacer un ejercicio de profundización en mí misma importante. De momento, no sé si he salido bien parada. Juzga tú.

Y como sé que este artículo va a crecer con el tiempo, me voy a centrar en unas pocas funciones de la selección de palabras y en ofrecer un conjunto lo más ordenado posible.

Por qué no seleccionamos bien

Uno de los errores más comunes a la hora de escribir es no seleccionar las palabras para escribir bien. Esas que utilizamos para expresar lo que tenemos en la cabeza. Es una situación que tiene que ver con determinadas circunstancias. Después de años siendo editora, voy a enumerar unas cuantas:

  • Quieres terminar de una vez el libro
  • Tienes prisa porque piensas que todo eso que llevas en la cabeza se te va a olvidar
  • Piensas que ya volverás y corregirás todo
  • La impaciencia te puede, te dejas llevar por la escena y no pones atención.

Consecuencias inmediatas en tu escritura

Entonces, te encuentras con que muchas de las escenas que has escrito en tu novela no tienen la profundidad que requieren. Les falta algo, los personajes no evolucionan como deberían. En la trama hay algo que chirría todo el tiempo y le impide al lector ver lo que tú ves. Es posible que tu problema sea que no has reparado en seleccionar las palabras precisas para expresar cada una de las emociones, acciones y matices. Solución: cambiar y/o eliminar todas las palabras que no expresen exactamente lo que tienes en la cabeza. Tan sencillo y tan difícil.

Las palabras llevan adosadas un montón de connotaciones. De la combinación con otras, que tienen las suyas propias, resulta una escena determinada. Un universo. La nitidez del mismo depende de la selección que hayas hecho. Y no tendrá nada que ver con el que resultaría de los sinónimos de esas mismas palabras.

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La foto es lo que tienes en la cabeza, pero escribes: «Manolo tenía miedo».
Y te quedas tan pichi

El poder de un verbo

Voy a poner un ejemplo de una escena que podrías tener en tu cabeza: la protagonista se da la vuelta y corre.

Puedes escribir esta escena de enésimas formas. Cada uno elegirá una u otra dependiendo de todas las connotaciones que su cabeza le haya añadido. Por ejemplo, si el personaje está asustado o no; y en qué medida. Si está esperando a que venga alguien más. Un enemigo o un amigo. E infinitos matices que están en tu imaginación plasmados a la perfección.

Piensa en todos ellos y elige bien cómo lo cuentas. Cada palabra debe ofrecer todos esos matices. Aquí lo más importante es la elección y la economía comunicativa. (Te dejo un enlace que amplía esto)

Estarás diciendo que esto es complicado y que si lo hicieras con todas las escenas no terminarías nunca, pero comienza a tenerlo en cuenta y verás cómo en poco tiempo tu cerebro sabrá hacerlo solo. Porque no es lo mismo contarlo de una manera que de otra. Por ejemplo:

Luisa sale de allí por piernas, eso está claro, pero lo que entiende el lector cuando lee estas dos frases son cosas diferentes. Con la primera siente la velocidad, la rapidez, se cuenta de una, sin pausas, va al grano: huyó.

En el segundo caso, el lector ve volverse a Luisa, se añade más tensión, sin restarle tampoco rapidez y al decir escapó se transmite un nuevo matiz muy importante: el lector entiende instantáneamente que está atrapada en algún sitio. No es lo mismo huir que escapar. El último verbo significa que sale de algún sitio que no le gusta demasiado.

Aunque parezca una tontería, solo con esta diferencia el lector crea también en su mente matices diferentes que, a su vez, construyen esa atmósfera intangible, pero clave, para el tono de la novela. Esa que hace que unas escenas estén bien hechas y funcionen, y otras no.

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—Venga, Luisa, ánimo, tienes que salir corriendo otra vez
—Ya estoy harta, me he caído diez veces para nada
—Venga, que ahora seguro que se inspira

Elegir palabras y el tono de tu novela

Y es que la selección de palabras tiene mucho que ver con el tono y con la atmósfera que tendrá ese universo que estás preparando para el lector.

A veces, no sabes por qué te gusta esa novela, pero te gusta estar allí, en ese universo. Ahí es donde entra en juego el tono. Y en esa atmósfera participan todas las connotaciones que llevan adosadas las palabras.

Una manera clave para elegir bien las palabras es conocerlas, saber qué poder tiene cada una. Preocuparnos por ellas. No es lo mismo un verbo, poderosísimo, que un determinante, con mucho menos significado. Al mismo tiempo, por ejemplo, emplear «un» o «el» puede cambiar el sentido de una frase por completo y hacer que al lector se le caigan todos los palos del sombrajo.

Entender la jerarquía de las palabras

Lo explico: no es lo mismo decir una mesa que la mesa, eso está claro. Dependiendo de contexto, la mesa puede ser muy importante para el personaje y te está contando muchas cosas de su relación con él. Es esa mesa y no otra. Tiene una historia en esa trama. Su hilo viene de mucho antes que el ahora. Si dices una mesa, la despojas de todo ese bagaje. De toda la complicidad que tiene con el protagonista.

Parece casi magia que una sola y minúscula palabra contenga tantos matices y significados. Así que imagina otra con más enjundia. Esas tienen superpoderes galácticos. Por ejemplo, un adjetivo que lo carga el diablo.

Introducir personajes

Otra de las claves de una novela en la que tiene mucho que ver esa selección de palabras es en la construcción de personajes. Cómo conseguimos darle vida propia a un personaje que es secundario, por ejemplo. Uno muy secundario. Acaba de entrar en escena. El lector no lo conoce de nada, pero tendrá un papel fundamental en la trama. Al menos, en la de esa escena.

Hay personajes que tienen un destello fulminante en una novela. Cómo se hace. Eligiendo bien cómo lo presentas. Cuidando cada una de las connotaciones de las palabras que vas a seleccionar para hacer ese párrafo. En definitiva, seleccionar las palabras para escribir bien. Es la manera de asegurarte de que el lector va a entenderlo a la primera y de que su papel estará bien justificado.

Por ejemplo, vamos al más difícil todavía. Tenemos a dos carceleros que serán los protagonistas de la escena, solo de esta, su intervención es clave para salvar al protagonista, pero hay que jugar muy bien con el lenguaje para que el lector entienda diferentes cosas.

Seleccionar las palabras para escribir bien

La primera de ellas es que se justifique bien que vayan a salvar al protagonista. No puede ser que el lector entienda que nos los hemos sacado de la manga porque no tenemos la suficiente solvencia para buscar otra forma de rescatar al personaje.

Para hacer eso, debe ser lógico que tomen esa decisión siendo carceleros. Hacer que esa acción deje de ser una contradicción en sí misma. ¿Cómo lo explicas en un párrafo? Que esos personajes que no conoce el lector de nada, de repente, se pongan de nuestro lado. Vamos allá.

«Sebastián había sido adiestrado para vigilar las celdas, se paseaba de un lado a otro, como si el león enjaulado fuera él. La bebida y las palizas continuas, las que él daba, le estaban haciendo mella. Cada vez estaba peor, tan mal que ni él se daba cuenta. Luciano no le quitaba los ojos de encima, no se podía confiar ya en él. Pensaba en los chorretones de sangre cubriéndolos a todos. En las tripas de aquel cazurro que fue su amigo coronando su cabeza. Si algo salía mal, lo iban a pagar los dos. Y su vejiga, ajena a todo, a punto de explotar».

Estos son los carceleros que van a liarla parda. Se debe cuidar esta escena al milímetro. Para escribirla he empleado bastante tiempo, más que el que me podría llevar hacer otra escena en la que aparezca un protagonista. Con el personaje central tienes mucho tiempo para hacerlo. Es menos inmediato y menos exigente. Aquí te la estás jugando de verdad. En serio. Es una escena en la que tienes que transmitir todo el bagaje de estos dos hombres:

  • Darles vida propia, que el lector se haga cargo de ellos, que entienda sus motivaciones.
  • Que sepa de dónde vienen y por qué van a hacer lo que hacen.
  • Además, siendo dos desconocidos para el lector, conseguir que la escena tenga ritmo, que el lector se medio enamore de ellos. Si empatiza aunque solo sea un poco, habrás conseguido que se crea lo que van a hacer.
seleccionar las palabras para escribir bien
—¡Ay, madre! ¿A que no es capaz de sacarme de aquí?

Aquí tienes que contar todo esto, y mucho más, pero te topas con la jerarquía del texto. Ella impide que puedas emplear más de un párrafo en introducirlos. Entonces, debes seleccionar todas y cada una de las palabras. No queda otra.

Elegir palabras para escribir bien: conclusión

Cómo ves, este es un tema exigente y fundamental. Seleccionar palabras para escribir bien es una asignatura obligada para un escritor que quiera transmitir esa idea que lleva en la cabeza de la manera más exacta posible. Que haya una transferencia casi telepática con el lector. Eso solo se consigue midiendo cada una de las palabras.

Hay muchos elementos y variables que dependen de tu habilidad para hacerlo, aquí he abordado unos pocos, pero hay muchos más. Seguro que seguiré con ello más adelante.

Y hasta aquí este artículo sobre seleccionar las palabras para escribir bien, de momento. Seguro que más adelante volveré a él y lo ampliaré. Sé que han quedado muchas más funciones y ejemplos en mi cabeza. Aún no he conseguido sacarlos todos y depurarlos como a mí me gusta.

Seguro, también, que tú tienes unos cuantos ejemplos más, así que te cedo espacio en los comentarios para que seas parte activa de esta entrada. ¡Venga! ¡Ayúdame a ampliarla!

¡Hasta la semana que viene! ¡A escribir!

7 falsos mitos que te impiden escribir y cómo superarlos

Siete falsos mitos que te impiden escribir y merman tu capacidad creativa, tu ánimo y las ganas de seguir adelante. En este post vamos a exorcizar todos esos diablos que están en tu cabeza y te obstruyen el paso constantemente.

Ideas que matan tu escritura

Todos tenemos en la cabeza a un señor malcarado que nos habla constantemente de lo fácil que será fracasar, las risas que se van a echar a nuestra costa, las pocas hechuras que tenemos para escribir, lo tontos que somos y esas tramas tan absurdas que se nos ocurren. Este señor se alía, a veces, con las musas, esas asquerosas que nunca están cuando las necesitamos, y con unos seres más pequeños y malignos que hacen eco en nuestra cabeza para decirnos que estamos perdiendo el tiempo en mil idiomas distintos.

Y no te digo nada, cuando viene el hada de la limpieza y comienza a enumerar las telarañas que tiene el techo bajo el que intentamos escribir y las infinitas posibilidades que tenemos de que nos coma la mierda. Todo mientras oímos a la lavadora quejarse amargamente de lo sola y abandonada que la tenemos. La ropa sucia hace los coros a cuatro voces, que mira que es difícil, pero como tienen de aliados a los calcetines perdidos que salen solo para esto, pues tenemos el cuadro completo de la desdicha.

mitos para escribir

Por si no tenías ya el cupo cubierto con todo estos danzando a tu alrededor, está lo que circula en el exterior de tu cabeza, los miles de consejos absurdos que recibes todos los días en cuanto te asomas a una red social o pisas una tertulia de escritores o de lo que sea. Y no te cuento si se te ocurre decir que estás escribiendo.

El panorama pinta mal. Entre tanto mito sin sentido, estás tú, al borde de la enajenación mental frente al ordenador intentando día tras día sacar esa historia que llevas en la cabeza. Hay que tener una fuerza de voluntad del tamaño de Sebastopol para ser capaz de hacerlo. Y seguro que la tienes, además, deberás aprender a reprogramar tu cerebro para no caer en el desánimo.

Así que para ayudar un poco, estoy aquí con esta entrada. Vamos a mandar a todos a tomar viento fresco en 3, 2, 1… A continuación, te voy a enumerar algunos de esos falsos mitos que hacen de tu vida un infierno.

7 falsos mitos que te impiden escribir bien y cómo exorcizarlos

Hoy no tengo inspiración, no lo voy a hacer bien.

Este es el pensamiento más recurrente de un escritor. Nunca piensas que lo vas a hacer bien. Y es una buena señal. Significa que te tomas en serio tu labor y quieres dar lo mejor de ti mismo. Eso es estupendo, pero no hay que perder la perspectiva. Hasta que no te pongas a escribir, no lo vas a saber. Tal vez hoy sea el día en que bordes esa escena, puede ser que ese personaje que se te resistía hoy fluya… Lo único que hay que hacer es dejar un segundo la mente en blanco, amordazar al señor gritón y ponerse a la tarea. Punto.

Escribir es sentarse continuamente delante del ordenador

Error, escribir es tener un horario claro y conciso, acorde con nuestras necesidades diarias, que nos permita vivir y disfrutar; trabajar (pocos viven de escribir) y hacer deporte con regularidad. Aunque la tendencia te lleve a ser una rata de biblioteca y escribir suponga algún que otro encierro del mundanal ruido, esa no puede ser la tónica. Si no vives, no escribirás bien. No tendrás referencias, no conocerás diferentes personalidades, no sabrás cómo resolver muchas escenas. Lo primero que tiene que hacer un escritor es vivir.

Ahora viene cuando alguien dice que menuda tontería, Pepito Pérez, que le dieron el Nobel no salía de su casa… Vale, sí, puede ser, siempre hay una excepción que confirma la regla.

Además, y esto no va de salir, o no siempre, si no haces deporte, tu espalda se unirá al coro de plañideras que tienes metidas en casa, eso puede ser peor que los calcetines perdidos, vamos que no hace falta que te diga yo nada, que si no haces ejercicio seguramente la tengas ya en pie de guerra. Así que corpore sano debe ser una variable más de la ecuación para poder escribir con concentración.

Si leo mientras escribo vicio mi estilo

Madre mía, mátame camión. Esta es una absurdez tan grande que cuando la oigo (y la oigo con demasiada frecuencia), me pone los pelos de punta y una mala leche que ni te cuento.

He llegado a leer post, que no voy a poner aquí por pudor y educación, diciendo que leer no ayuda en nada a escribir bien. Entonces, se me cae la cabeza y tardo media hora en colocarla otra vez.

7 falsos mitos que te impiden escribir y cómo superarlos 1
¡Aparta de mi ese libro! ¡Dios mío, con solo mirarlo pierdo mi estilo!

Lee hasta la extenuación, dale un manotazo al duende ese que te repite que pierdes el tiempo, que te vas a viciar, que no vas a ser capaz de tener estilo… Cuánto más leas: bueno, malo y regular, mejor sabrás identificar tu estilo y cuándo lo estás haciendo bien.

Debes contar tu historia, como te gustaría leerla. De la mejor manera posible. Cuanto más leas, más herramientas tendrás para hacerlo.

No te ofusques con tener estilo propio, preocúpate de escribir bien, de manera concisa, con una buena selección de palabras. Dale al lector esa experiencia lectora en la que flote y habrás conseguido tu estilo.

Tengo que saber rápido si esto sirve para algo

Estás escribiendo, ya llevas casi la mitad del libro, el señor barrigón comienza a chillar en tu cabeza día sí y día también, diciéndote que estás haciendo el canelo. Hay miles de obras que nadie lee, un montón de escritores que como tú producen cantidades ingentes de libros, para qué, estás perdiendo el tiempo. En tu cabeza comienza a surgir la duda razonable de si ese señor tan espantoso tiene razón. Entonces, te pones en modo locura y comienzas a contactar con cualquier servicio que sale a tu paso que te pueda sacar de dudas.

Mandas un mailing pidiendo presupuestos para que alguien valore la obra, aunque esté a medias. Resultado: pierdes el dinero que inviertes y con un poco de mala suerte hasta las ganas de terminar. Una obra a medias no se puede valorar. Estás en un momento delicado y una mala valoración puede hacer que lo dejes o, peor, que desfigures esa idea bellísima que tienes en la cabeza. Lo que tienes que hacer es intentar plasmarla de la mejor manera posible y, luego, ya se verá. Carpe diem.

Es más, ya te llegará la hora de pedir opinión y este momento seguirá siendo delicado y deberás pensar bien a quién se la pides.

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¡Maldito editor! ¡No quiero ni mirar!

Los editores y correctores son mis enemigos

¡Señor bendito! ¡Asistenos! Si lo que necesitas alma de cántaro es que te corrijan, cuanto más mejor. Un editor sirve para hacer brillar todos esos diamantes en bruto en los que tú ni siquiera habías reparado.

Una obra se convierte en maestra justo en la corrección. Un borrador puede tener mucha esencia, pero en su mayoría serán detritus, de tanto vomitar. Esa es la realidad. Un borrador debe pulirse y mucho.

Un profesional nunca va a desfigurar tu texto, si después de su explicación o corrección consideras que está mejor como lo tenías antes serás libre de dejarlo así, pero su ayuda y experiencia harán que tu obra se potencie al máximo. Si renuncias a ellos pasarás a engrosar las listas de los libros que caen por la ventana mental del lector a un pozo sin fondo que sí tiene nombre: papelera.

Mis amigos son mis lectores cero

Ya sé que cuesta gastarse el dinero en un lector cero profesional y ni te cuento en un editor que te ayude a mejorar la obra. Soy consciente, pero necesitas esa ayuda. Nadie es capaz de hacerlo solo. Los buenos libros son el fruto de una sucesión de profesionales que comienza en un gran escritor.

Así que enviar a todos tus amigos y conocidos el texto puede servir para una lluvia de ideas inicial. No digo que no, pero va a ser complicado que argumenten de manera sólida por qué no les gusta algo (si es que son capaces de decírtelo, después de ver que no has salido en los últimos meses por dedicarle todo tu tiempo libre a la novela). Por mucho que lean, si no se dedican a esto, será complicado que puedan ayudarte más allá de lo más obvio.

Muchos tienen la solución: enviar una sucesión eterna de preguntas a sus lectores cero. Piensan que así les costará menos armar una argumentación lo más profesional posible, pero… Hay un pero muy gordo. Casi tanto como nuestro amigo barrigón. Un lector cero consiste en ponerse en la piel del lector, sin ninguna guía, tal y como él hará cuando se publique el libro. Una sucesión de preguntas, que para más inri ha diseñado el propio autor siempre estará sesgada.

Primero, ellos van a fijar su atención en tus preguntas, como eres el autor y no tienes ni idea de dónde están los fallos… ¿Cuál crees que va a ser el resultado?

Segundo, ¿crees que se van a tomar el tiempo de argumentarte esa sucesión interminable de cuestiones? ¿Sabes cuánto se tarda en leer con esa atención y cuidado un manuscrito?

Creo que si contestas a estas preguntas, sabrás por qué no aconsejo hacer de guía para tus propios lectores cero. Al margen de que, por supuesto, no son profesionales (a nadie se le ocurriría lanzarle esa retahíla a un profesional). Es una manera de exprimirlos que no suele dar los mejores resultados. En el caso de que sigas pensando en que tus amigos y conocidos hagan de lectores cero, déjalos a su libre albedrío y que cada uno te dé su opinión (sincera o no).

Me copian las tramas

Típico de los talleres de escritura, no voy a compartir con el resto la idea que tengo en la cabeza que aquí hay mucha gente y lo mismo se copian de mi super trama. ¡Señor, llévame pronto! En el caso de que sea una maravilla de historia, que puede ser, no lo dudo, nadie va a poder escribirla cómo lo harías tú. Es tu historia, tu idea, solo tú puedes hacerlo así.

Y es más, en el caso de que alguien se atreviera a copiarte, piensa que no es importante lo que se cuente, sino cómo se cuente, de manera que olvídate de ese prejuicio absurdo.

Siete falsos-mitos-que-te-impiden-escribir_plagio
—No puedo, aquí hay demasiada gente…
—Tranquilízate, nos pasa nada.
—Que no pasa, dice, ¿ves a ese rubio? Ese me copia mi ideaca… ¡Que no puedo!

En una lluvia de ideas con otros como tú, tu historia puede enriquecerse al máximo, tendrás el consejo del profesor del taller o de personas que tal vez controlen más que tú de escritura y, quién sabe, cuando menos te lo esperas un detalle sin importancia que alguien te aporte puede enriquecer esa trama hasta límites insospechados. Así que si has invertido el dinero en un taller, fluye, absorbe, cuenta y vive la experiencia sin ataduras

Y hasta aquí esta sucesión de ideas absurdas que nos meten en la cabeza en pleno proceso creativo. Los peores demonios de un escritor están dentro de él, ellos le impiden seguir adelante. Confiar en sí mismo es la primera y más valiosa de las virtudes que apuntala a un escritor. Y, lo más importante, esos mitos socavan la paciencia, fundamental para aguantar la carrera de fondo que supone escribir un libro.

Seguro que conoces más mitos, así que te invito a completar este artículo. ¡Venga, ayúdame con ello! ¡Ah, y ponte a escribir, ya!

Cómo retomar la escritura tras un parón

Cómo ponerte a escribir sin darle más vueltas. Es posible que octubre nos haya pillado con el pie cambiado. Septiembre ha pasado sin pena ni gloria y aún no nos hemos metido de lleno a escribir. El verano es una época dura en ese sentido. Así que tal vez aún no hayas tecleado demasiado. Aquí te traigo algunos consejos que te ayudarán a ponerte de nuevo en marcha.

Cómo volver a escribir como una flecha

Este artículo lo escribí justo a la vuelta de verano para mis suscriptores, ya sé que aquí llega un poco tarde, pero alguna ventaja tiene que tener estar suscrito a mi boletín de noticias. Si quieres recibir en exclusiva artículos como este, no dudes en apuntarte en este enlace. Además recibirás un manual cortito y conciso de cómo escribir un libro. ¡Venga, a por ello!

El caso es que la preocupación no te abandona, aún no te has puesto a escribir por muchos artículos motivadores que has leído (aquí te dejo uno que complementa con este a la perfección). Sientes que esa historia que tienes a medias, terminada o aún por empezar se va perdiendo como arena entre las manos solo porque no te decides a ponerte a escribir de una manera asidua, día tras día.

Te entiendo mejor de lo que piensas, todos hemos pasado por ahí en algún momento, así que voy a darte los consejos que intento aplicarme a mí misma en esas situaciones. Vamos allá.

Este artículo tiene tres fases: consejos que le sirven a todo el mundo para motivarlo a hacer algo, escriba o toque la armónica; indicaciones generales solo para escritores y recomendaciones específicas para el momento exacto de tu proceso creativo. 

Consejos generales para volver a escribir

Vamos con los primeros. Haz como si fuera la primera vez que los lees que me hace ilusión. Como si no los hubieras visto en los 100.000 artículos que hay sobre el tema en internet, venga:

  • Vuelve a comer bien.
  • Acuéstate a tu hora.
  • Procura dejar la cervecita.
  • Haz un poco de deporte.
  • No te ofusques, a nadie nos gusta volver de vacaciones.
  • No te castigues, es normal que te cueste.
  • No te exijas más de lo que puedes dar.

Todo esto te va a ayudar un montón a volver a la rutina casi sin darte cuenta. Además, no es tan malo, la vida es rutina, deja ya de pensar que lo mejor de vivir son las vacaciones o las grandes aventuras. No, tu vida es el día a día, procura darte, al menos, un gusto cada 24 horas.

Consejos generales para escritores

Crea una rutina de escritura, puedes usar el calendario de antes del verano si te ha ido bien y tienes el mismo horario vital. Eso sí, si no escribías más de una vez a la semana y llevas cinco años con la novela, por ejemplo, no vale. Lo que necesitas es mandarme un correo y te ayudo.

En caso de que no te gustara el anterior o ya no te sirva, hazte uno acorde con el tiempo que puedas dedicar a escribir. Sé realista y marca con conocimiento de causa las horas. Es mucho mejor que sea una hora todos los días que diez seguidas un día. Aunque eso depende de cómo sea la obra y de lo que tú necesites, así que aquí piensa tú. 

Ante todo, constancia

Una vez que tengas claro el tiempo que puedes dedicar a la semana, cuando llegue ese momento, te sientas delante del ordenador. Sin excusas. Obviando esa voz que en tu cabeza te miente. Esa que dice que tienes otras cosas que hacer. Cierra tu mente al exterior, por completo. Olvídate de todo y ponte a escribir. El día que no puedas escribir, repasa personajes, documéntate, lee sobre lo que estás escribiendo o corrige lo que ya tienes escrito. Sigue ese calendario a rajatabla y sáltatelo solo por fuerza mayor.

Una vez hayas establecido la rutina, será más difícil que la interrumpas. El primer mes es vital para ello. 

No te presiones

No tienes que alcanzar las 5.000 palabras diarias. Debes escribir casi siempre que te sientes, pero no te pongas objetivos que no puedes cumplir o te presiones para escribir escenas como si fueran churros. La historia tiene sus propios tiempos, hay escenas que fluyen y escenas que tu cerebro necesita más para escribirlas, no lo agobies.

Lo mismo ocurre con libros de otro tipo, como los ensayos, hay veces que tienes claro por dónde ir y otras que no encuentras el quid para que un tema sea tan redondo como quieres. Tu cerebro, aunque no lo sepas, está buscando soluciones, déjale que las encuentre a su tiempo, sin presionarlo demasiado.

Escribir no es una cuestión que se pueda acotar en el tiempo, cada libro tiene sus márgenes y debes respetarlos.

Con esto no estoy diciendo que si no te apetece sentarte a escribir te vayas de cañas o a poner lavadoras. Todo lo contrario. Tú te sientas a trabajar y empleas ese tiempo en la obra, aunque no estés avanzando. 

Gestiona el miedo a no hacerlo bien

Y, lo más importante, olvídate del miedo a no hacerlo bien. Quieres que todo sea perfecto y esa presión te paraliza porque piensas que hoy no es el día. Eso es una soberana estupidez, le estás haciendo caso a esa voz que miente. Es mala. Tú puedes. Seguro que no es el día, pero es que casi nunca lo es y si no te sientas no lo vas a saber tampoco. Escribe sin preocuparte por eso. Total, nada va a ser redondo hasta que no lo corrijas, es así. La verdadera magia se hace en la corrección. Palabra de editora.

Consejos específicos para tu proceso creativo

Ahora vamos a lo específico para tu proceso creativo, a ver cómo vas con tu libro o tu posible libro. Después de darle vueltas al tema, he llegado a la conclusión de que hay cuatro hipotéticas situaciones en las que puedes estar:

  • Cuando te fuiste de vacaciones tenías una obra a medias
  • Te fuiste con el libro terminado y ahora toca corregir.
  • Te fuiste con una buena idea que aún no has llevado a la práctica.
  • Te fuiste como has venido, sin nada.

Tienes una novela a medias

Si estás entre los que se fueron de vacaciones con una novela a medias, encomiéndate a lo que sepas… (es broma, pero poco) Va a ser complicado que te reenganches a escribir sin más. Debes volver a leerte al menos los últimos capítulos, yo iría más allá y me leería todo lo que tuviera escrito. Si has hecho bien los deberes en vacaciones, no habrás pensado en nada y tu cerebro te lo va a agradecer con unas escenas fabulosas, pero aún le vas a tener que ayudar un poco más para que pueda dar lo mejor de sí mismo. ¿Qué mejor ayuda que ponerlo en antecedentes?

Sí, ya sé que llevas unos días en una situación tensa: tus personajes te miran inquisitivamente y levantan los brazos con las palmas hacia arriba. Encogen los hombros y se preguntan qué diablos estás haciendo. Están hartos de estar todo el verano sentados en aquel sofá, con aquella conversación a medias, en pleno duelo tras el abandono de su amante o, peor, a punto de morir atropellados por un autobús. Y mientras, tú no paras de dar vueltas por la casa, incapaz de sentarte a solucionar sus problemas. No sé si te perdonarán, pero hay que intentarlo. 

Si estás escribiendo un ensayo

Si esto te suena a chino porque estás escribiendo un ensayo, no te preocupes que para ti también hay. Los temas están igual, necesitan un hilo conductor que no llegó antes y que ahora se te ha escapado o no sabes por dónde vas literalmente. Solución: vuelve a leer los últimos capítulos. Si las musas, esas malnacidas, no vienen; ponte a leer desde el principio y deja que tu cerebro haga su magia.

Y dirás, pues vaya a todos nos dice lo mismo, pues sí. Es que en esa situación no hay más que decir, no hay fórmulas mágicas, ni secretos que te ponen en órbita en un segundo. No queda otra que releer.

Cómo retomar la escritura tras un parón 5
—¡Ay, Señor!, ¿en serio escribí esto antes del verano? ¿Y ese señor quién es? ¡Ah, calla! ¡El protagonista! ¡Ay!

Lee lo que ya tenías escrito

El caso es que si te sientas delante del ordenador como siempre, verás que a los pocos minutos ya no te acuerdas de nada. Así que abre la obra y ponte a leer, no te preocupes, no estás perdiendo el tiempo, en absoluto, estás ayudando a tu cabeza a seguir creando, estás dándole más leña para que su fuego sea intenso. Vas a hacerlo muy bien después. Hazme caso. 

Has perdido a tus personajes

Si dejaste la novela a medias, pero tus personajes se han ido también de vacaciones para no volver, lo vas a tener mucho más complicado. Suele pasar cuando aún no has creado suficientes vínculos con ellos. No los has construido muy allá y se desdibujan en cuanto te das la vuelta. Así que después de leer todo lo que habías hecho, comienza a pensar en cómo son todos los personajes. Ya que no lo has hecho antes, lo tendrás que hacer ahora. No pasa nada, vas a conseguirlo. Solo tienes que ponerle un poco más de voluntad.

A veces pasa, sobre todo cuando es tu primera novela. Nada que no se pueda solventar con interés y ganas. Así que vamos a allá. Haz una especie de ficha con los personajes, anota todo sobre ellos y haz un esquema de su vida. Después, estructura la novela. Un sencillo esquema servirá. Sé que es un tostón, pero si quieres escribir algo bueno, debes preparar bien el escenario. Si perdiste de vista a tus personajes, es que no has hecho buenos cimientos y los tienes que rematar ahora. 

Debes sacar esa historia de tu cabeza y lo vas a hacer. Piensa en la sensación de haber terminado, en cómo te vas a sentir cuando tengas tu libro entre las manos, eso te impulsará a volver a establecer rutinas. 

Te toca corregir

Si te fuiste con el libro terminado y ahora toca corregir, estás de enhorabuena, solo tienes que buscar la rutina de nuevo, no desatiendas los primeros consejos que te doy, son importantes. Piensa que lo has hecho muy bien. De hecho, si aún tienes a todos los personajes mirando de frente, si te siguen mandado señales, si recuerdas perfectamente la historia, déjala y ponte a hacer otra cosa. La obra aún no está preparada para que la corrijas.

Ya tienes la idea para ponerte a escribir

En el caso de que te fueras con una idea en la cabeza también es mucho más sencillo. Solo tienes que establecer una rutina y, sobre todo, prepararte bien para comenzar a escribir. No quiero oír hablar de personajes que se deslucen a la primera de cambio; de estructuras que se desmoronan. Hacer estructuras previas es un rollo añadido, perfilar personajes también, pero al menos en tu cabeza debes tener todo eso listo antes de ponerte.

Antes del parón aún no tenías nada y ahora tampoco

He dejado para el final la última situación hipotética. Si estás en este punto no te viene mal leer lo anterior. Y es que antes de las vacaciones no tenías nada y ahora tampoco. Lo más que consigues son vagas ideas que van y vienen, pero que nunca consigues llevarlas a cabo. En este caso, no tengo suficientes datos para ayudarte. No tengo aquí una bola de cristal que me dice qué debes hacer así sin saber nada más de ti.

Creo que cuando pasa eso es porque no hay una verdadera pulsión para escribir, falta algo. Puede haber miles de razones para que te encuentres en esta situación y, tal vez, no tengas esa necesidad o simplemente necesitas un empujoncito de nada para ponerte, pero no quiero aventurarme en ninguna dirección sin conocimiento de causa. Escríbeme si quieres y lo vemos con detenimiento.

Concluyendo, manos a la obra.

Y hasta aquí estos consejos para que te pongas a escribir como alma que lleva el diablo. Espero que a partir de hoy vueles sobre el teclado y me lo cuentes. Dime si te ha ayudado este artículo y si tienes alguna duda, escríbeme a proyectos@eltinteroeditorial.com

¡Hasta la semana que viene!

Qué hace que tu libro sea genial

Qué hace que tu libro sea genial. Conocer la fórmula mágica por la que se llega al corazón de lector es el santo grial de cualquier escritor. Y en este post voy a intentar buscarla.

Qué convierte a tu libro en algo maravilloso

Lo primero que voy a hacer es lo contrario a lo que se debe en este tipo de entradas. Es decir, debería decirte que tengo esa fórmula mágica. Luego comenzar a escribir palabras, una detrás de otra, dejándote tras cada párrafo con la esperanza de que en el siguiente estará aquello que buscas. Así, hasta que le des al click de cerrar con el morro torcido porque este ha sido un nuevo artículo que no cumple con las expectativas que ofrecía al inicio.

Así que no, no voy por ahí. De hecho, te diré que aquí no hay fórmulas mágicas que valgan. La vida es así y la escritura también. Eso sí, hay determinadas variables que si las sabes ajustar a tu proceso creativo pueden funcionar y quién sabe, tal vez, tu grial, aunque no sea santo, lo tengas al alcance de la mano.

Escritura que sale de dentro

¿Qué hacer para que tu libro sea genial? La primera regla para conseguirlo es que lo que escribas te salga de las tripas. Respétate, cuídate, nútrete. Ser uno mismo es fundamental para conseguir más lectores. Cuando escucho que alguien ha llegado al éxito fijándose en lo que más se vende y en razones que no han salido de su interior… No sé, me da cosica. Puede ser que tenga un manejo inigualable del ritmo, que sus estructuras sean impecables, que conozca cómo ir desgranando los datos para crear la adicción necesaria… De hecho, seguro que es así. Pero (evidentemente, había un pero) si no escribe desde el corazón, las tripas o las entrañas, como quieras llamarlo, nunca tendrá la magia que tienen los que sí lo hacen. Esas obras tienen algo frío, saben a caldo en pastillas.

Y me da pena porque algunos de ellos son magistrales a la hora de utilizar la técnica literaria, si emplearan toda esa artillería para escribir sobre aquello que les corroe, serían genios.

Y ojo que no solo basta con que te salga de dentro, por supuesto que no. Se necesitan mucho más recursos… Casi infinitos. Vomitar a lo loco, ya sabes, no me canso de repetirlo, solo te traerá problemas y mucho trabajo.

Vale, pero entonces, ¿sobre qué escribo?

Si quieres tener lectores entregados, escribe sobre aquellos temas que te interesen, cuenta eso que no acabas de comprender y que te ronda todo el tiempo por la cabeza, habla de ese momento que tienes clavado en el corazón, narra esa experiencia que se quedó pegada a tu retina, explica las vivencias de esas personas que no vas a poder olvidar… Ahí tienes tu historia rutilante. Ahí tienes a tus lectores maravillados. En esa obra encontrarán muchos momentos de esos que subrayas para volver a ellos porque han descubierto un trocito de tu corazón.

La jerarquía es la reina

Aprende a jerarquizar datos. Cuando hablo de datos me refiero a los sustanciales para que el lector construya ese universo en su cabeza. No hablo de los que crean tensión o de los secretos que llevan dentro los personajes. Debes tener claro qué quieres contar y hacer un esquema con los datos que necesita el lector para componer las escenas y construir los personajes en su cabeza. De estos, hay unos pocos que son esenciales; algunos más, muy relevantes; bastantes que son importantes; muchos, destacados e infinitos que están de relleno. Si tienes claro dónde va cada información objetiva que ofreces al lector, enhorabuena, estás cerca de encontrar el grial.

Los datos de las primeras tres categorías debes colocarlos en la primera tercera parte del libro en el 90% de los casos. Si no lo haces, corres el peligro de desmontar el universo que está construyendo el lector en su cabeza. Así que si eres del 10% que va a saltarse esto, cuida mucho qué te guardas.

Si engañas al lector, uff

¿Qué hacer para que tu libro sea genial? Nunca engañes ni canses al lector. Aunque te parezca imposible después de salir a la calle un día normal o entrar un ratito en Twitter, el lector es un ser humano inteligente, por eso es lector. Si no te lo crees, echa un vistazo a este post sobre lo que la lectura puede hacer por ti que escribí hace nada.

La justa medida

Partiendo de esta base, si sabes contar una  historia, no tienes que recurrir a repeticiones innecesarias ni a argucias poco limpias para que el lector siga leyendo. Cada historia tiene sus propias reglas, los capítulos acaban de una manera orgánica, las escenas se deben desarrollar hasta su final lógico y nunca debes romper esa dinámica para conseguir que siga leyendo.

Los nuevos datos hacen avanzar la trama

Asimismo, ve desgranando ideas asegurándote de que las has escrito de la manera más clara, corta y completa posible. Revisa bien, practica la economía comunicativa. Si se ha dicho, no se repite. Nunca. Cada párrafo o escena debe aportar datos nuevos. Cuando tengas que retomar algún dato, escena, trama o personaje, hazlo aportando siempre información nueva. Si el lector detecta que le cuentas cien veces lo mismo de diferente manera, adiós muy buenas.

Respeta la cronología de la historia

Controla el tiempo. Cada escena tiene su tiempo, no tengas prisa, dedícate a imaginarte lo que quieres contar y hazlo exhaustivamente, con una prosa lo más clara posible y sin adelantar acontecimientos a no ser que sean parte de una técnica consciente para darle un toque especial a la trama. Hay verdaderos maestros en adelantar acontecimientos. Maggie O’Farrell, por ejemplo. Maravillosa.

Una palabra basta para situar al lector

Hacer un libro genial es sinónimo de no perder al lector. Nunca pierdas al personaje en el tiempo y el espacio. Antes de cada cambio (temporal o de escenario) lo primero que tienes que hacer es dejarlo claro. Pon todos tus conocimientos al servicios de una experiencia lectora maravillosa. El lector necesita componer bien la película en su cabeza, no le falles en este punto.

Entiende a tus personajes

Empatía, conocimiento extremo y amor hacia tus personajes. Respétalos, aunque sean el demonio o más tontos que hechos de encargo. Es tu personaje, tú eres su transmisor. No los desvirtúes. Y, sobre todo, si la trama está en tercera persona mantente alejado de la subjetividad lo más que puedas, cuidado con los adjetivos, con las reacciones de los personajes o con narrar más que mostrar. (Hace poco amplié un artículo sobre cómo construir personajes, por si quieres echarle un vistazo, aquí te lo dejo).

Hasta aquí este qué hacer para que tu libro sea genial. Cuéntame, según tu opinión, qué tiene que tener un libro para entrar en esta categoría. ¿Dónde reside la calidad de un libro para ti? Me encantaría saberlo.

¡Hasta la semana que viene!

Cómo crear un buen personaje. 15 secretos para conseguirlo

Quince claves para crear un buen personaje. Enamorarse del personaje de un libro es la mejor forma de engancharse a él. Casi sin darte cuenta, te importa lo que le pasa, lo que piensa, qué hace, con quién se relaciona… Un efecto mágico que puedes llegar a dominar, a medias, eso sí. Vamos a ello.

Quince claves para crear un buen personaje

Si piensas que el título  o su portada son determinantes para un libro, hoy me dedico a otro de los elementos fundamentales. Sin ellos una novela está muerta. Conseguir aunar en un solo post qué tiene que tener un buen personaje es una utopía de las gordas, me hago cargo. Así que este artículo va a estar basado en mi experiencia como editora. Es la única manera de poder acertar con un tema tan amplio como este.

Cómo crear un buen personaje: conocerlo bien

Vamos a por la primera de las quince claves para crear un buen personaje: conocerlo.  Ya sé que suena a obvio, pero no lo es. Cuando entrevisto a un escritor reconocido, véase Almudena Grandes, Rosa Montero, Julia Navarro,  Juan José Millás, Santiago Posteguillo, Joël Dicker o Karl Ove Knausgård, por poner algunos ejemplos, siempre pregunto (off the record o no) cómo crea a sus personajes más redondos. ¿Sabes que me respondieron uno a uno? Conociéndolos como si vivieran con ellos.

Ana María Matute contaba que se sentaba a comer con sus personajes antes y cuando estaba escribiendo un libro, a veces, también después. Ahí está la prueba de esta obviedad tan certera e importante.

No se trata de hacer fichas o esquemas. Ni de planificar qué va a hacer tu personaje durante toda la novela, que también. Se trata de saber cómo funciona tu cerebro y qué hace cuando crea.

Si conoces a tus personajes mejor que a tus mejores amigos, siempre sabrás cómo tiene que reaccionar y tu cerebro nunca te traicionará haciéndoles hacer, decir, sentir o pensar cosas que jamás harían, dirían, sentirían o pensarían. O peor, nunca los defenestrarás y harás que vayan por la trama como pollo sin cabeza, haberlos haylos.

La primera regla de oro de un buen personaje es que sea verosímil. Una mala contestación, un gesto inapropiado o un pensamiento fuera de lugar y tu personaje estará muerto. El lector lo habrá enterrado para siempre y a ti con él. Hay pocas cosas menos perdonables que un personaje desdibujado o impostado.

Los buenos personajes se transforman

El segundo punto clave es que los personajes, y no me refiero solo a los protagonistas, deben ser en su mayoría redondos y evolucionar a lo largo de la novela. No porque lo diga yo, sino porque si no es así es que no les ha pasado nada o son unos psicópatas que nada les afecta. Las personas evolucionamos, cambiamos, aprendemos y nos transformamos. La vida es la variable más potente para que eso suceda.

A veces, en un mismo día podemos mutar hacia otro estado mental u otra forma de pensar. A tus personajes también les pasa. A muchos niveles. Principalmente, el que viene dado por la trama y, luego,  la construcción que has hecho de él, que lo transforma poco a poco a los ojos del lector. Los datos que le vas aportando acerca del personaje también lo transforman a en la mente del lector.

La construcción de un buen personaje

Al hilo de lo anterior, hay que tener en cuenta un dato muy importante: la construcción de un buen personaje no está obligadamente unida a las descripciones. Es evidente que hay que contar cómo es, pero para ello tienes muchas técnicas a mano que no pasan por hacerle un repaso físico y mental nada más comenzar la novela. Esto es un vade retro como la copa de un pino.

El lector no conoce al personaje, si le lanzas un párrafo enorme para describirlo, lo mejor que te puede pasar es que se lo salte; lo peor, que cierre el libro. No le interesa en absoluto nada de ese personaje porque aún no lo conoce y, por supuesto, no lo quiere. En estos casos, la descripción cae como un gran pedrusco en la cabeza del lector y arrasa con todo lo demás, también con tu novela.

Al hilo, es necesario que sepas que es mucho más efectivo que el primer contacto del lector con tu personaje sea a través de una acción que de una descripción.

Cuidado con los pensamientos

Es más, un pensamiento es mucho más efectivo que una descripción. Aunque ojo con los pensamientos. Si nada más entrar en escena tu personaje se lanza a perorar sobre temas variados, sin que el lector aún lo conozca de nada, el efecto será un sopor terrible para él. No lo conoce, no le interesa lo que piensa, aún.

Sin embargo, es muy efectivo, por ejemplo, hacer ver qué piensa otro personaje sobre el protagonista. El lector debe sentirse parte activa de la historia, déjale que descubra él mismo al personaje. Ese es un gran truco para que lo ame o lo odie, según las necesidades de la trama.

Las descripciones, a pesar de los pesares

A pesar de lo dicho arriba, evidentemente, las descripciones son importantes para la construcción de un personaje, qué duda cabe. En este caso, es primordial que valores y priorices los datos que vas a contar del personaje y vayas trufando lo que pasa con sus descripciones que no siempre tiene que hacerlas el narrador, también otros personajes, también el o la protagonista.

Lo importante es que hay datos definitivos para que el lector visione en su cabeza cada uno de los personajes y esos datos tienen que aparecer al inicio del libro para que luego el lector no comience a hacerse preguntas incómodas.

Y es que las descripciones las carga el diablo. Si tu personaje tiene los ojos azules y lo vas a contar en algún momento que sea antes de que el lector se lo imagine de otra manera o romperás su evocación y el encanto de tu novela.

Hay una moda que contradice esto último, lo he visto en algunos libros, lanzan un rasgo definitorio más allá de mitad del libro. Se puede hacer, pero hay que tener cuidado con ello, debe ser muy interesante el libro, debes tener una seguridad aplastante en lo que estás haciendo. Mi consejo es que si no es estrictamente necesario, no lo hagas.

Un buen personaje es único

Este punto es muy importante. Huye de los estereotipos para no volver nunca jamás. Ya sé que es difícil, a veces, imposible. Da miedo que nadie se identifique con tu personaje, pero no queda más remedio.

¿Quieres un gran personaje? Tiene que ser único. En sus gestos, en su forma de hablar, en su forma de moverse por las escenas, en sus reacciones, en sus querencias, en todo. Y aquí volvemos al principio (para ser redondos también): se consigue conociendo perfectamente al personaje. Desde que nace hasta que se muere, todo, absolutamente todo. Aunque la trama de la novela solo cuente cinco años de su vida, un día, dos segundos (esto es pasarse, lo sé), tu obligación es conocerlo.

Quítate de la cabeza esos juegos absurdos que utilizan muchos para hacer personajes que lo único que consiguen es defenestrarlos. Tipo, vamos a hacer personajes con el juego de los colores, o con el de los sentimientos, venga hombre, ¿esto qué es?, una novela o el Trivial. Si es que hay gente que se piensa que escribir es usar fórmulas mágicas, cuando lo único que tienes que hacer es contar la verdad, tu verdad, solo eso.

Nunca se hacen los interesantes, son interesantes

Y es que la única forma de que tu personaje sea interesante es que sea él mismo. Aunque sea un secundario o solo pase por allí. Dirás que eso no tiene sentido, pero sí.

Todo el mundo es interesante en un momento determinado y los personajes, si están vivos, también.

Eso sí, no pueden decir o hacer cosas solo para hacerse los interesantes  y que luego detrás de esas reacciones no haya una buena justificación. Todo lo que hacen se tienen que explicar a lo largo de la trama de alguna manera. No hay nada peor que ver a un personaje hacerse el duro o el enigmático sin ningún sentido.

Esto es como en la vida real. Si conoces a alguien que no para de decir frases hechas, soltar cosas misteriosas o dar cortes de mangas que nunca se explican, lo más fácil es que pienses que está loco, es tonto o tiene una realidad paralela a la tuya que no entiendes. Pues eso mismo ocurre con un personaje que se hace el interesante.

Los personajes comen y van al baño

Suena un poco soez, pero es verdad. Nada mejor que enseñar la vida cotidiana del personaje para que el lector pueda entenderlo con nitidez.

No es necesario plagar la novela de cagadas, nunca mejor dicho, debes elegir en qué momentos de su vida cotidiana conviene sacarlo cada vez.

Cuándo le conviene estar comiendo con sus amigos y contar qué comen; en qué momento es bueno verlo dormir o desesperarse porque no duerme o si es necesario que vomite o vaya al inodoro a hacer lo que tenga que hacer. Está claro que la escatología no es un plato de buen gusto, pero dependiendo del tono de la novela y de qué se trame en su desarrollo, tal vez, sea conveniente que también haga sus necesidades.

Aviso a navegantes: me he tirado unos cinco minutos pensando si me adentraba en aguas tan procelosas. Al final he llegado a conclusión de que tengo que hacerlo. Hay que ser claros si pretendemos enseñar cómo se hace una novela, tienes que decir todo lo que hay que hacer, al menos, todo lo que sepas que hay que hacer y esto es importante. Si lo dejo, te vas a fijar más en lo que cuento, de manera que lo dejo, lo siento.

Un ejemplo práctico

Un ejemplo: un chico, ya talludito, que no quiere salir de casa, no porque tenga una enfermedad, sino porque no quiere, simplemente. Sus padres están desesperados, conoce a una chica a través de internet, pero es ella la que tiene que ir a verlo a su habitación.

La cita es un desastre. Huele verdaderamente mal en esa habitación. A partir de ese día, la madre se encomienda a cualquier virgen y airea todas las mañanas entre los insultos de su hijo que le gusta su olor.

Cada día llega una chica nueva que sale despavorida, porque el personaje se tira un pedo, pasa de hablar con esa chica que no le gusta o se deshace en atenciones con la que sí… Hasta que conoce online a una que es como él y surge el amor.

Aun así, no quieren salir de su habitación, cada uno de la suya. Todos los días tienen batallas campales en internet para que salga el otro. Hasta que el sexo virtual deja de tener sentido.

Además, la madre del chico y la hermana de la mujer, deciden confabularse para conseguir que salgan y se conozcan. Eso sí, sufren en silencio por si deciden quedarse los dos en una casa. Fin.

El conflicto y los personajes

Esto anterior podría ser el germen de una novela. En ella subyacen muchos de los vicios de la sociedad actual, el lector puede sentirse identificado y además se profundiza en ese síndrome que, sobre todo, se da en Japón que se llama Hikikomori. Con un toque de humor y adaptado a nuestro país, para que no sea un síndrome de verdad, puede funcionar como comedia y también como crónica de la vida cotidiana llevada al extremo. No hay grandes objetivos, no hay grandes aventuras, solo realidad y mucho salseo. No es necesario más. Con que tus personajes funcionen medianamente bien tienes una buena novela.

Y es que no tiene por qué ser un personaje torturado por su pasado, presente o futuro. No te compliques creando una guerra de las galaxias para que tu personaje sufra a base de bien.

¿Qué estás escribiendo? ¿Una novela o una telenovela? Elige. Lo importante no es el conflicto, aunque lo es. Lo esencial es que esté vivo. Como tal, le pasan cosas malas, buenas y regulares. Se cae, estornuda, toma decisiones, sufre las suyas y las ajenas, tiene objetivos o no los tiene y no pasa nada. Constrúyelo bien en tu cabeza y funcionará a la perfección en tu novela.

A veces, mienten y se equivocan

Los personajes son como tus amigos o como tú, Mentís de vez en cuando y os equivocáis por supuesto. Un personaje completo también. Eso sí, todo debe ir en consonancia con su personalidad.

Si es un personaje bueno, aunque tenga aristas, puede mentir un poquito. De forma piadosa, por ejemplo, pero nunca una mentira gorda o que pueda hacer daño a otros personajes conscientemente. A no ser que haya una razón muy poderosa para hacerlo y que esté bien justificado en la trama.

Hay que medir bien en este sentido. Como me dice Almudena Grandes en esta entrevista. Sus personajes dudan, tienen miedo y se equivocan, pero siempre hay que buscar el equilibrio con la situación, la personalidad y lo que estés contando.

Y si mienten que lo hagan bien

Hay que tener cuidado en cómo le presentas el panorama al lector. Para que quede bien, se tiene que enterar de que el personaje se está equivocando o está mintiendo. A veces, por querer hacerlo a toda costa se lía la de Dios es Cristo, nadie se entera de nada y la trama de la novela se resiente. Y es que hay que hacerlo sutilmente y con tiento, para que el lector lo interiorice de una manera orgánica y le de ese toque especial.

Utiliza a otros personajes, lo que dicen o lo que hacen para dejar claro que tu personaje sabe más de lo que dice o miente directamente. Siempre enseñándole al lector lo que está pasando, de una manera sutil, claro. Ni se te ocurra dejarlo en evidencia, el lector te tachará de infantil y será peor el remedio que la enfermedad.

Otro ejemplo:

—Necesitamos salir de esta ciudad y respirar un poco de aire fresco ¿No crees? —le dijo Luis abrazándola.

—Sí, claro —Lucía intentó corresponderle, pero no le salía.

—Qué te pasa, te noto rara— se separó un poco para mirarla a la cara.

—Nada, no te preocupes, estoy cansada—y apretó el abrazo. No soportaba mirarlo a los ojos.

Aquí estamos diciéndole al lector que el personaje femenino está mintiendo sin decirlo en ningún momento, pero el lector lo entiende perfectamente porque es orgánico y natural. Una reacción clara de no saber por dónde salir.

Piensa bien las escenas antes de escribirlas

Otro punto importante es pensar bien en una escena antes de escribirla. Visionala en tu mente, quédate con los detalles más importantes, cómo se mueven los personajes por el espacio, sus gestos, qué hacen, cómo se comunican entre ellos… Todo.

Piénsalo para luego poder escribirlo de tal forma que el lector pueda evocarlo de la manera más efectiva en su cabeza. Así verá con más detalle a tus personajes y podrá identificarse más con ellos. Ya que todos los gestos,  lo que dicen debe ser orgánico, real. En coherencia con la trama y la personalidad de cada uno.

Haz magia

Construir personajes es una de las ciencias más complicadas de la literatura, a veces, solo la magia los puede salvar, a veces ni con un cargamento de varitas mágicas se consigue.

Cuando juzgo dos capítulos de una obra y un autor desconocidos, uno de los detalles que me dice que puedo seguir trabajando ahí es si los personajes están vivos.

Si la trama es un desastre, pero los personajes están bien definidos en esos dos capítulos, tenemos algo que hacer. En caso contrario, desisto.

Espero que este post te sirva para crear un gran personaje. Cuéntame en qué medida que te ha ayudado y si tienes algún truco para conseguir perfilar personajes.

¡Hasta la semana que viene!

20 beneficios de la literatura

Los beneficios de la literatura no pueden encerrarse en un post, son demasiados e incontables, aunque Ana María Matute los recogió de maravilla en una sola frase: «La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas». ¿Quieres saber cómo te va a salvar a ti? Sigue leyendo.

Los beneficios de la lectura

Si pienso en mí, la literatura ha sido y es, como dice la gran escritora, la salvación. Es mi fuente de sustento y de recreo. El lugar al que siempre vuelvo, donde encuentro lo que necesito en cada momento. El refugio perfecto. Si como yo, no necesitas saber qué tiene de bueno la literatura, tal vez este post no te sirva de nada.

Si es posible que aún te queden beneficios por descubrir, te animo a seguir leyendo.

Y si eres de esas personas que se acercan a un libro de Pascuas a Ramos, te interesa tanto que puede ser que este artículo cambie tu vida.

Leer te da la vida

Cuando encuentro a alguien en mi camino que me dice que no le gusta leer o que no suele hacerlo, siento que se está perdiendo algo maravilloso de la vida. Eso, además de disimular como puedo la cara que se me pone (creo tanto en el poder de la lectura que pienso que esto solo lo pueden pensar un extraterrestre).

Entre los beneficios de la literatura, pienso que hay pocos momentos que consigan llegar al placer de viajar por un buen libro. Esa sensación extracorpórea de fluir por la lectura es un viaje sideral que nadie debería perderse.

Así que ahí va mi lista de algunos de los beneficios contantes, sonantes y objetivos que tiene la lectura.

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—Va y me dice que esto me pasa por no leer…Grrrr

Mejora la actividad cerebral y disminuye el deterioro cognitivo.

Aumenta la reserva cognitiva del cerebro. Leer pone a nuestro cerebro a funcionar a pleno rendimiento. Todas las partes de él se activan para ayudarnos a vivir esta experiencia.

Cuando nos sumergimos en un libro estamos leyendo, pero también estamos viendo, escuchando, hablando, moviéndonos, comiendo… Por ejemplo, si leemos «tarta de fresa», nuestra memoria sensorial hace que se activen las partes que están relacionadas con el sabor y el olor, además de los recuerdos que nos puede suscitar este dulce. Es fascinante y lo podemos conseguir gracias a la lectura.

Fomenta el pensamiento lógico y abstracto, ya que nuestra mente se acostumbra a construir escenas.

Ejercita la memoria, ayuda a fijar recuerdos. Es una manera efectiva de prevenir enfermedades como la demencia o el Alzheimer.

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Si Vronski encontró a Anna Karenina en un tren… Yo, también

Aumenta la creatividad y mejora la imaginación. De tanto leer, la mente acaba sabiendo qué caminos tiene que recorrer para crear ella misma. Leer activa el poder de nuestra imaginación.

Aporta solvencia para solucionar problemas

Leer sirve para interpretar mejor la realidad, es una fuente inagotable de experiencias y hace que nuestra mente pueda analizar los problemas cotidianos con más claridad. Uno de los grandes beneficios de la literatura.

Ayuda a tener pensamiento crítico

Leer ayuda a seleccionar con más criterio el aluvión de información que recibimos todos los días. El punto de concentración que se requiere para leer, esa lectura envolvente y rica en detalles sensoriales —con complejidades emocionales y morales—, ayuda a que luego pensemos de una manera más fluida y clara.

La lectura profunda ayuda a distinguir entre una comunicación leal y sana y una superficial basada solo en palabras.

Disminuye el nivel de estrés, es tan relajante como darse un buen paseo o escuchar música. Diez minutos de lectura son capaces de reducir hasta un 60% nuestro nivel de estrés.

Si lees, duermes mejor

Ayuda a conciliar el sueño. Este punto está muy unido al anterior, al relajarnos es mucho más sencillo que nos quedemos dormidos. Cuando nos metemos de lleno en un libro, nos olvidamos de nosotros mismos y centramos nuestra atención en otras vidas o realidades. Una desconexión que es perfecta para que podamos dormir como bebés.

Un buen antidepresivo. Este punto es delicado, no significa que si tenemos una depresión nos vamos a curar leyendo, ni mucho menos, pero sí podemos evitarla. Leer nos ayuda a relativizar nuestros problemas, a tener una amplitud de miras mayor. Nos distrae. Factores muy importantes para levantarnos el ánimo.

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—Me ha dicho que lee.

A más lectura, más empatía

Mejora la empatía. Raymond Mar y Keith Oatley, de la universidad de Nueva York y Toronto, respectivamente, publicaron en 2006 una investigación que aseguraba que las personas que leen son más empáticas. Precisamente porque perciben el mundo desde diferentes perspectivas. La primera consecuencia es que el lector es más autocrítico y al mismo tiempo entiende mejor las opiniones, creencias y actitudes de otras personas.

EL rey de la fiesta

Mejora las habilidades sociales, otra consecuencia del punto anterior. Entender y ponerse en el lugar de los otros hace que los lectores se relacionen de una manera más fluida y establezcan relaciones más profundas.

La lectura ayuda a una mejor gestión de las emociones y los conflictos de nuestra vida diaria. La riqueza que aporta leer es esencial para conducirnos en nuestra vida. A fuerza de ver cómo gestionan la suya todos esos personajes que nos han impactado.

Lectura es igual a éxito profesional

Es un impulso extra para enriquecer nuestra vida profesional. Anima a alcanzar metas. El lector puede poner en práctica todas las herramientas que ha aprendido leyendo. Una ventaja comparativa muy importante para su vida profesional.

La lectura amplía nuestro vocabulario del tal manera que los lectores serán capaces de expresarse mejor que aquellas personas que no leen, lo que también les ayuda a conseguir sus propias metas.

Mil y una soluciones para la vida

El lenguaje modifica nuestro cerebro, para bien. La lectura aporta una fuente inagotable de recursos que nos ayudan a tener una vida más plena. Empezando porque el lector piensa de una manera más eficiente y acabando porque es capaz de gestionar mejor las emociones propias y ajenas.

Una persona que lee habitualmente será una persona sabia. No voy a decir aquí que será mejor persona, porque sería muy utópico y aventurado hacerlo, pero desde luego tiene más capacidad para serlo.

Antídoto contra el aburrimiento

La lectura es una de las más importantes herencias que pueden dejarle unos padres a sus hijos. Alguien que lee nunca se aburre, nunca se hunde, nunca se detiene.

La lectura es un gran aliado contra la soledad. Cuando lees un buen libro la soledad desaparece, así de sencillo.

Saber frustrarse leyendo

Para frustrarse bien. Saber gestionar la frustración es una de las herramientas más importantes para saber dirigir nuestra vida. Ese sentimiento tan determinante está ahí, lo vamos a sentir, lo vemos reflejado en los libros y leer nos ayuda a saber cuándo lo estamos y cómo podemos superarlo y, aún más, a sentirla sin que nos destruya.

Lo mejor, se puede leer a cualquier edad. Es una manera de vivir y no está determinada por la evolución de nuestra vida. Da igual en qué nos convirtamos o cómo sea tu forma de ser, siempre habrá un libro aguardándote.

¡Leed, leed, malditos!

Hasta aquí estos 20 beneficios de la literatura, aunque como bien saben los lectores, hay miles, millones

¡Hasta la semana que viene!

Cómo seguir escribiendo en medio de una ola de calor

¿Cómo escribir en verano? El calor te aturde. Te derrites delante del teclado mientras ves acercarse con pánico otra ola de calor. Este post va de cómo evitar lo que nos pasa cuando tenemos que seguir escribiendo y lo que queremos en realidad es correr hacia una concentración de agua y tumbarnos a la bartola a disfrutar con lo que escriben otros.

Claves para escribir a pesar del calor

La inexistencia de aire a tu alrededor es una premonición de que te puedes convertir en ese agua que ansías en cualquier momento. Entonces, el miedo te paraliza: ¿Y si estropeo el ordenador al pasar a este estado líquido inminente? Con dedos temblorosos buscas el disco duro para hacer una copia de seguridad y lo alejas de ti. Mucho, no sea que le llegue el tsunami. Después de pasar un verano escribiendo en estas condiciones, comienzas a entender aquello del sudor y lágrimas.

escribir en verano
Sí, no me pongáis esa cara, tenéis que escribir.

Las ideas escapan, tienen calor y son mucho más libres que nosotros. La mente se queda en blanco y solo eres capaz de repasar la interminable lista de tareas que deben tener un sistema reproductor a prueba de bombas porque aumentan a cada minuto. Aún así, tienes que seguir y sigues, a pesar de que los dedos se pegan en las teclas, porque no tienes ninguna escapatoria. Ese va a ser tu verano. La esperanza comienza a hacer las maletas.

Entiendo, por experiencia propia, que en estas circunstancias, escribir puede resultar una aventura de riesgo, sobre todo, para los lectores. Así que en este artículo voy a intentar dar algunos consejos que, a veces, no consigo ni aplicarme yo. Eso sí, lo intento. Todos los días.

acabas esa novela
Lo voy a conseguir, lo voy a conseguir

Cómo escribir en verano

No pienses en playas, tumbonas, plácidas siestas, airecito rico junto a una cerveza bien fría, leer hasta cansarte o viajar a lugares exóticos. Estás en tu casa, delante del ordenador y solo tienes que pensar en seguir escribiendo. Punto.

El esquema como terapia

Si no lo has hecho, hazte un buen esquema de por dónde quieres que fluya la novela. En caso de que lo tengas, repásalo para tenerlo siempre presente. Esto impedirá que te plantes delante de una hoja en blanco con ganas de hacerte el harakiri. Además, lee el punto siguiente.

Recrea escenas en tu cabeza

Procura pensar antes en qué vas a escribir. Si de normal este punto es imprescindible para seguir trabajando en esa novela, imagina ahora. Mientras descansas, en vez de maldecir porque alguien con un horno supersónico se lo ha dejado abierto a su máxima potencia, piensa en tus personajes, si encima viven en Siberia, mejor para ti. Recrea las siguientes escenas que tendrás que escribir. Repasa mentalmente el esquema de la novela, ponlos en situación en tu cabeza, visualiza diálogos, gestos y qué hacen. Será un ejercicio relajante y, sobre todo, hará que cuando te sientes delante del ordenador al día siguiente puedas concentrarte al margen del calor o el hartazón que tengas. Tendrás una misión clara y la cumplirás fluyendo.

Echa a patadas a tu yo negativo

Cada vez que tu mente prepara una mascarada para impedir que avances, piensa en que, pase lo que pase, vas a terminar esa novela, porque es tuya, porque has puesto mucho esfuerzo en ella y porque tus personajes se lo merecen. En cuanto la frase: «Esto es una mier…» aparezca en tu cabeza, dale carpetazo y échala de tu mente como si fuera un mosquito tigre. Su picadura es mucho peor que la de este insecto. El lado retorcido de tu mente es más listo que tú, así que como lo que quiere es descansar de una santa vez, olvidarse de ti y dejarse de rollos, te manda señales para que le hagas caso. Obvialo, trabaja, empodérate y sigue adelante. En septiembre te alegrarás de lo que has conseguido.

quiero escribir pero no puedo con mi vida
Qué será hoy… ¿vete a la playa? ¿Vaya personajes mal hechos?… ¡Oh, no! Va a ser: ¡No te va a leer ni el tato!

Descansa

Y, lo último, es una obviedad, pero la necesitas. Descansa, una vez que has cumplido el objetivo diario, date un respiro, vete con tus amigos a pelar la pava a alguna terraza, ponte a leer como si estuvieras en esa tumbona en la que no te has permitido pensar en todo el día y deja tu mente vagar hacia tus personajes, vive con ellos. Piensa que son la mejor compañía para este verano sofocante. Los son. En cuanto tengas la costumbre de recurrir a ellos en los tiempos muertos, te darás cuenta de lo divertido que es y de las ganas que tienes de seguir pensando cómo lo van a hacer para salir de donde los has metido. Por no hablar de las alegrías frescas y calmantes que te dará ese que nació para secundario y en medio de esta ola de calor, espantoso y amodorrado, se ha convertido en una estrella rutilante capaz de quitarte toda la sofoquina con un solo gesto.

Además, puedes leer cómo enfrentarte a una página en blanco o al mal llamado bloqueo del escritor, si sigues este enlace.

Espero que estos consejos sean útiles para ti, si como a mí, la palabra te vacaciones se fue hace rato con la esperanza. Tan contentas, en un coche bien cargado de maletas y con pamelas de flores ondeando al viento.

Escribir con calor
¡Vaya con Esperanza! Mucho que íbamos a pasar el verano juntas y acaba de largarse con el socorrista

¡A por ello! 🙂

Qué leer. 5 Libros asombrosos y cómo los he encontrado

¿Cómo elegir un buen libro? En este artículo te ofrezco las últimas joyas que he leído y cómo las he encontrado. No sería nadie sin mis fuentes de buena lectura.

Elegir un buen libro

Me encanta leer, eso no es un secreto ya para nadie. Leo en todas partes, no importa que el descanso sea corto, que la espera sea pequeña, en mi mano siempre hay un libro y aprovecho todos los huecos que me ofrece la vida para abrirlo. Aunque me paso el día leyendo como editora, cuando termina mi jornada laboral, sigo leyendo para nutrirme, para disfrutar y para relajarme. Así que buscar nuevos libros es el pan de cada día. Cada quince días hago acopio de nuevo material. Tener fuentes fiables es fundamental. De ellas y de las últimas joyas que he encontrado va este post.

Métodos para encontrar un buen libro

Estos son algunos métodos que consiguen volver locas de alegría a mis expectativas. Ahí van.

Oro

Tengo una lista en continua renovación que es oro. Ahí anoto todos los libros que recomiendan determinados prescriptores que tienen un gusto exquisito para leer. Cada vez que cuelgan en sus redes sus lecturas, acaban siendo las mías. Es una sucesión que llena cuadernos, la agenda y el móvil y solo echándole un vistazo, ya salivo. Un método infalible para que no se me escapen las delicias que me nutren.

Las listas de otros

Aunque en muchas de ellas le veo la sábana al fantasma, suelen ayudarme en los momentos de desesperación, leer tanto requiere de mucho alimento. Así que no puedo evitar revisar todas las listas que salen a mi paso. Además, leo entrevistas a escritores, entre otras razones, porque muchas veces recomiendan lecturas.

Acoso y derribo

Otra manera de elegir libros viene precedida por un gran descubrimiento. Cuando encuentro una obra que me apasiona de un autor que no conozco, me froto las manos emocionada.  Busco toda su obra y la devoro. Aunque todos los autores tienen mejores y peores obras, me encanta testar la evolución y sacar conclusiones de por qué unas son tan buenas y otras no lo son tanto.

Lugares sagrados

Otro método que me apasiona (y que hago cada vez menos, por desgracia) es merodear durante horas en una librería. Uff, esto es droga dura para mí. El paseo desde mi casa ya es una anticipación alucinante, voy nerviosa pensando en qué me voy a encontrar, en todo lo que voy a ojear, en las horas de maravilla que me esperan y nada más entrar el tiempo se detiene.

Puedo estar una mañana entera allí o una tarde o todo el día si pudiera. De un lado para otro, sin saber qué elegir y eligiendo hasta que mi tarjeta llora desconsolada en la cartera. Y, luego, mi casa me recibe de morros.

—Eres una inconsciente, no hay sitio para tanto libro —berrea enfadada.

—Calla, gruñona, ya nos apañaremos.

—Ve a la biblioteca, como cuando eras estudiante.

Las bibliotecas son el mejor invento del mundo. He pasado tantas horas entre sus estantes buscando, disfrutando, soñando… La certeza de saber que ese mismo ejemplar ha maravillado a otras personas, me hace sentirme acompañada. Y es que ya solo el olor, me pone. Es un privilegio tenerlas y se merecían una mención muy especial entre mis métodos para encontrar un libro, aunque ya las use poco, para desgracia de mi pequeña y enfadada casa.

A la caza del lector

Como ves, hay variedad. Aunque sinceramente creo que los que eligen son los libros. Hay una especie de conjuro que hace que nos acerquemos a ese que necesitamos. Puede ser casualidad, pero es que a mí me pasa muchas veces. Esa exactitud para encontrar un trocito de ti en un libro es un milagro que solo sucede si estás en el momento preciso.

Por eso, siempre he leído cinco libros a la vez, a cual más diferente en género y estilo. Tal vez esté loca y mi obsesión por exprimir al máximo lo que leo esté haciendo estragos, pero pienso que cada momento de mi vida tiene un libro dedicado. Depende de muchas circunstancias: ánimo, experiencias, proyectos… y, sobre todo, de la historia que guardo dentro y que solo saldrá si alguien me la cuenta.

Cinco libros

De manera que aquí te dejo estos cinco momentos maravillosos:

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Piel de lobo, de Lara Moreno

Este lo encontré de manera sencilla, cuando Lara Moreno saca un libro, lo compro. Así de claro. Es una apuesta segura. Escueta y clara, tiene una técnica depurada y una selección, no solo en las palabras, sino en lo que cuenta que raya la perfección. Es capaz de decir y transmitirlo todo con muy poco y no hay nada que me guste más que eso. Esta novela es fabulosa. Está escrita de manera fluida sin demasiadas pausas, sin marcas de diálogos, sin interrupción formal. Tan bien hecha, tan conseguida que no le sobra ni le falta nada para que esta historia de dos hermanas te llegue casi como por telepatía.

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Tiene que ser aquí, Maggie O`Farrell

Uno de mis descubrimiento más celebrados: Maggie O’Farrell. Y este libro lo descubrí por mi manía, arriba bien relatada, de leer toda la producción de los autores que me apasionan. Así encontré esta joya que para muchos podría ser menor, ya que la trama ronda el amor y las relaciones, pero que es de una exquisitez maravillosa. Si necesitas un libro para evadirte de todo y disfrutar de un universo amable, original, divertido y romántico aunque, aviso, no exento de espinas, este es tu libro. Diferentes voces y una trama que encaja a la perfección plagada de personajes inolvidables.

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El brillo de las luciérnagas, Paul Pen

Increíble la sensación de comenzar esta lectura. El libro lo encontré gracias a la recomendación en redes de una de mis fuentes más veneradas, aunque no recomendaba este libro en concreto, me puse a investigar y me llamó la atención. Cuando comencé me impactó tanto que, a pesar de que la propuesta no es nada fácil, no puedes parar de leer porque es muy buena. Un escenario que es también un personaje más, secretos espeluznantes y diferentes voces narrativas hacen que una trama muy complicada de sostener se mantenga en pie orgullosa (con algún que otro altibajo, no lo voy a negar). No te cuento nada más porque parte del encanto es leerlo a ciegas, nunca mejor dicho. Búscalo, te aseguro que vas a alucinar.

Qué libro leo mejor la ausencia

Mejor la ausencia, Edurne Portela

Otro descubrimiento. Me moría por comenzar a leer algo de esta autora. Ahora estoy en fase acoso y derribo, pero empecé por aquí con ella. Muchos comparan esta novela con un bestseller reciente. Nada que ver, aunque puedan tener escenarios muy parecidos, Edurne Portela pone el foco en los fantasmas cotidianos de Amaia, una niña cuyos ojos serán los del lector. El terrorismo y la guerra sucia para combatirlo están presentes solo como el caldo de cultivo en el que evoluciona el personaje central mientras su entorno se derrumba. Es una historia cotidiana contada desde lo más hondo e íntimo. Portela se ha preocupado de crear una estructura que funciona a la perfección y que te deja en el sitio. Una joya dura e imprescindible.

qué libro leo

Los interesantes, Meg Wolitzer

No sé cómo encontré este libro, creo que buceando en internet, en alguna lista de esas que hacen los periódicos y de las que desconfío bastante, todo hay que decirlo, por eso no me acuerdo. El caso es que comencé a leerlo con serias dudas y me ganó en sus primeras páginas. Es la crónica de la evolución de un grupo de amigos durante cuatro décadas. Un análisis pormenorizado de las diversas, fallidas, ricas, complejas, horribles, odiosas y maravillosas relaciones humanas. Hay de todo bien explicado. Si quieres desconectar, aquí tienes una buena forma de hacerlo. Uno de los hallazgos que más me gustó de este libro es que la autora utiliza la anticipación para crear tensión y misterio. Un recurso complicado que aquí brilla.

Y hasta aquí. Ahora saber qué libro leer te resultará mucho más sencillo y rápido o eso espero.

Si te ha gustado esta selección, aquí te dejo otra.

¡Hasta la semana que viene! 🙂