Yolanda Guerrero. El huracán y la mariposa, su primera novela

Yolanda Guerraro me habla en esta entrevista de su primera novela El huracán y la mariposa (Catedral). Después de más de 30 años ejerciendo de periodista cambia el ruido de la redacción por la soledad del escritor para mostrar un caso tan real, crudo y desconocido, a partes iguales. 

Yolanda Guerraro basa su novela en el trastorno reactivo del apego

Yolanda-Guerrero-perfil Tres voces para contar un drama más cotidiano de lo que pensamos

Yolanda Guerrero me cuenta en esta entrevista por qué decidió escribir su primera novela y qué la impulso a abordar este tema tan difícil. La novela cuenta una adopción fallida a través de tres primeras personas: la niña adoptada y la madre y abuela adoptivas. Una tragedia que lleva a otra y consigue que El huracán y la mariposa sea un título perfecto para expresar esa indefensión  e incapacidad para amar de los niños que sufren ese trastorno y por qué lo sufren.

El huracan y la mariposa es una novela difícil de leer, no porque no esté bien escrita, ni mucho menos. Yolanda Guerrero es una prestigiosa periodista y una lectora avezada, su prosa da fe de ello. La dificultad llega a la hora de plasmar lo que quiere trasmitir que, en ocasiones, resulta tan desgarrador que cuesta asimilar. Ella me cuenta que es la primera vez que trabaja en ficción, aunque no ha querido desligarse de la realidad que todos pisamos para despertar al lector y concienciarlo. Leer El huracán y la mariposa es una experiencia de las que no se olvidan, algunas de sus escenas marcarán un antes y un después en tu mente.

¿Cuéntame qué se va a encontrar el lector cuando abra El huracán y la mariposa?

Se va a encontrar una historia contada a tres voces y si la tengo que definir diría que es una historia de amor con final triste. Es decir, una historia de amor con dolor. Cuenta la historia de tres mujeres que se embarcan en una aventura, dos de ellas involuntariamente, una de ellas voluntariamente, en una aventura de adopción, pero es sale mal porque la niña adoptada, que es uno de los personajes que narra la novela en primera persona tiene un serio trastorno que se conoce como el trastorno reactivo del apego y eso hace imposible la convivencia con su familia adoptiva.

¿Qué te impulsó a escribir un libro así?

Principalmente, ayudar a la gente. ES un problema desconocido, del que no se habla. La sociedad tiende a estigmatizarlo, a juzgarlo sin profundizar y a condenarlo. Sucede cuando se conoce que una familia adoptiva ha tenido que renunciar a la tutela de un hijo porque la convivencia era insostenible. O cuando confiesan que están teniendo problemas con su hijo adoptado. En seguida, tendemos a creer que la culpa es de la familia. Que el padre o la madre adoptivos han hecho algo más o que se han cansado del niño. No es así. Detrás de esto hay muchísimo dolor y hay que contarlo. Hay mucha gente que está sufriendo. Y, sobre todo, lo principal es que están sufriendo los niños. Son ellos los que tienen un problema muy grave. Independientemente, de que después los padres adoptivos también queden destrozados.

El huracán y la mariposa ¿Cómo ha sido tu proceso creativo?

Ha sido muy curioso. Yo soy periodista, he ejercido durante 30 años, pero nunca me había sentado frente a un ordenador en silencio, en soledad. Un periodista rara vez lo consigue. Estaba acostumbrada a escribir en la redacción de El País, de 1.000 metros cuadrados, con 200 personas gritando, trabajando, tecleando y los teléfonos sonando. Eso por un lado. Por otro, el espacio, porque un periodista se pelea por conseguir las últimas 10 líneas de su artículo, porque son las fundamentales y el maquetador no te deja. Ahora he tenido todo el espacio del mundo para expresarme. Pero ha sido bastante duro, puesto que me he puesto a crear una historia ficticia que no ha sucedido, a diferencia de lo que he escrito hasta ahora, y sobre todo una historia tan dura. Tan al límite como la que yo he contado. Es difícil ponerse en la piel de los personajes.

Pero además es que lo abordas de una manera difícil, porque tres primeras personas son complicadas…

Ha sido mucho esfuerzo hasta el punto de a veces tenía que dejar pasar una semana en blanco. Me lo imponía, para limpiar un poco el ambiente. Un poco de catarsis, de poner la mente en blanco durante una semana. Para leer otros libros o ver películas. Hacer algo que me distrajera la mente de lo que acababa de escribir. Es difícil ponerte entre tres personajes diferentes y que parezca que cada uno de ellos está escrito por diferentes personas.

Eso sí, la que más trabajo me ha costado ha sido Camila, la niña. Es más sencillo ponerse en la piel de la madre o de la abuela. Pero ponerte en la piel  de Camila que está a años luz de lo que somos nosotros en occidente, ha sido muy difícil y  doloroso. Y eso que lo he hecho en la ficción, no me quiero imaginar como será en la vida real.

Desde luego, la parte de Camila es realmente dura…

Tenía que ser así, para que el lector comprendiera. Necesito que el lector haga un ejercicio de empatía. No basta con contar la historia desde un punto de vista nada más. Necesito que el lector comprenda lo que cada una de ellas ha hecho y como cada una de ellas se equivoca y se vuelve a levantar cada vez que se cae.

Pero claro, el caso de Camila era muy complicado que el lector se pusiera en su lugar, porque no he conseguido apenas hacerlo yo, que lo estaba escribiendo. Como ella hay muchísimos niños, espero que no haya muchos que hayan pasado por los primeros siete años tan atroces de Camila. Siete años prostituida, violada… quiero creer que no hay muchos así. Pero toda esa rabia de serpiente enjaulada tenía que reflejarla de alguna manera para que el lector pudiera comprenderla también. Lo que no quiero es que el lector se ponga en contra de ella porque es la protagonista de la historia.

¿Cómo te has documentado?

Muchísimo, era fundamental. He preferido tardar más en escribirla. hablar con mucha gente, leer libros, tratar de comprender el problema, intentar ponerme en los zapatos de los personajes. Pero sobre todo, hablar con psicólogos porque sitúo la novela en los primeros años 90.

Entonces, no había psicólogos especializados en este trastorno ni siquiera los había especializados en adopciones internacionales. sobre todo. Quería saber ahora qué me tenían que contar y qué han descubierto hasta ahora. Han avanzado tanto y están tan especializados que hoy las familias adoptivas tienen a quien recurrir. La verdad me alegro mucho porque hay gente muy buena tratando este tema.

¿Qué te ha parecido tu primera experiencia como novelista?

Me ha gustado muchísimo. Ha sido dura y ha sido un tema muy extremo para estrenarse en este mundo, pero solamente el hecho de encerrarme en una habitación en silencio a escribir me ha parecido fantástico. También es cierto que aunque nunca había escrito una novela, soy una lectora ávida. Me encanta leer y siempre soñé con que algún día escribiría una novela, pero necesitaba la calma ambiental para poder hacerlo.

¿Qué te gustaría que pensara el lector cuando acabe de leerla?

Lo que me gustaría que pensara es que hay que ponerse en los zapatos de las otras personas. Aunque el lector no tenga nada que ver con la adopción ni siquiera con la paternidad. Todas las monedas tienen hasta cuatro caras. Todo en la vida puede reinterpretase de otra manera. Y que hay problemas que nos pueden afectar aunque no lo parezca. Siempre podemos tener en nuestra vida a una persona con este trastorno. Es un doble fracaso de la sociedad. Podríamos tener seres en plenitud y están lastrados. Es un doble fracaso, primero, por que ese niño ha tenido que ser adoptado; y, segundo, porque no ha recibido después el apoyo necesario.

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