Con este manual de escritura podrás potenciar tu libro y corregirlo de la manera más orgánica posible. En él te doy algunas claves esenciales para que un libro funcione y sea adictivo.
El objetivo es que el lector quiera quedarse a vivir en él, y para eso hay que tener bien controladas algunas variables.
Qué es escribir un libro
Escribir un libro es un ejercicio de soledad, de selección de escenas y palabras, de proyección de personajes, y un sinfín de variables que hay que ajustar de forma certera para que fluyan y compongan una galaxia de hilos que se entrelazan hasta conseguir esa armonía que atrapa al lector.
Qué quiere el lector
El lector busca emociones, encontrarse en tus páginas y que tus personajes le hagan soñar, pensar, vivir, volar, amar, odiar, sufrir y, si hace falta, hasta morir.
Tres palabras que encierran todos los principios que deberás cumplir si, de verdad, quieres escribir un buen libro.
El objetivo es tener un lector contento. Si son millones, mejor. Pero para eso es necesario buscarlos. ¿Cómo? Haciéndoles disfrutar, introduciéndolos en tu universo, y logrando que no quieran salir de él.
Cómo escribir el mejor libro posible
Parece sencillo, pero no lo es. Además, tienes que tener muy claro hacia dónde vas, porque cada paso requiere esfuerzo. Y para no errar el tiro, debes saber qué quieres y adónde vas.
Y, sobre todo, tener claro que vas a entrar en un mercado muy competitivo. No basta con escribir: hay que hacerlo bien. Para eso, después de terminar tu obra y corregirla hasta la saciedad (en esto te ayudará este manual de escritura), deberás contar con profesionales que te ayuden a mejorarla.
Siempre vas a necesitar profesionales
Ningún manual de escritura —este tampoco— será tan eficaz como un equipo profesional que incluya:
No se trata de elegir entre ellos: los necesitas a todos.
Qué encontrarás al descargar este manual
Una prosa sencilla y honesta en la que te cuento en el espacio más breve posible, cómo puedes escribir, corregir y promocionar ese libro que estás creando.
Sin pretensiones, ni conceptos manidos. Tampoco soy amiga de las palabras en inglés. Me gusta llamar las cosas por su nombre y ser lo más didáctica posible. Creo que utilizar términos fuera de nuestro idioma no es la mejor manera de llegar al publico objetivo.
En este manual de escritura te cuento algunos de los pasos esenciales para que escribir, publicar y promocionar un libro y que sea un trayecto fluido, aunque nunca sea fácil.
Conclusión: por qué descargar esta guía
En definitiva, la idea es que te sea útil en la medida de lo posible. Ningún manual te va a sacar de muchos apuros, pero sí puede ayudarte a ordenar tus ideas, tomar decisiones clave sobre el texto o la trama, o decidirte a buscar a ese profesional que, sin duda, será de más utilidad que este documento.
Lo he escrito con todo el amor del mundo, pero soy realista: no me gustan los fuegos artificiales ni vender humo.
Lo que sí me encantaría es que, después leerlo, lo hayas disfrutado y me cuentes qué te ha parecido. Necesito tu opinión para mejorar. Ya sabes, nunca se sabe demasiado ni se deja de aprender. Así es la vida y, en parte, por eso es tan bella.
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Cómo escribir sobre la vida cotidiana en una novela puede parecer sencillo, pero es uno de los mayores retos para cualquier escritor. ¿Cómo transformar lo ordinario en algo emocionante? ¿Cómo lograr que una historia sin giros espectaculares atrape al lector? En este artículo te comparto cuatro claves narrativas fundamentales para lograrlo: la elección del narrador, el manejo del ritmo, los diálogos realistas y un buen enfoque en cada momento. Si dominas estos elementos, tu historia común puede convertirse en una obra inolvidable.
Cómo escribir sobre la vida cotidiana
Este artículo se centra en revisar cuatro de los puntos fundamentales a tener en cuenta para escribir sobre una vida común. Si se trabajan bien estas variables la historia resonará como si fuera épica. En realidad, no hay nada más adictivo que encontrarse en el libro de otro.
Con estas herramientas veremos que vidas, a veces, aburridas pueden dar un giro inesperado y brutal, aunque no haya pasado nada. Constelaciones familiares que se van cruzando y son capaces de convertir un personaje en un gran protagonista.
Un complicado mapa sentimental que medido y cuidado hasta el extremo consigue una delicia que emociona desde las primeras páginas. El lector se debe sentir reflejado a pesar de no haber vivido nada de lo que se cuenta. Ese es el objetivo. En realidad es el de todos los libros.
Elige el narrador adecuado
Narrador en tercera persona
Uno de los narradores ideales para este cometido es la tercera persona que, aunque objetivo, puede acercarse mucho a los personajes y mostrarle al lector qué siente cada uno de ellos, para poner el foco en aquellos aspectos que se quieren destacar de esa vida cotidiana
Narrador en primera persona
La primera persona también puede ser efectiva, sobre todo si solo tenemos un narrador. En el caso de que queramos abrir el foco para albergar a más habrá que pensar muy bien si estamos dispuestos a trabajar con tantos tonos. Porque los diferentes narradores suelen funcionar muy bien cuando se alternan perspectivas. Esta técnica ayuda a que el lector empatice. Ya que serán dos formas de ver la vida diferentes.
La desventaja de esta alternancia, como ya se ha dicho, es sobre todo para el escritor que tiene que trabajar tantos tonos como narradores haya. Y eso sí que es complicado.
Alternancia de voces
Con todo, el cambio constante de narrador le viene bien a obras que quieren profundizar al máximo en los personajes. Pero si lo importante es la interacción y que el lector sea un espectador lo más objetivo posible, no hay nada como un narrador omnisciente.
Otro punto crucial a la hora de contar la vida cotidiana es trabajar el ritmo. Una vida común puede ser muy aburrida. Es clave calibrar bien qué se cuenta y evitar alargarse en pensamientos y descripciones siempre que no sean cruciales.
Introducir de una manera ordenada las escenas hace que el lector tenga un buen marco para desarrollar la acción y que lea de una manera más fluida. Esto significa que antes de poner a los personajes en acción, debes presentarlos en la situación en la que se encuentren en ese momento. Tanto los personajes, como los objetos que intervienen en ella. Cuánto menos tarde el lector en leerlo y asimilarlo para poder colocarlo de una manera orgánica en su mente, mejor funcionará el ritmo de esa escena.
Por ejemplo, en una escena tenemos a Pepe, Juan y Antonio, que están sentados en una mesa hablando de la vida. Desde el inicio el lector tiene que ver a los tres en esa mesa, sentados y haciendo lo que hagan. Es decir si están comiendo, se dice desde el inicio, para que el lector tenga bien enmarcado el momento.
Es fundamental no dejar ir la imaginación si va a suponer sacar al lector de la esa realidad que quieres plasmar.
Una vez terminada la novela es fundamental revisar todas las escenas para cerciorarse de que el ritmo es orgánico.
—Pues tú dirás lo que quieras, pero creo que estamos teniendo un diálogo de besugos
Diálogos que suenen reales
Además, otra variable clave para saber cómo escribir sobre la vida cotidiana en una novela son los diálogos. Cada personaje debe tener un tono propio (como sucede con los narradores) y que la naturalidad invada cada intervención, teniendo en cuenta que en literatura que algo parezca orgánico es lo menos natural del mundo y requiere un sin fin de horas de trabajo.
Por ejemplo, no es natural que cuando dos personajes se presentan, se incluya el hola repetido o diálogos vacíos que no van a ningún sitio.
Cada diálogo tiene que tener un dato nuevo para el lector, ya que pueden dilatar tanto la acción que acaben con el ritmo.
Otro elemento que ha de estudiarse con mimo es la selección de las escenas: cuándo mostrar y narrar. Una estructura bien determinada y pensada es esencial para que el lector pueda seguir la lectura mientras su mente va fabricando esas composiciones en su cabeza de la manera más fluida posible.
Esta selección es la que hace avanzar la trama. Así, cada escena debe ser nueva, sin repeticiones innecesarias.
Solo se habla de lo que importa
Si, por ejemplo, en una escena tenemos que contar una confesión muy importante, lo único imprescindible en ella son los sujetos que se confiesan y el escenario; en este caso, si la confesión no va a ser a través de una carta, no tiene sentido que abran ninguna. Esto que parece de sentido común, a veces, se olvida,
Es como la escopeta de Chejov, si no vas a utilizar una escopeta no metas en el escenario una. Los elementos que no entran en acción, ni son necesarios para aportar ningún tipo de ambientación o atmósfera, no aparecen.
Cuidado con las cifras
Ocurre lo mismo con los datos que se pueden contabilizar. Es decir, dar un número sobre masas, o colectividades, siempre hace que el lector tienda a contar en su mente.
Si no necesitas ese número en concreto no des ninguno. Siempre es mejor que el lector pueda cuantificar por su cuenta a que se ponga a contar y salga de la escena o, mucho peor, la cifra que des no tenga que ver con la que tiene en su cabeza.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando en el texto ya ha aparecido una colectividad y en un momento determinado se da un número exacto de las unidades que la componen. De inmediato el lector comienza a contar en su cabeza, a buscar dónde ha aparecido esa colectividad, y si esa cifra coincide con la idea que se había formado, no solo los sacamos de la trama, sino que la desvirtuamos a sus ojos. Cifrar suele ser una mala idea.
Por ejemplo, tenemos un ejército y durante todo el texto hablamos de él sin cuantificar. Si no se ha hecho en su primera aparición, es mejor no hacerlo en el resto del texto, porque el lector pondrá la cifra que mejor le venga; y si cuando ya ha leído la mitad del libro, de repente se concreta en un número esa colectividad, diciendo que tiene cien soldados, se desmonta casi con certeza la idea que se haya construido en su cabeza porque seguramente él habrá pensado en otra cifra. Resultado: saldrá de la trama solo para organizar de nuevo todas las escenas en las que haya salido ese ejército.
Conclusión
Saber cómo escribir sobre la vida cotidiana es un arte que exige sensibilidad, técnica y paciencia. No se trata solo de contar lo que pasa, sino de mostrar cómo se vive. Si eliges bien al narrador, manejas el ritmo con precisión, construyes diálogos auténticos y sabes dónde poner el foco, podrás convertir lo más simple en algo profundamente emocionante.
¿Estás escribiendo una novela sobre la vida cotidiana? Cuéntame en los comentarios qué retos estás enfrentando y qué técnicas usas para superarlos.
Herramientas para escribir es lo indispensable para cualquiera que desee juntar unas cuantas letras con un poco de gracia. Aunque si crees que te voy a listar aplicaciones o programas que van a hacerte la vida más fácil para escribir creo que este no va a ser tu sitio, mis recursos tienen más que ver con las aplicaciones de tu cabeza.
¿Qué es un editing? El proceso de edición de un libro es un gran desconocido. Consiste en trabajar la capa más profunda de texto para que todos los elementos que lo sostienen funcionen a la perfección y, por consiguiente, el lector disfrute leyendo.
Qué es un editing
¿Qué es un editing o edición y mejora de un libro? ¿Qué pasos se siguen para llevarlo a cabo?¿Cómo se edita un libro? ¿Para qué sirve el proceso de edición? En este post, te lo explico.
Para empezar es necesario decir que cada editor tiene un proceso personal para trabajar con sus autores. Es decir, no hay una única forma de editar un libro. En mi caso, he confeccionado el proceso en base a mis conocimientos y experiencia. Buscando que sea un proceso enriquecedor no solo para la obra, sino también para el autor.
A lo largo de mi experiencia como editora (ya van casi diez años) he detectado que la inmensa mayoría de los autores albergan serias dudas acerca de qué es la edición de un libro, entendida como su mejora. Las palabras edición y editor tienen muchas acepciones.
Esto genera confusión respecto a este proceso que se debería ver como un paso fundamental antes de publicar un libro, independientemente de si se hace a través de una editorial tradicional o se trata de una autopublicación. (Aquí te cuento la diversidad que encierra la palabra editor).
Un editing o editar un libro es trabajar todos los elementos internos de la obra hasta que funcionen de tal manera que no exista ningún fleco suelto. Es decir, un proceso que asegura el punto exacto que deben alcanzar las diferentes piezas que componen una obra: estructura, tramas, el arco de los personajes, fluidez, contexto, verosimilitud, coherencia, tono, estilo… E infinidad de variables que dependen del género y del tipo de libro en cuestión. Es un paso necesario tanto para las novelas como para los ensayos.
En una novela se trabaja el inicio y el final, la trama o tramas y la estructura, el arco de los personajes, cómo se desarrolla cada una de las escenas, el tiempo y el espacio, los hilos que tejen la historia, el tono y el estilo y/o una infinidad de variables imposibles de prever.
Si hablamos de un ensayo, en un editing se atiende a la estructura o el orden de los contendidos, así como a la manera de armar cada capítulo para que sea lo más orgánico posible y el lector, no solo fluya por las páginas, sino que interiorice a la perfección todo aquello que se le quiere mostrar. También se atiende al tono, tan importante en un ensayo. Así mismo, se trabaja el equilibro del contenido en cada uno de los capítulos. Es decir, cómo se van desgranando los datos prioritarios en cada uno de ellos.
En el proceso de edición se trabajan estos elementos de manera que cuando el libro llega a las manos del lector, al margen de sus gustos o preferencias, esté asegurada la fluidez lectora y la calidad.
Cómo es el proceso de edición de un libro
Dicho lo anterior, es evidente que la edición de un libro es un proceso apasionante. Además de una inmensa responsabilidad.
En mi caso, me encanta surfear por la mente y las historias de otros. Se establece una simbiosis casi mágica entre editor y autor. Un factor esencial para que el proceso salga bien. La sintonía que se debe establecer entre las partes integrantes de esta alquimia debe fluir tanto como el resultado.
Una vez aclarado qué es un editing (si llegados a este punto tienes alguna duda mándame un correo y te la resuelvo), vamos con mi método para editar libros o cómo es el proceso de edición de un libro.
Un editing comienza cuando el autor me envía los dos primeros capítulos de su obra. Aunque pueda parecer una muestra insuficiente, sé por experiencia que con solo eso puedo valorar multitud de elementos. Tendré los datos necesarios (no todos, por supuesto), para analizar hasta qué punto es posible potenciar la obra.
Las dos opciones tras la valoración inicial
Una vez hecho el diagnóstico de esos dos capítulos, mando una valoración justificada de lo que he detectado. Nunca hay un análisis que se parezca a otro, cada obra es única y sus potencialidades y debilidades también lo son.
Sería una impostura decir que clasifico las novelas que diagnóstico en solo dos categorías, pero para que nos entendamos, en términos generales hay dos opciones (que encierran miles de posibilidades, eso sí). Una, considero que la obra necesita más trabajo, pero tiene potencialidades importantes y sería una pena desperdiciarlas. Dos, detecto que va a ser muy difícil que pueda arreglarlo con una edición.
Si he llegado a la primera conclusión, justifico cada punto a destacar y por qué considero que se debe seguir trabajando en la obra. En este caso, cuando sé que puedo ayudar en el proceso dejaré muy claras mis intenciones. Después, hago un presupuesto ajustado a lo que necesita el texto con toda la información pertinente para que el autor pueda tomar una decisión consciente.
Si considero que la obra no está preparada para hacer un editing, las diferentes opciones casi rozan el infinito. A continuación abordo algunas de las más comunes (si es que eso existe en literatura):
Puede ser que el libro esté casi perfecto para publicarse (a veces, solo a veces, pasa) y con un lector cero sea suficiente.
También es posible que el libro necesite mucho más que una edición y sea consciente de que por mucho que trabajemos no vamos a conseguir acabar con una obra redonda.
Otra posibilidad es que la temática no esté dentro de mi espectro o que yo no tenga las herramientas necesarias para mejorarla (nivel Dios, no existe).
Por otro lado, puede suceder que la sintonía que se detecta entre autor y editor no es la adecuada para llevar adelante un proyecto que acabe con unos resultados satisfactorios para ambos.
A veces, es mejor perder un autor (cliente), antes de que él pierda la ilusión, mucho tiempo y también dinero. Y por qué no decirlo, yo tampoco quiero perder todo eso. En todos los casos, pero sobre todo en este, lo que más ayuda es la sinceridad y la honestidad en ambas direcciones.
Reunión estructural
Volvamos al proceso de edición del libro. El primer paso para hacer un buen editing es tener con el autor una reunión estructural de la obra en cuestión. Puede ser de forma presencial o a través de una videoconferencia o, incluso, por teléfono.
Tal y como indica el nombre de este primer paso, antes de comenzar a trabajar en un libro, es fundamental asegurar que la estructura que tiene es la adecuada. Una buena estructura siempre está en función de lo que se quiere contar. En caso de encontrar errores en cómo se han vehiculado los datos prioritarios, se trabaja en una nueva estructura. A continuación te explico cómo es este proceso.
Una vez que el autor acepta el presupuesto, comenzamos el proceso de edición y le envío una batería de preguntas personalizada para que podamos ordenar de la mejor manera posible todos los datos sobre los que se ha desarrollado el libro. Esta guía ayuda a aprovechar el tiempo al máximo en la reunión y poder detectar fallos en la estructura de la obra. Es como la piedra angular sobre la que se asienta un editing.
Además, esta reunión ayuda a testar la sintonía entre autor y editor, ya que es un intercambio de ideas que debe fluir con naturalidad y la máxima atención y cuidado posible.
En definitiva para certificar cuál es la mejor estructura para lo que se quiere contar, se van listando los objetivos a conseguir y comienzo mi inmersión en la cabeza del autor para saber qué quiere transmitir con esa obra.
Después de este encuentro, no solo tendremos la estructura ideal, también si hay algún fallo en el desarrollo de los argumentos, en un ensayo, o agujeros en la trama y errores en los arcos de los personajes, en una novela.
Capítulo a capítulo
Después, comienza el proceso de revisar cada capítulo al detalle. Llega el momento de fluir por la obra, la interacción debe ser constante y el autor debe sentirse satisfecho con las correcciones y explicaciones, con cada una de ellas.
En mi caso, explico todo los cambios que propongo. Es una búsqueda minuciosa sobre el texto, en la que van saltando las alarmas que se han programado en mi cabeza con anterioridad en función de lo que el autor quiere conseguir con la obra.
Cada persona interioriza el proceso de una manera diferente y el editor debe adaptarse a cada obra y autor para que este trayecto no solo sea el de la mejora de un libro, sino el de un aprendizaje.
Así, se va avanzando capítulo a capítulo, hasta ir mejorando cada una de sus partes, transformando aquellos puntos que impiden una lectura fluida y potenciando el funcionamiento de todos los elementos internos que componen la obra. Lo más importante: terminar con un buen libro y que el autor haya mejorado su proceso creativo. (Te dejo aquí un enlace que amplía esta información)
Al final del proceso, el autor debe tener una obra en perfectas condiciones para seguir con el proceso de publicación. La obra debe ser redonda en todos sus mecanismos internos.
Autor cuando recibe la edición del primer capítulo. Un secreto: luego mejora, mucho.
Datos de interés en un proceso de edición
Una vez está claro qué es un editing, es necesario hacer algunas puntualizaciones y aclaraciones que ayudan a clarificar este método.
Justificar cada paso
Es fundamental que el autor encuentre una explicación clara y justificada en cada uno de los cambios propuestos. Siempre. Le servirá para interiorizar mejor las correcciones y así fraguar ese salto cualitativo en su proceso creativo.
El autor siempre tiene la última palabra
Durante todo el proceso de editing, el autor siempre será quien diga la última palabra. El editor debe buscar la manera de que su obra siga siendo suya, sin fisuras, redonda, fluida y de lectura exquisita.
La subjetividad del editor
Otro apunte importante es que un proceso de editing siempre es subjetivo, al margen de las reglas básicas que apuntalan toda buena obra, cada editor aportará su método.
La edición de un libro se basa en la confianza y en la autoridad que el editor sea capaz de desplegar en sus conocimientos y maneras de hacer.
A la hora de elegir el mejor editing, el autor debe sentirse en línea con la forma de trabajar y confiar plenamente en la metodología, en caso contrario, la magia no funciona.
En literatura, las prisas no son buenas
Además de un buen libro, ya sea en la cabeza o escrito, es necesario tener paciencia porque es un proceso que requiere su tiempo. Trabajar en los cimientos de un texto es una gran responsabilidad que implica poner la atención en todos los detalles.
Es necesario analizar cada uno de los elementos que componen el libro para potenciar al máximo aquellos que lo hacen brillar y neutralizar sus debilidades hasta que no se perciban. Este proceso requiere mimo y mucha delicadeza.
Participación activa del autor
El autor no es un mero espectador del proceso, participa en todo momento, para aprovechar esta experiencia al máximo y mejorar su proceso creativo. Revisar las correcciones conforme se van desarrollando le ayuda a mejorar como escritor.
La edición y su precio justo
Y es evidente que todo ese tiempo requerido de un buen profesional tiene que tener una compensación acorde.
El mercado reúne en la actualidad miles de alternativas para corregir y editar un libro. Desde la edición más pormenorizada y profunda hasta la corrección low cost. Siempre que se cumpla lo que se promete será un intercambio justo.
Ser rigurosos y serios en este sentido es básico. Escribir un libro requiere mucho tiempo, editarlo con profesionalidad también.
Una edición no es una corrección ortográfica y de estilo
Antes de terminar, no puedo dejar de señalar que una edición nunca es una corrección ortográfica o de estilo. El mismo profesional no puede hacer una edición y además corregir la obra a esos dos niveles. Es imposible. No es posible estar pendiente de cómo funciona la capa más profunda del texto y al mismo tiempo corregir acentos.
Hacer una buena edición implica una inmersión en la obra tan profunda como la del autor, de manera que eso invalida al editor para testar otras capas del texto.
En consecuencia, un editor profesional nunca te ofrecerá las tres correcciones al mismo tiempo y ni siquiera en diferentes tiempos. Son procesos independientes que requieren diferentes niveles de profundidad y, por lo tanto, profesionales distintos.
Lectores celebrando que han dado con un libro bien editado
Conclusiones
Es básico respetar la obra y al autor, mimarlos y, en última instancia, aunque suene algo utópico, se trata de calidad. Preocuparse por que cada obra que se publique sea un producto trabajado.
Muchos autores se escudan en que editar es matar su creatividad, sin darse cuenta de que editar es crear, es abrillantar, es pulir. Es hacer que tu obra sea más tuya que nunca. Un paso fundamental que entra dentro del proceso de creación y que asegura lectores satisfechos.
No se puede pedir que aumenten los lectores o que se tenga una buena imagen de la autopublicación, si el propio autor no se preocupa de que su obra sea la mejor expresión de sí misma. Es inevitable que algunos géneros acaben en lugares poco ventilados, si a muchos de sus integrantes les importa un bledo la calidad de lo que ofrecen a sus lectores.
La intención del post no es convencerte para que trabajes conmigo (que también, faltaría más), pretendo ir un paso más allá. Mi intención es el largo plazo. Dignificar la literatura y su mercado.
Es delicioso encontrar obras que alimentan. Como lectora compulsiva, no hay nada mejor que dar con un libro que cumple con las expectativas que promete. Eso es lo que ofrezco a mis autores.
El espacio narrativo, o también llamado ambiente, es aquel en el que viven tus personajes, donde tienen lugar las escenas del libro, ya sea a nivel externo o interno. En este post vamos a revisar los diferentes ejemplos de espacio narrativo y algunas claves para manejar con soltura este aspecto clave en una novela.
Cómo planificar una novela. Todas necesitan un mínimo de planificación y la clave está en saber cómo hacerlo de una manera eficiente y sin que te complique demasiado la vida. Sé que las palabra planificación levanta sarpullidos en las pieles finas, pero es lo que hay. Lo siento.
Cómo se planifica una novela
Vamos a comenzar por aquí. Si me sigues habitualmente, esto no te va a venir de nuevas. Es básico planificar tu novela. Da igual el género que tenga. Ya sé que hay mucha gente que dice que es de brújula y que cuando le hablas de planificar se echa las manos a la cabeza, pero es más que aconsejable, sobre todo, para todos aquellos que comiencen en este mundo pedregoso de la creación literaria.
Este tema es tan importante para escribir bien que rehago este post cada cierto tiempo para ir añadiéndole más información y mejorándolo. Es fundamental hacer un esquema aunque sea mental de tu novela antes de ponerte a escribir. Esencial.
Por qué planificar una novela
Que tu mente tenga la capacidad de viajar sola, sin mapas, no significa que al lector le guste ese viaje. Piensa que en una novela, en cada capítulo, estás recogiendo hilos que vas dejando y tejiendo. Es una recapitulación infinita sin poder repetir ni una coma.
No planificar implica que se te escapen determinados detalles y que no seas capaz de recoger alguno de esos infinitos hilos, porque nuestra mente cuando trabajamos en una historia, que ha creado ella misma, se relaja y a veces no es todo lo eficiente que desearíamos. Por eso, de hecho, no podemos corregir nuestros propios textos.
Escribir es seleccionar las palabras exactas para recrear las distintas escenas que vas a necesitar, si no se planifica ni un mínimo, es muy complicado hacer una buena elección. Ya sé que hay escritores que no planifican, como Stephen King o Juan José Millás por poner dos muy distintos. No es un argumento válido. Arriesgarse solo por eso creo que no merece la pena. ¿No crees?
Si quieres que tus personajes tengan entidad y tus escenas coherencia interna y externa debes recoger todos esos matices y hacer un todo continuo. La vida lo hace de maravilla y ella no tiene esquema previo, pero nosotros no somos dioses; por eso, para emular la vida, una escena cotidiana, la que sea, necesitamos tener muy claro por dónde vamos.
Cuando vas con brújula, en muchas ocasiones, tú piensas que estás recogiendo toda esa información para hacer avanzar la trama, pero lo que en realidad haces es repetir datos y dar palos de ciego porque no tienes claro ni de dónde vienes ni a dónde vas.
Además, para más inri: si no tienes claro qué tienes que plasmar en esa novela, cómo vas a priorizar los datos, cómo sabes qué es lo primero que tienes que contar de esos personajes y de esa historia para que el lector quiera vivirla. Y no solo eso, para que lo haga de la mejor manera posible.
Ahora que tienes más que suficientes motivos para ir buscando un mapa, me voy a centrar en los factores que determinan la estructura a elegir.
Claves
La estructura de la novela es su esqueleto. A partir de ahí se va construyendo la historia, a base de capas, la última será la ortográfica. En medio, un sinfín de matices a cuidar para que el resultado sea redondo.
El esquema de la novela debe contener las grandes líneas de la historia y también puede detenerse en más detalles. Dependiendo de lo que quieras profundizar en los temas que trate y en los personajes que la pueblen. Lo ideal es que ese resumen inicial recorra los pasos a seguir de principio a fin.
Lo primero es plantearse qué se quiere contar. Dónde están los momentos más álgidos de esa historia. Esos son los que debe reflejar esa escaleta.
Ese armazón debe contener la esencia de la novela, qué objetivos tiene cada uno de los personajes, qué les va a suceder para conseguirlos o no, todos los condicionantes, las decisiones, los problemas y peligros. Al menos, los más importantes.
La creatividad surge de la planificación
Cuanto más completo sea el esquema de tu novela, mejor. Entre otras cosas porque conforme vayas escribiendo, tu cerebro recibirá diariamente órdenes exactas que irán en función del hilo de la historia. Proyectarás toda tu creatividad en hacer esas escenas lo más redondas posible y el arco de tus personajes evolucionará de manera coherente.
Es decir, si yo sé que mañana tengo que escribir x escenas, en las horas que tengo entre escritura y escritura, mi cabeza se pondrá a ello para pensar solo en eso; no se despistará o se le ocurrirá empezar la casa por el tejado. Si la dejamos vagar, se le van a ocurrir ideas que luego van a tener un encaje complicado en la novela.
Por qué, sencillo. Si tienes un bosquejo, aunque sea mental, de cómo se va a desarrollar la historia, tu mente podrá pensar con más claridad, será capaz de sacarle mucho más jugo a todo aquello que ya le has enseñado y buscará la forma de encontrar hilos que lo recorran todo con genialidad.
Es conveniente dejar de creer en el mito de que planificar la novela matará su creatividad. Solo sirve como excusa para procrastinar. Si trabajas antes de ponerte a escribir la creatividad fluirá, seguro.
Nadie es capaz de ser creativo sin conocer las bases sobre las que crea. A ver si te piensas que Einstein se levantó una mañana y se le ocurrió la teoría de la relatividad así por las buenas, porque era muy creativo. Eso es el fruto de hacer mucho trabajo previo, de sentar bases, de estudiar, de formarse, de experimentar. Sin cimientos no vas a descubrir tu teoría de la relatividad, vas a marearte y a marear a tus lectores de paso.
Y como mínimo, es primordial saber cuál será el final de la historia. Aunque solo sea eso, ya es un paso enorme y muy aventajado sobre los que no tienen mapa.
Un experto suele adivinar si el autor es de mapa o de brújula con solo leer un primer capítulo, se nota. Estoy harta de leer inicios sin pies ni cabeza. Y cuando pregunto por la planificación se oye el cantar de los grillos. Casi nunca falla.
—¿Ya ha vuelto a decir la tontería de lo de ir como pollo sin cabeza? —No te pongas gallito, Paco, déjala que esta vez no se ha metido con nosotros.
Cimientos de una novela
Hay infinitas formas de contar una historia, debes encontrar la mejor manera de contar la tuya. Tal y como decía Miguel Ángel, debes ver dentro de esa mole de mármol la escultura que debes pulir.
La mente del lector y cómo va a vivir la historia es fundamental para elegir esa forma de contarla: qué parte de la vida de los protagonistas es la ideal para enamorar al lector. Y, más importante aún, qué datos harán que sitúe todas las escenas en su cabeza con lo mínimo posible. Ahí está la clave y la única justificación para variar el orden temporal de los hechos que se cuentan.
Sigue la línea del tiempo
Y es que, aunque decidas que tu historia se contará mejor cambiando la línea del tiempo, lo que está claro es que como mínimo debes tener una previa en clave temporal, para que tu cabeza tenga claros esos parámetros y luego cuando escribas sea mucho más sencillo situarlo todo.
Una vez la tengas, si piensas que tu novela debe comenzar por algún punto que no coincide con el inicio, tendrás una base sólida para hacerlo, sin perderte nada.
Aun así, la línea temporal manda, todo hay que contarlo bajo esa premisa, por eso es fundamental situar a los personajes en el tiempo en todo momento. De hecho, si no encuentras la manera de contar lo que tienes en la cabeza, lo más eficaz es contarlo de manera cronológica.
En consecuencia, si tienes una idea previa aunque sea nimia de los tiempos, será mucho más sencillo distribuir el resto y colocar las piezas para que todo encaje.
El narrador es determinante
Otro punto crucial para planificar es atender al narrador. Es muy importante definir el narrador al mismo tiempo que se bosqueja la novela. Ya que la voz o las voces que van a contar la historia también la determinan.
No es lo mismo una novela en primera persona que en tercera, ni con varios narradores o con uno. Eso también tendrás que tenerlo en cuenta a la hora de planificar.
En caso de tener, por ejemplo, varios narradores que han vivido lo mismo, es fundamental tener claro qué cuenta quién en función de su papel en esos hechos. Así no repetirás datos y cada intervención será un avance en la trama.
De hecho, hay novelas cuya trama central está basada exclusivamente en su narrador, digamos que lo único importante es lo que le pasa a él. Sucede, por ejemplo, en algunas novelas escritas en primera persona. En estos casos estructura y narrador son lo mismo. Aunque eso no te exime de hacer el esquema con los puntos álgidos de tu historia.
Cada historia tiene su planteamiento
En el caso de que pienses que el lector va a introducirse, comprender y disfrutar más y mejor de la historia cambiando el orden de los acontecimientos, sopesa las diferentes formas de contarla y elige. Aquí te dejo algunas de las estructuras no lineales más comunes:
Circular
Paralela
Convergente
In media res
Invertida
Vanguardista o inestructurada
Cuidado con esta última, se supone que no tiene estructura, pero en estos casos, el autor se tiene que emplear a fondo porque para que una novela así funcione (en la que los tiempos y los espacios se mezclan sin transiciones aparentes), hay que estudiar ingeniería antes. Aviso.
Empeñarte en que tu historia tenga una estructura determinada, para lucimiento, como experimento o porque piensas que tus lectores van a pensar que sabes escribir mejor, es un error enorme. Cada historia tiene un esqueleto o varios desde los que se puede contar mejor y esa es la única regla que debes atender a la hora de hacer su esquema.
Si te empeñas en contar tu historia de otra forma a cómo debería desarrollarse orgánicamente, tu escritura no fluirá y, lo que es peor, el lector no la recibirá tal y como tú la tienes en la cabeza, lo que conlleva que no le va a gustar tanto como piensas. Las filigranas en este sentido suelen salir caras.
Aquí, una vez más, se demuestra que se debe escribir con las tripas, pero con la cabeza bien atenta a todo lo que se escribe para racionalizar y poner en su sitio cada elemento.
Lectores celebrando que has planificado tu novela
Conclusiones
Escribir una novela es algo que requiere un mimo exquisito.
La calidad de una novela no está en la estructura que elijas. Lo importante es contar bien la historia y emocionar al lector con ella. Tus recursos brillarán si dominas la técnica que utilizas.
Si te esfuerzas por meter una historia en un armazón que no es el suyo, lo más probable es que estallen las costuras o te venga grande el proyecto. Es igual de peligroso que no hacer ningún mapa antes.
Planifica, cuida cada detalle, no repitas nunca nada y busca la manera de enamorar al lector sin apabullarlo.
El orden cronológico manda, aunque la novela no sea lineal en el tiempo.
Espero que te haya quedado claro cómo hacerlo, en caso contrario, cuéntamelo.
La novela protesta conjuga el entretenimiento y la denuncia de una situación injusta, o directamente terrorífica. La clave está en pensar qué peso tiene cada uno de los objetivos que llevan a escribirla. El primero debe ser el de entretener y eso nunca es sencillo en este tipo de novela. Leer más
Diferentes estructuras para una novela que puedes utilizar en la tuya. Este es el tema central del artículo, aunque lo principal, como siempre, es tener una buena historia.
Tipos de estructura para una novela
Antes de comenzar a desgranar algunas de las infinitas formas de contar una historia es importante centrarse en lo esencial: la tuya debe encajar dentro de lo que elijas.
Es decir, primero tienes que estudiar qué quieres contar y luego dejar que fluya en la estructura que mejor se adapte y no al revés.
No se trata de elegir una estructura y que luego la historia tenga que entrar, sí o sí, en las pautas ya articuladas. La idea es que tengas un bagaje amplio respecto a las diferentes maneras que existen de contar una historia y lo puedas utilizar para contar lo que necesitas.
En este sentido, puedes utilizar una sola de estas estructuras o mezclar cuántas necesites. Lo importante no es que embutir tu historia en una, sino encontrar la o las que mejor se adapten a lo que tienes que contar.
Una vez que queda clara esta premisa, vamos allá con los grandes bloques estructurales. Estos cinco encierran infinitos y en todos lo primero que hay que saber es qué determina la historia.
Estructura en actos
Estructura clásica en actos: este tipo de estructura se basa en una línea de tiempo lógica y en diferentes puntos de giro que marcan cada uno de los actos. Estos puntos hacen que la historia se convierta en otra cosa en cada uno de ellos. Bien puede ser un descubrimiento o una decisión del personaje (o personajes), lo que sea marcará el resto de la trama. Cualquier detonante que haga que todos, también el lector, se tengan que replantearse parte o toda la historia.
En general, esta estructura funciona para casi todas las historias, porque la simple vida de una persona tiene momentos en los que todo cambia y hay que buscar nuevas soluciones, así que es una buena estructura para una biografía, por ejemplo.
Cajas chinas
Estructura marco o una historia dentro de otra. También llamada de cajas chinas. En este caso tenemos una trama que hace de paraguas para el resto de las que vamos a desarrollar.
Este tipo de estructura funciona muy bien cuando tenemos varios protagonistas y queremos que se tome en cuenta todo lo que tienen que contar esos personajes sin priorizar unos sobre otros. En este caso, se desarrolla una historia detrás de otra, con una extensión parecida y en el orden que dicte el hilo conductor de todas.
Otra forma de hacerlo es contar una dentro de otra, repitiendo esta fórmula tantas veces como necesites (sin pasarte). En este caso, hay que tener mucho cuidado con la fluidez y con que el lector no se pierda. Por otro lado, es muy importante que la historia que las contiene a todas tenga esa capacidad.
En el fondo, todo depende de lo que hay que contar y qué necesitas para contarlo.
—Llámame loca, pero no sé en qué historia estoy
Estructura de personaje
La estructura viene determinada por los personajes. Lo importante es lo que tengan que contar ellos. Por ejemplo, en las novelas que contienen una o varias primeras personas que desgranan los pensamientos, sentimientos y las vivencias de ese o esos personajes. Y para hacerlo podemos usar desde el monólogo interior a los diálogos, pasando por el estilo directo, indirecto o indirecto libre.
Dentro de esta variable hay otra en la que lo fundamental es el punto de vista de esos personajes. La historia total aparece al sobreponer las diferentes versiones. Suele hacerse con diferentes narradores en primera persona, pero también se puede utilizar con un narrador en tercera, en caso de que no se requiera demasiada intimidad.
Saltos en el tiempo
Si lo que determina tu historia es la línea de tiempo, puedes pensar en trabajarla con flashback o flashforwards; dependiendo de si quieres saltar al pasado o al futuro.
Al respecto de las diferentes estructuras para una novela en este sentido, también se puede contar con estructuras paralelas: el pasado y el presente (o el presente y el futuro) se desarrollan en tramas paralelas que luego confluyen o no, dependiendo de lo que se quiera contar.
Otra forma de hacerlo es con incursiones más pequeñas en la trama principal para viajar al pasado o al futuro.
Por ejemplo, con una anticipación breve (prolepsis) puedes colocar al lector en el futuro y darle una pista de por dónde van a ir los hilos de la historia. Este recurso es maravilloso para crear tensión e intriga y que el lector viva los puntos de giro con más intensidad.
En realidad puedes cortar o superponer la línea de tiempo a tu antojo siempre que todo fluya y no se produzcan saltos abruptos que saquen al lector de la historia.
Puzles
Para terminar, hay diferentes estructuras puzle. Puedes comenzar por el final de la historia e ir contando qué ha ido sucediendo para llegar a ese punto o aquella que viene determinada por el intercambio de narradores, o un solo narrador. En forma de carta, correo electrónico, mensajes…, como es el caso de la novela epistolar.
También nos encontramos con la estructura paralela, en la que dos historias que se desarrollan de manera contemporánea se van desgranando paralelamente y pueden unirse en algún punto o no, dependiendo de lo que se quiera contar y cómo quiera contarse.
Y por último, que no la última porque hay muchas más, os dejo la más complicada bajo mi punto de vista que es aquella en la que no hay narrador. El autor se hace valer de artículos, documentos varios o fuentes externas para ir componiendo una visión que exige gran participación por parte del lector. Es una apuesta muy arriesgada precisamente por eso.
Lector después de cerrar una mala novela puzle sin narrador
Diferentes estructuras para una novela: conclusión
Es fundamental tener en cuenta que la estructura de una novela es algo muy serio, pero no porque sea determinante que utilices una u otra en sí, sino porque es importante saber cómo hay que armar el contenido.
Sabrás qué estructura es la ideal una vez tengas claro dónde tienes que colocar los datos prioritarios para generar aquello que necesitas: ritmo, tensión, transmitir un mensaje determinado, exponer una situación o mostrar sentimientos.
Dependiendo de este objetivo, deberás buscar la forma de darle protagonismo a un elemento u otro de los que forman una novela ( personajes, narrador, escenas, estilo, hilo conductor o tono, por nombrar los más importantes).
La estructura sirve para transmitir aquello que llevas dentro con la mayor fidelidad posible.
La tristeza de los ángeles (Salamandra) es la segunda entrega de la Trilogía del muchacho de Jón Kalman Stenfánsson y uno de los clásicos de esta época, sin duda. Comencé la saga por esta novela, a ciegas, y conforme iba adentrándome en sus profundidades heladas el asombro iba en aumento.
La tristeza de los ángeles, una novela luminosa
Aún no he abordado la primera parte ni la tercera, pero solo con esta novela sé que no me equivoco al asegurar que es una joya de la literatura de nuestro tiempo, no solo por su estructura, repleta de descripciones que podrían ser un pozo sin fondo, pero que en esta pluma se convierten en una aventura colosal. También porque en ella se encuentran personajes que no necesitan tener un nombre, como el protagonista de toda la trilogía, para conseguir que vivas dentro de ellos.
Grades hallazgos
En su lectura se necesita un lápiz bien afilado porque no paras de subrayar frases y momentos mágicos que te trasladan a la inmensidad islandesa y a la de tu propio corazón.
Algunas como estas:
«Los caballos piensan mucho, son los filósofos del reino animal».
«La sorpresa y lo inesperado son fuerzas físicas que remueven el aire y crean electricidad en la vida…»
«… cuando el dolor invade sus vidas, y es cierto, las palabras no son más que piedras inertes, trapos viejos y raídos. Y también pueden ser malas hierbas, venenosas y dañinas, madera podrida que ni siquiera sería capaz de soportar el peso de una hormiga, mucho menos una vida humana. Sin embargo, las palabras son una de las pocas cosas que tenemos a mano cuando todo parece habernos traicionado. Tenlo en cuenta. Y tampoco olvides nunca algo que nadie entiende: que las palabras más insignificantes y las más inimaginables pueden, de un modo inesperado, soportar un peso enorme y alentar la vida para salvarla de los precipicios más vertiginosos».
«No se dice ni una palabra (…) sobre lo que a veces sucede entre dos seres humanos, invisible pero más fuerte que todos los imperios, más fuerte que todas las religiones y tan bello como el cielo, ni sobre las lágrimas, que son pececillos transparentes, ni sobre las palabras que le susurramos a Dios o a esa persona que nos importa más que nadie…»
«Los dedos rara vez se aburren».
«El espacio que separa la vida y la muerte es tan pequeño que cabe en una sola palabra».
«… dijo el hombre que más que hablar parecía disparar un fusil; pues algunas palabras son como balas y algunas personas como fusiles».
El libro está plagado de hallazgos que te tocan y te descubren.
Texto fluido
Una de las características que me ha fascinado de la lectura es el uso de los diálogos libres, todo es texto corrido. La narración se mezcla con la voz de los personajes y sus acotaciones sin ninguna marca que lo indique (hay grandes maestros de este tipo de narración, acabo de leerme La ciudad, de Lara Moreno, que merecerá una reseña aparte).
Es una forma de narrar difícil de conseguir, pero cuando se hace bien es un placer entenderlo todo a la perfección, sin que nada interrumpa tu lectura.
Este tipo de diálogos ayuda a que el lector se adentre mucho más profundo en los personajes, ya que los vive tal y como asiste a una conversación en su vida real, en la que nadie abre guiones cuando habla.
La naturalidad se impone, haciendo que fluyas por el libro con una ligereza que acaba siendo un punto más para afirmar la maestría del autor.
Asaltos de ternura
Otro de los puntos fuertes de La tristeza de los ángeles es la forma tan descarnada de presentar algunas escenas, sorprende que entre tanta nieve y hielo, los personajes se mantengan latentes y cálidos, mostrando su yo más recóndito, aunque no quieran.
El humor siempre presente
También es tremenda la capacidad para el humor que tiene la narración, hay escenas que, aunque están revestidas de una gravedad a vida o muerte, consiguen llevarte hasta la carcajada de una manera gloriosa (si la has leído seguro que estás pensando en esos cuarenta ojos que miran atónitos a dos extraños que acaban de entrar en un refugio para animales. Y ya no hago más spoiler, hay que leerla).
Las acotaciones son fundamentales cuando se escriben diálogos. Entre otras razones, porque aportan vida al texto. En ellas se encuentran los matices y gestos que ayudan a que la escena sea más orgánica. Además, intervienen de manera determinante en la percepción del lector sobre la novela. Leer más
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